Una verdad grotesca

2725 Words
Esa confesión tan incómoda para Jack y conveniente para Dinna, logró el resultado que Dinna estaba buscando. No lo planificó, la situación se dio sola, momentáneamente tuvo la intención de provocarlo, pero no al punto de terminar cediendo ella también. Logró despertar la curiosidad y el instinto hacía ella, terminó provocando más que eso, sabiendo que era caer en una provocación mayor, dejó sembrada en él la duda de la existencia de un sentimiento. Ella sabía que las personas débiles son dependientes de la idea de un amor romántico, ella no cree en eso, está curada de ese mal. Comprobó que Jack apenas comenzaba a pisar sobre ese terreno tan inestable, él sí parecía dispuesto a dejarse llevar, inconscientemente demostró disponibilidad no solo de desnudar el alma y el corazón con un solo sentir, el desgraciado quedó tan impactado ante esa confesión que no reaccionó de inmediato, otro hombre en su lugar se hubiera burlado en su rostro, se hubiera alejado y mínimo hubiere terminado gritandole cuán mentirosa pudiera ser. Jack no reconoció la mentira, debió percibirla pues hasta aroma de seducción llevaba implícito. Al contrario, como un niño emocionado con el primer amor, le permitió a ella ver su inseguridad. Terminó dejándole ver el efecto que una simple palabra bonita y en piel desnuda puede causar en un ser tan débil. Ella, en cambio, pese a la necesidad que tenía de terminar lo que habían comenzado, gracias al apetito s****l que se gastaba, a duras penas, de manera maquinada no le quedó más que amarrar a sus instintos y excusarse diciendo que no debió haber dicho lo que dijo y salió corriendo hacia la habitación, de dónde diez minutos después salió totalmente vestida, peinada y actuando como si nada entre ellos hubiera sucedido. Eso dejó a Jack en estado de confusión. Dinna salió de la casa de Jack sintiéndose satisfecha, todo se estaba desarrollando mejor de lo que planificó, el hecho mismo del momento tan incómodo donde casi terminan teniendo sexo allí en la sala de estar fue el ingrediente perfecto para alertar los sentidos de Jack, provocar en él un interés mayor por ella. Eso era lo que necesitaba y aunque no estaba dentro de sus intenciones en esa visita, aceptó que no tuvo mejor momento para que la pasión que siempre la acompaña se desbordara allí. Dinna en la maldad que la caracteriza, prácticamente se aplaudió a sí misma por la escena dónde fingió haber caído en un estado depresivo que de inmediato fue sustituido por la provocación. El típico juego mental, ese que lleva a las víctimas de personas con tanta ambición como Dinna a caer con solo tres palabras cargadas de sentimiento, así no sea real. El estado de aturdimiento de Jack se sintió de manera altisonante, Dinan parece un tsunami. Llegó de manera inesperada y asimismo se desapareció esa misma noche. Los días transcurrieron y el hecho de no volver a verla, ni tener siquiera forma de contactarla, lo mantuvo en ansiedad, una característica nueva en él. —¿Puedo saber que te sucede? Frangelico notó el cambio de humor de Jack. Precisamente dos días después le tocó trabajar con él en la revisión de los bocetos finales de la colección que presentarán en el desfile de verano, un evento importante para Casa Mundi, toda vez que con él año tras año se había ido celebrando desde años atrás, el aniversario de la casa de modas. —Nada, son ideas tuyas —se incorporó de la silla dejando ver que algo le incomodaba. —¿Estás seguro? —Frangelico dudó de él—. Te veo inquieto, y tú no eres así ¿Tienes problemas con alguno de tus empleados? Conociendo que Jack no tiene vida social, Frangelico de inmediato entendió que ese estado de ánimo tan extraño no habría de tener un culpable fuera de allí, sino dentro del entorno que ambos compartían, y como Jack pasaba la mayor parte de su tiempo en el sótano, supuso que de ahí vendría ese mal humor. —No es nada —repitió y se giró para salir de la oficina—. Dame unos diez minutos —pidió desde la puerta de salida—, voy a fumarme un cigarrillo. —Te vas a morir —le advirtió Frangelico—. Deja ese vicio, hay otros mejores. —¿Por ejemplo? —preguntó Jack curioso de saber si pudiera haber algo más fuerte que le ayudara a quitar esa sensación de estarle faltando algo en su organismo. Así se estuvo sintiendo mientras conversaba con el zar de la moda, así había estado sintiéndose desde el día siguiente de lo sucedido entre él y Dinna. No se hallaba en ningún lado, todo le comenzaba a fastidiar, incluso su trabajo, algo que antes de ella apareciera en su vida era como el café y el cigarrillo, sus dos aliados para fomentar la creatividad. Precisamente eso era lo que le estaba fallando esos últimos días, la creatividad. Veía sintiendo desgana. Parado allí en la terraza del penthouse, encendió el segundo cigarrillo en menos de diez minutos. Se mantuvo observante a la nada, recordando una y otra vez el tierno rostro de la mujer que había logrado despertar esa ansiedad que casi lo enloquece con su sola ausencia. Con ella comenzó a vivir lo que era el dolor de la necesidad de sentirla, nadie más que ella podía aliviar ese malestar, nos aparece, no tiene dónde ubicarla, piensa en buscarla yendo al bar donde coincidieron una vez. —Dijiste que un momento, pero veo que estás dispuesto a acabar con la cajetilla de cigarrillos —reclamó Frangelico—. Vamos, aquí no vas a lograr más que un enfisema pulmonar y además una neumonía por la frialdad que hay aquí. Parece que no te quieres. —Deja de preocuparte tanto, pareces mi papá —se quejó Jack. Le dio dos caladas a su cigarrillo y aun sin acabar lo apagó tirando el resto al cesto de basura que tenía a un lado. —No eres mi hijo pero sí mi mayor objeto de valoración. Si no te cuido es mucho lo que perderé. Así que pon de tu parte. No logró tranquilidad, le era difícil pero si se motivó a volver a la oficina a revisar los bocetos de los diseñadores, y como solía suceder en él buscando no pensar, terminó yéndose al extremo. Trabajó hasta media noche, y solo cuando estuvo corregido el último de ellos, llamó a un taxi para volver a la soledad de su hogar. Celebró que estaba agotado y por esa razón no tendría tiempo a pensar ni sentir en falta a Dinna. Tanto se fue a los extremos que actuando de manera supersticiosa, no ha vuelto a sentarse en el sofá donde prácticamente la hizo suya. Reconoce que era una reacción exagerada pero no podía controlar tanto sentir por ella y ese despertar le ha afectado tanto que de solo pensarla sentado ahí, en solo dos oportunidades sintió deseo por ella, el anhelo de tenerla lo agobiaba tanto que afectaba su respiración. Así de intensas son las emociones que ella ocasionó y terminó perjudicandolo. —Jack —escuchó detrás de él un mes después la voz inconfundible de ella. Venía saliendo de un café donde fue a almorzar, necesitado de respirar un aire diferente, tomó un taxi hasta el otro lado de la ciudad, como Jack nada le dice cuando llega tarde porque sabe que él es la punta del iceberg, la columna vertebral de su éxito, no lo presiona. Jack sabe eso, y ni siquiera por eso lo irrespetaba más allá de negarle algunas peticiones irracionales. —Jack —repitió la voz dulce. Cerró los ojos por segundos—. Jack —lo llamó por tercera vez y en esa ocasión colocó su mano sobre el hombro para terminar de llamar su atención. Como siempre cada vez que ella aparece, su mundo se trastocó, ya iba dispuesto a volver al trabajo. Sintió algo dentro de él cambiar por completo. Como si hubiera estado rodeado de solo oscuridad, una luz, una alegría dentro de él se manifestó. —Hooo…la Mirándola a los ojos dudó, no pudo creer estarla viendo una vez más. —Hola —ella le sonrió. —¿Qué haces por este lugar? —preguntó extrañado porque normalmente solian encontrarse desde los lugares cercanos a la casa de modas. —La verdad… —guardó silencio sosteniendole la mirada—...te estaba siguiendo desde que saliste de la casa de modas, Jack sintió una explosión dentro de él. El simple hecho de saber que ella se había tomado un tiempo para seguirlo le hinchó el pecho, tensó sus testículos. —¿De verdad? —preguntó él con duda. La emoción fue arrasadora. Ella movió la cabeza de arriba hacia abajo, respondiendo, actuaba como si fuese una niña inocente, una adolescente recién descubriéndose enamorada y por eso se colocaba en persecución de su enamorado platónico. Así actuó ella y con eso logró acrecentar las emociones de Jack. El juego del gato y el ratón pero no el tradicional, sino una versión retorcida de él, donde el ratón se expone con toda intención de ser dorado sin saber que va a ser así. Esa fue la situación hacía la que ella poco a poco lo estaba llevando. —Sí, quería verte, no creas cuanto lo pensé, me siento apenada después de la forma en la que actué la última vez —le dijo ella fingiendo inocencia. La reacción de Jack fue automática, sin pensarlo la tomó por los hombros para darle seguridad, mentiras le dirigía una intensa mirada. —No hiciste nada malo, si te sentiste así pensando que yo podía hacer eso, pues desecha esa tonta idea, me encantó lo que sucedió esa noche. Eres perfecta, no cambiaría nada de lo que hicimos. —Lo dices para darme tranquilidad, yo sé que actué de manera reprochable, una mujer como yo no suele actuar así, pero algo en tí dispara todos mis sensores, mis demonios despiertan y solo comienzo a desear cosa raras —dijo fingiendo no saber qué era lo que ella misma estaba provocando. —Esas cosas raras no es más que deseo —le dijo él en un susurro para evitar ser escuchado por alguien más—. Es inevitable, nos deseamos. Yo te deseo y me da miedo hacerte daño porque es demasiado grande lo que me haces sentir. Jack consideró que ese era el momento, no podía permitir que ella volviera a perderse de su vida. El vacío que dejó su ausencia fue demasiado agobiante, apenas cinco, seis días pasaron desde ese primer encuentro piel a piel. No quiere volverlo a experimentar. —Vamos a mi casa —propuso él—. Dime que sí —le pidió. —¿A… a… a tu casa? —preguntó ella adoptando una actitud de inocencia y timidez propia de las mujeres primerizas o poco experimentadas. —Sí, permíteme amarte, adorarte —le suplicó Jack. La desesperación se apoderó de él. Por primera vez sintió la necesidad de dar ese paso, y era en ese momento. No le importaba que tuviera compromisos a su espera, primero estaba el compromiso con lo que estaba creciendo entre los dos. o eso quiso creer él, al cegarse por completo a la realidad. Dinna lo abrazó de repente, pegó su rostro a su pecho y se sonrió triunfante, había logrado la primera parte de su plan, lo tenía en sus manos, pensaba que solo era cuestión de media o una hora para terminar de atraparlo, porque iba a acceder, atraparlo en sus redes sería la llave que aseguraría el éxitos de su venganza. Sin decir nada, se dejó llevar cuando él la soltó y tomó su mano para llevarla casi arrastras por las calles hasta que tomaron un taxi que los llevó en dirección a la casa de él. En el camino tuvo que poner mucha fuerza de voluntad para controlarse. Sentía tanto por ella que estaba dispuesto a hacer una locura, así fuera en ese auto, el sentido común le alertó que no, no debía, porque si lo que deseaba era disfrutarla, darle el cariño del que aparentemente carecía, de comenzar allí la pondría en vergüenza. Jack no le permitió avanzar de la puerta de su casa, allí mismo, dejando salir todo el potencial que tenía la hizo brincar sobre él y enrrollar sus piernas alrededor de su cintura. Hasta ese momento fue consciente que ella llevaba una falda ajustada a su cuerpo. Con el movimiento esta terminó subiendose hasta sus nalgas exponiendo su carne blanquecina. Complacido, se sonrió con picardía y tomó sus labios en un beso desesperado, un beso cargado de tanta emoción que salivaba en exceso, él no le dio importancia y la besó una y otra vez,en cambio ella se incomodó tanto que sintió repugnancia, pero no podía reaccionar, le tocaba actuar y soportar lo que se le viniera en ese momento. La colección que sabe que él estaba llevando a cabo valía la entrega y el sacrificio de soportar lo que no hubiera tolerado en otro momento. JAck no la dejó actuar, dandosela de seductor, la dominó, o eso le hizo creer ella, y ahí en el sofá que se había negadoa usar, la desnudó y buscando complacer la petición que le estaba adeudando comenzó por complacer su piel carnos, sumergió su rostro en su entrepiernas. Dinna con esa atención de Jack perdió la noción del tiempo e hizo a un lado el asco y la discrimianción. A partir de ese momento se igualaron. El don nadie logró rebajarla a su nivel y darle uno de los mejores sexos que ninguno le había dado. Fue cariñoso y salvaje al mismo tiempo. Inexperto, la poseyó con desesperación, como si temiera que ella se volviera a escapar. Y lo hubiera hecho si él no pone presión sobre sus manos y pierde la razón al punto que sus embestidas fueron tan escandalosamente placenteras que lo dejó deseando más. Tal fue así que reposaban solo unos minutos y la siguiente vez fue ella la que tomó el control. No se molestó en conservar la cordura, no podía, entendió que Jack así como despertaba su ambición material también lo hizo con la carnal. El sexo se vovlió una adicción que le hizo permanecer el resto del día y toda la noche al lado de ese hombre tann bruto y casi ignorante. —Ay, Dios, creo que voy a morir —le dijo ella extrañamente feliz. —Pues no te mueras, te quiero más viva que nunca, despertaste a un cadáver —le dijo él—. Me despertaste y lo mínimo que deseo es tenerte siempre —le pidió acariciando su cuerpo. Le costaba separar las manos de ella, y para su sorpresa a ella no le desagrada. Más bien pareció convertirse en una herramienta necesaria para poder permanecer a su lado. La forma en la que Jack la acariciaba era una especie de ritual de adoración. Estaba tan entregado a ella, fascinado con su belleza que terminó lamiendo cada parte de su cuerpo, incluso sus pies. Dinan sonreía una y otra vez al ver como ese hombre tan estúpidamente complaciente la adoraba,él pensaba que lo hacía por ser feliz basada en el amor que le dijo la última vez que sentía por él, pero no era esa la razón. Para Dinan Jack había perdido el juego, y en esa primera entrega le entregó su ser. Se convirtió en su esclavo s****l, su pase a la cima, su seguro de vida a la destrucción de quien hizo de ella un ser sin valor. Eso quiere hacer ella, sin importar cuantas veces tenga que ponerse en al posicónq ue se encontraba en ese instante, con la cara metida entre las piernas de él, dandole el mejor sexo que nunca ha tenido. Ella es y será la última mujer en su vida. Así se lo propuso, la cuestión era que la vida le cumpliera ese sueño tan retorcido. Tenía que ser así porque la vida le enseño que si para lograr sobre salir debe ocultar su verdad, eso haría. Sea el tiempo que le tome lograr destruir a quien la humilló llevará oculta esa verdad grotesca, no amaba ni amaría a Jack, el solo era el instrumento al logro de un fin.
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