—¡Ay! —exclamó al despertar—. ¿Qué hora es? —preguntó sintiéndose desorientada.
No había planificado amanecer allí, pero la sorpresa que Jack le dio la obligó a mantenerse más tiempo del esperado.
—Debo irme —dijo poniéndose de pie con una prisa que preocupó a un Jack enamorado.
—No tienes necesidad de correr, apenas son las siete de la mañana, creo que hay tiempo para desayunar —le dijo él con voz enamorado, lo que le chocaba a DInna, odia las meloserias en las relaciones, no es lo suyo.
Hacía años que había dejado de creer en el efecto de esa estrategía, en ella ya no surtían efecto alguno, pero en esa ocasión le tocaba fingir que la tenía atrapada.
—Baby debo irme, nos veremos nuevamente —le dijo ella acercándose para besarlo tímidamente en los labios.
No imaginaba Dinna que de verdad había despertado a una cadáver como él le dijo pues cuando lo besó no solo él le dejó ver que no estaba conforme con ese simple beso porque hizo presión su boca al tomar su cabeza y obligarla a profundizar en el beso sino que llevó la palma de su manoa su centro y la restregó de forma tal que le hizo recordar que allí era donde él quería ver asentado ese amor. No le quedó más opción que dejarse hacer, abrir las piernas y dejarse llevar por la caricia tosca que él comenzó a darle. Parecía que Jack no encontraba saciedad en todo lo que habían hecho la noche anterior, y lo entendía, porque pareció que ella era la primera mujer que realmente tenía en su vida.
—Ábrete para mí —le pidió intentando parecer un hombre posesivo. Dinna se sonrió con malicia. No por sentirse complacida sino porque le dio pena ajena ver el esfuerzo que Jack estaba haciendo para verse muy macho.
Accedió a su petición y adoptando pose de mujer de calle abrió su piernas de tal forma que lo enloqueció. Era demasiado para un ser que nunca en la vida había tenido nada de eso. Solo hilos telas, un lápiz y lienzo era lo que acostumbraba a tocar.
Que ese lienzo fuera la piel lozana y caliente de una mujer, de una gran mujer, era un logro que difícilmente él estaba dispuesto a desaprovechar, y menos si ella se mostraba tan complacida con cada uan de su caricias.
Por primera vez en su vida adulta Jack estaba siendo realmente feliz, y esa felicidad se la debe a ella, Dinna, una mujer que bien pudiera ver a cualquier hombre y en cambio estaba ahí debajo de su cuerpo, permitiéndose ser adorarada por él como nunca anteslo había hehco con otra mujer.
Le fue tan difícil dejarla ir que no la besó sino hasta que elal le obligó a cerrar la puerta de su casa, totalmente desnudo la despidió, y con una erección que tuvo que bajar a fuerza de agau fria. Era impresionante el deseo que esa mujer despertó en él, así como de inmensa fue la felicidad con la que salió esa mañana de su casa directo a la casa de modas.
—Licenciado —su asistente ingresó a su oficina apenas él llegó—. Buenos días.
—Buenos días, ¿alguna novedad? —preguntó aun a sabiendas de que era evidente que debían haber novedades pendientes, pues él se desapareció desde el mediodía del día anterior sin avisar que no regresaría.
—Aquí tiene su café, y en la esquina del escritorio hay unas formas que debe firmar y unos contratos a los proveedores que debieron salir ayer en la tarde para preparar el pedido de la próxima colección —le explicó la mujer con rapidez—. El licenciado Frangelico desde ayer en al tarde anda buscando, dijo que lo llamó a su móvil en varias oportunidades y no obtuvo respuesta, lo que me llevó a llamarlo y nosotros tampoco logramos contactarlo, creo que también olvidó que tenía una reunión ayer con los diseñadores para finiquitar los diseños de la colección, el licenciado anda alterado por ese retraso.
—Me tomo el café y subo a hablar con él, prepara las formas para firmarlas apenas baje y llama a los diseñadores y pideles que bajen en una hora para reunirnos aquí mismo —resolvió sin mayor alteración.
Se sentía diferente y porque era feliz no iba a dejar que nada perturbara la paz que están sintiendo en su ser. Dinna estaba haciendo milagros en su vida, y por ese milagro está dispuesto a pasar por el mundo como si los problemas no existieran.
—Está bien, licenciado —le contestó la mujer extrañada.
No es que Jack fuera como Frangelico, histérico, nervioso, al contrario, era tan callado, tan retraído que no dejaba ver ningún tipo de emoción. En esa ocasión si bien se mostró pasivo, de su ser se desprendía esa felicidad que estaba viviendo, irradiaba una luz diferente y eso confundió a la mujer, pero era incapaz de preguntarle si le sucedía algo.
Diez minutos después, Jack ingresó a la oficina de Frangelico sin tocar la puerta, ya se le estaba haciendo costumbre ingresar al lugar sin ser anunciado. A Frangelico le convenía no poner tanta formalidad con él porque era la cabeza pensante, la mente maestra de la casa de modas, limitarlo era retrasar el trabajo y eso era un lujo que él no se podía permitir teniendo a al competencia tan de cerca y con recursos humanos tan brillantes como lo es Jack.
—¿Puedo saber dónde carajos estabas metido? —lo regañó Frangelico al verlo ingresar en total tranquilidad—. Tenias ayer una reunión importante y ni avisa que no volverías. El trabajo debe ser importante para ti, no acepto que lo descuides por nada. Supongo que no estabas enfermo ni te sucedió algún accidente porque te noto más relajado que días atrás.
—Se me presentó algo importante y no pude venir —le respondió en total relajación—. Igual nunca falto, que lo haga por un mediodía no es el fin del mundo —agregó en tranquilidad.
—Pero avisa para no quedar como idiotas esperando por ti —le dijo con amargura al no poder reclamarle porque en realidad tenía razón, Jack nunca faltaba y el trabajo siempre, con él, estaba al día.
—¿Qué querías de mí? —le inquirió mirándolo desde arriba, ni se ha molestado en tomar asiento porque no tiene pensado permanecer por mucho rato allí—. Loreany me dijo que estabas ansioso buscándome.
—Estoy preocupado porque la desgraciada dueña de la competencia anda buscando formas de destrozarnos en el próximo desfile, no se lo voy a permitir, primero me muero a dejarle el lugar de Casa Mundi —comentó Frangelico dejando ver la ira y el odio que siente por esa mujer.
No le dio importancia porque a fin de cuentas Frangelico lleva tiempo alimentando un odio que en nada le afecta ni le afectará porque él solo es un empleado más de la casa de modas.
—Me voy, tengo trabajo pendiente —anunció decidido a dejarlo ahogarse con el veneno que suele dejar salir cuando comienza a hablar de esa mujer.
—No salgas de la empresa por nada del mundo el día de hoy, quiero sobre el escritorio a las seis de la tarde los diseños de los profesionales corregidos y terminados —le pidió tajante.
JAck si bien asintió en un movimiento de cabeza no se molestó en volverse a mirar, metió la mano en bolsillo de su pantalón cuandos sintió la vibración de su teléfono móvil y al ver en la pantalla que era un mensaje de Inna se apresuró a abrirlo sin haber abandonado la oficina de Frangelico. Quedó impactado cuando al abrirlo descubrió que ella lo que le había enviado era una foto suya de cuerpo entero totalmente desnuda y en una pose provocadora. Como para no dejarlo pensar en nada más todo el día que no fuera en su cuerpo y en todo lo que le provocaba continuar haciéndole.
Se las juega bien sucio, Dinna sampai donde darle para paralizarlo y su intención era que el ralentizará el trabajo. No le convenía que él culminara la colección que lo pondría en ventaja respecto a su casa de modas en el próximo desfile.
—Jack, ¿qué te pasa muchacho? —le gritó Frangelixco trayéndolo al presente.
Sacudió el cuerpo al sentir una oleada de calor subirse por su entrepierna, carraspeó su garganta. —Nada —le dijo sin voltearse a mirarlo—. Nos vemos más tarde.
Con pria pasó en frente de la secretaría de Frangelico y bajó hasta el segundo nivel donde estaban los baños públicos para asegurarse que la erección que comenzaba a despertarse gracias a la fotografía que Dinna le envió no fuera evidente, sentiría vergüenza si se daban cuenta de esta nueva etapa en su vida.
Sintió nuevamente la vibración de su móvil y lo sacó, era otro mensaje de ella, esa vez uno escrito pero tan cargado de sensualidad como la imagen.
Dinna:
9:50 am.
Ahí te dejo un poco de mí para que me recuerdes todo el día, no hago sino tocarme constantemente pensando en ti, me dejaste ansiosa.
Estando en su departamento preparándose para ir a su casa de modas Dinna se sonreía con malicia al imaginar los efectos de su juego bien planificado, al ver de lejos el sufrimiento por el que debía estar pasando el pobre idiota de Jack creyendo en una historia de amor que tenía fecha de caducidad.