Disfrazar las intenciones carnales con amor

1599 Words
—No, ¿Qué haces? esto no puede suceder, esto es un error —le dijo de repente al tiempo que sacó su mano del lugar donde ella pretendía que la mantuviera, sutileza él ayudó a tomar asiento en el sofá—. iré a buscarte la ropa para que cubras tu cuerpo, te puedes resfriar —le dijo Jack sintiéndose extremadamente nervioso. Se sintió como si estuviera realmente enfermo, su corazón parecía que se le quería escapar por la boca, el papitar era totalmente, arritmico, e inusual en él. —¿Qué haces? ¿Para dónde vas? —le preguntó ella sintiéndose totalmente desconcertada, ansiosa y enojada. Era evidente que manejaba su vida no solamente por lo ambiciosa sino también por el lado carnal. Esta vez fue ella la que le hizo prácticamente las mismas preguntas pero por razones distintas. Lamentable o afortunadamente para ella Jack, de una forma inconsciente terminó despertando al animal carnal que se escondia dentro de ella, y qué a sus víctimas lo esconde de manera conveniente hasta el momento en que se le da la ocasión de dejarlo salir sin mayor complicación. Pero según su experiencia anterior eso sucede solamente cuando tiene bastante kilometraje recorrido en su ambición. Por momentos Jack logró confundirla, pues inconscientemente la llevó a hacer lo que eventualmente hubiera hecho con otro, pero no en tan poco tiempo de conocerlo. La necesidad que el chico despertó en ella se hizo agobiante desesperante y era de serlo pues ella misma En su juego de seducción terminó cayendo el punto de que como lo va en celo necesitaba que él avanzara más no que terminara haciendo la estupidez que insistía en hacer con tal de protegerla. —¿Qué te pasa? No parece la reacción de un hombre hecho y derecho —le dijo ella en un reclamo que sorprendió a Jack. —No es nada, solo busco protegerte. Vienes de estar a la intemperie y ahora totalmente sin ropa corres el riesgo de enfermar —trató de explicarle en un tono de voz sutil e inseguro. Dinna sabía que esta no era sino una forma de manifestar su incapacidad de saberse manejar con una mujer con una volatibilidad como la que de ella emana. Lamentablemente para ella la parte carnal es su cruz pues una vez que las despierta no es de las que se queda tranquila sino hasta lograr saciar esa sed que termina determinando su raciocinio. No obstante ellos En esa ocasión no corrió con la suerte que esperaba y que le había servido en otras oportunidades pues ya no supo manejarse ante el temor y la intimidación que para el representaba estar por primera vez con una mujer y no con cualquier mujer sino con Dinna, una mujer tan conocedora de hombres como de mañas cuando se trata de lograr cumplir con sus objetivos y saciar sus deseos más bajos. Nervioso corrió hacia la habitación en busca de la ropa que él le había dejado sobre la cama. Hubiera considerado más bien la posibilidad de invitarle a entrar a la habitación y encerrarse en ella para vestirse bajo la tranquilidad que normalmente caracteriza a las mujeres pero su nivel de confusión era tal ante lo sucedido que no razonó sino que se apareció delante de ella con las prendas entre las manos. —Aquí tienes —le dijo con voz insegura cuando estiró su mano para entregarle las prendas—. Estaré en la cocina buscando algo de tomar le dijo de él sin saber qué hacer o qué decir en ese preciso instante. Dinna sabía que esa era la única oportunidad que tenía para lograr captar completamente su atención Necesitaba arrastrarlo a su mundo ponerlo a sus pies y encontró que la mejor forma de hacerlo era esa donde ella disfrutaba enormemente, por lo que al comprobar el poder que tenía sobre Jack decidió seguir adelante con su plan de seducción. Le arrancó las prendas de las manos pero no con la intención de ponerselas como él imaginó. Contrario a eso cuando él intentó darse la vuelta para ir de verdad hacia la cocina ella fue más hábil y se interpuso en su camino Le evitó huir y como una loca en desesperación volvió a tomar sus manos y de manera insistente lo obligó a recorrer ciertas partes estratégicas de su cuerpo. —¿Dime no me deseas? ¿dime que no sientes la electricidad recorrer tu cuerpo cuando haces esto? — le preguntó obligándolo a provocar una respuesta que por más que él quisiera pero en negación no podía pues Las palabras se atoraron en su garganta era demasiada experiencia para un solo momento y en tan pocos minutos. Decidida a lograr verlo en la posición de total sumisión, Dinna continúo insistiendo una y otra vez obligándolo a pasar las manos por todas las partes Aparentemente prohibidas de su templo un cuerpo que para Jack estaba resultando una novedad una novedad que comenzaba a gustarle y no hacía sino calentarlo al punto de provocar un revuelo en su cabeza. Se sintió tan aturdido que su mirada se anuló al punto que solo logró ver en ella pasión deseo y una necesidad asfixiante de no parar como bien se lo decía el sentido común. La mujer habilidosa sabiendo que debía dar el paso siguiente para evitar que él se devolviera dos pasos hacia atrás, no hizo sino tirarse al piso y de un tirón llegó a nivel de sus pies tanto el pantalón de algodón que Jack llevaba puesto como el boxer con el que cubría su erección salvajemente pronunciada. Recordaba a la perfección No solamente la textura y el sabor sino también la reacción del Con lo poco que ella pudo hacer en ese breve momento de provocación. Tirada que cubriera su cuerpo y tan deseosa de ser explorada como ella gustosamente decidida a complacer la regida necesidad de El joven inexperto de un solo bocado se tragó la punzante que hizo trueno en su garganta se ahogó sus ojos lagrimearon Pero no por eso lo soltó al contrario ese fue el inicio de su intención de colocarlo en una situación de no rechazarla, de generar en él esa necesidad que sería conveniente a el objetivo por ella trazado. Le urgía absorber al extremo su virilidad y también que se adentrará en ella con la misma intensidad que ella probó del hierro forjado que era en ese momento su sexo. Como una experta sin tratar de disimular en lo absoluto, bramón una y otra vez de arriba hacia abajo tal cual como el que se encarga de ordenar a una vaca en su proceso de ordeño. Era de esperarse que en ese momento la digna recautada e inocente que le demostró allá desde el primer momento ya no existía, instintivamente dejó salir a la verdadera Dinna la que no logra tranquilidad si no hasta que logra saciarse por completo. Estando a los pies yo ya sorprendido y en cuestión de segundos complacido por lo novedoso de la atención que la chica le estaba dando el mismo no hizo sino ayer parado terminar de abrir las piernas y echar la cabeza hacia atrás mientras mantenía los ojos cerrados disfrutando de tan placentero momento. Si al principio él sintió algo de timidez, esta voló por los aires. El hombre que estaba parado allí no hacía sino desear más y más de esa sorprendente mujer. Dinna noto estar logrando adentrarlo en su mundo. Ella en su actitud enfermiza hasta que no logró sacar de él hasta la última gota de su evidente virilidad, no se quedó tranquila. Y cómo habría de quedarse tranquila sí con lo que estaba haciendo no Solo lo estaba iniciando en el mundo de perdición en el que ella le gusta incursionar sino que también con eso lo amolda a sus deseos. Se propuso que Jack debía caminar y respirar solamente cuando ella no decidiera Y de qué mejor forma darle inicio a esa ambiciosa pretensión que dándole dónde más satisfacción puede conseguir. Sorprendiéndolo la muy descarada, soltó su viralidad y de manera sorprendente Se tiró en el sofá y se abrió de piernas de tal manera que cuando Jack logró reaccionar de lo que ella le acababa de hacer, la encontró de piernas tan abiertas que lo dejó aún más sorprendido. —Ahora me toca a mí —le dijo ella en una sonrisa pícara y lo llamó moviendo el dedo meñique en forma atrayente hacia su persona. Con dudas él obedeció a su llamado y quedó parado justo al frente de ella entre sus piernas. Se quedó allí parado inmovil, preocupado, intentó mirarla a los ojos, le apenaba bajar su mirada hacia el lugar que en ese momento parecía más atrayente. —No te cohibas —le dijo ella en un susurro seductor. Le hizo una seña en dirección a su concha emergente—. Te quiero allí —señaló el lugar donde al principio estuvo su mano. Jack actúa el valor de ver en esa dirección y lo que encontró fue aún más intimidantes que la misma Dinna. —No me voy a ir de aquí tranquila, insatisfecha, sintiéndome bien si no logras llevarme a sentir lo mismo que acabas de disfrutar gracias al amor que te acabo de dar. —¿Amor? —le preguntó él. —Si, amor. Creo que eso es lo que me ha llevado a actuar de manera inexplicable —le dijo actuando—. Ven, cómeme completita, te quiero aquí —insistió señalando el lugar prohibido y en ese momento tan disponible que le asustó.
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