—No me quedo con lo que no es mío —dijo Dinna con voz sugerente—. Así como reclamo lo que es mío, ese día olvidé llevarme mis prendas.
Jack no comprendía que sucedía, no entendía porqué razón ella se aparecía en su casa a esa hora y sin nada que cubra su cuerpo debajo de la gabardina.
—No, no era tan urgente que me la trajeras —expresó Jack sin saber qué hacer.
De golpe quitó la mano de sus pechos, el cosquilleo que sintió lo alteró y para no mostrarle los nervios rápidamente alejó la mano dejándola detrás de su cuerpo. Se dio la vuelta para darle la espalda.
—Ya te traigo tus prendas —le anunció y se perdió en su habitación.
Precisamente esas prendas fueron al que ocasionaron ese alimentar de la ilusión de volver a verla,d e buscarla entre las personas en la calle, ese recordar una y otra vez su cuerpo, la fricción de sus boca y sus dientes en su virilidad escandalosamente despierta, esas prendas lo tuvieron todos esos días recordando y lo llevaron al mal humor que estuvo experimentando los últimos días. Sacó las prendas de una de las gavetas del buró con una delicadeza que daba la impresión de estar tocando algo verdaderamente valioso. Como en un ritual las colocó sobre la cama y luego tomó una bata de baño.
—Toma, ponte esto —le dijo mirando hacia la cocina. A toda costa necesitaba no verla. Ya bastante sufrimiento tenía para ver tanto tan cerca y no saber qué hacer sin terminar ofendiéndola.
—Gracias —le respondió Dinna totalmente complacida de estar logrando lo que se propuso.
«Me resultaste más estúpido de lo que imaginé» pensó digna mirandolo con una sonrisa maliciosa en los labios. Jack no la vio porque se sentía tan intimidado con esa mujer que no tenía fuerzas para enfrentar su belleza natural.
—Voy a la cocina a buscar algo de tomar —le dijo él y caminó hacia su cocina—. Si quieres aprovecha para vestir tus prendas —la invitó a ingresar a su habitación—.. Allí están —señaló el interior de la habitación.
Como un adolescente se perdió en la cocina, decidió por preparar un té para ambos, no sabe si eso le gustaria a ella ya que la última vez pareció no disfrutarlo, pero no podía ofrecer nada más sino eso o café, y como estaba muy de noche para tomar café optó por el té aromático. Recordó que ella se quejó por lo fría de la noche.
Tocó la puerta de la habitación antes de ingresar.
—Pasa —escuchó que ella le invitó.
La encontró acostada de largo a largo en su cama, las prendas de su ropa aun cuidadosamente extendidas sobre el colchón, tal como él las dejó, mientras que ella con una pierna estirada y la otra dobladas girando el pie en el aire y sus codos sobre el colchón descansando sobre las manos el mentón parecía estar disfrutando la película que él estuvo luchando por ver.
Los vellos de su nuca se crisparon de solo ver tanta belleza adornar su cama.
—Ay, disculpa —expresó ella girándose para quedar boca arriba y totalmente descapotada a su visión.
Como si se tratara de una alucinación Jack vio sus pechos esparcirse sobre su tórax y su centro luminosamente enceguecedor a sus humildes pupilas tan blanco y limpio, libre de cualquier vello que se le cortó la respiración. Su cuadro clínico empeoró cuando ella levantó la pierna y le dejó ver el color rosáceo de su intimidad. impactado se dio la espalda. Casi se quema cuando la taza que traía en sus manos se tambaleó y votó una porción del líquido caliente.
—Ay, ya te ayudo —le dijo ella parándose de golpe de la cama para ayudarlo.
Actuaba con tanta naturalidad que le hacía ver que nada extraño estaba sucediendo cuando en realidad ella lo estaba sometiendo a la mayor prueba de resistencia que jamás había experimentado.
—Ven —le quitó la taza de las manos, la llevó al buró y se regresó para auxiliarlo o fingir que lo hacía.
En esa oportunidad se propuso poner a prueba un poco más su capacidad para resistirse a tanta tentación puesta allí a la mano.
—Ven. dejame buscar un poco de agua —le anunció luego de ayudarla a ir a la orilla de la cama como si se tratara de un niño.
Jack no se quemó, apenas sintió una chispa del calor del líquido que salpicó sobre la misma taza. Si estaba en parálisis era por la osadía de Dinna de mantenerse totalmente desnuda allí delante de él como si se trataran de una pareja de años acostumbrados a verse, y de una pareja aburrida de la vida, Porque mientras ella se movió al sanitario por el agua, el aceptó que si la vida le diera la oportunidad de tener a una mujer como ella, jamás ni siquiera estando en la tercera edad se aburriria de una mujer como ella, porque una cosa es que su cuerpo pueda envejecer, no así esa personalidad tan desinhibida, el ser provocativa sin intención de serlo, no se le da a cualquier mujer y ella lo sabe ser con o sin ropa. Lo lleva en padecimiento desde el día uno que la conoció.
—Ven —dijo ella en voz alta—. El frío del agua te quitará el ardor —le explicó sumergiendo su mano en una vasija con agua tomada de la llave del lavado.
Mientras lo ayudaba,a l movimiento de su brazos sus enormes pechos blancos y pezones sonrosados y punzantes, como si lo señalaran, se movían ondeantes, hipnotizando. Dinna se sonrió levemente al ver el crecimiento de la lujuria en la mirada que le dirigía.
1¡Ya te sientes mejor —le preguntó inclinándose para ver sus ojos. Al hacerlo sus pechos desnudos cayeron sobre su mano.
Jack al no poder pronunciar palabra asintió en un movimiento de cabeza.
—¡Qué bueno! Ven para cercarte —le pidió y sacó al manos el agua y reparó en ella lo que ya sabía no había. Nada, porque esa atención solo era la continuación de la seducción que inició la primera vez que estuvo allí.
Le costó hacer a un lado los escrúpulos para decidirse a volver a ese lugar que no le agrada, pero el resultado que planificó obtener valía el esfuerzo, valía la pena rebajarse al nivel de convertirse en una mujer de la vida alegre, actuar hacer y dejarse hacer por un hombre que por vivir como comprobó era su forma de vida, le producía asco.
Verlo a los ojos y fingir atracción era parte del juego. Jack se le quedó viendo fijamente y ahí ella aprovechó para comenzar su segundo acto de la noche. El juego psicológico del maltrato al que ha sido sometida.
—¿Por qué me ves así? —le preguntó ella parándose recta—. ¿Tengo algo mal? ¿Qué tiene mi rostro?
Jack no entendió su interrogante ni la razón de la misma. Inconscientemente bajó la mirada al resto de su cuerpo sin detenerse en alguna parte en específico, solo buscaba entenderla para darle una respuesta que no la ofendiera—. ¿Tengo algo feo en el cuerpo?
Una de las cosas que más le gusta a ella son los halagos. Ha llevado una vida de tanto lujo, de abundancia que los halagos a todo lo que hiciera nunca faltaron, así cometió un error sus padres y legos las parejas que había tenido celebraban todo. Se acostumbra a tener tanto de todo que recibe migajas de cosas que para la mayoría resultan insignificantes que se siente frustrada.
Desde que la desgracia arropó su vida al ser abandonada cerca del día de su boda, al verse tan humillada delante de las personas del mundo en el que se rodea, no ha recibido manifestación alguna que enaltezcan la belleza que físicamente se gasta. Porque es bella, ella lo sabe, el mundo lo sabe, Jack lo sabe y eso lo tiene prácticamente atrapado desde el primer día, pero es tan inseguro que no sabe cómo actuar con una mujer tan fuerte como ella.
—Dime, ¿qué tengo? ¿estoy tan fea? —preguntó—. Mira —le dijo señalándole una pequeña marca apenas perceptible a un costado de su cadera—. Aquí me hice una corrección, es lo único que tenía feo, mira —le exigió ella acercándose a él y tomando su mano para obligarlo a tocarla—. ¿Viste? ni se ve, tampoco se siente. No entiendo por qué me ves así.
—Es que, yo, yo, no te veo nada mal, solo estoy sorprendido —le confesó finalmente.
—Sorprendido ¿por qué? —preguntó sin quitar la mano de él de su cuerpo—. Es así, no te gusta algo de mí, yo lo sé.
Se alejó de él y se salió hacia la sala sin preocuparse por cubrir su cuerpo.
—Hey, ven —le pidió él llamándola.
Olvidó que estaba totalmente desnuda y se sintió tentado a abrazarla, la vio de verdad afectada. No supo qué hacer.
—Ven—le dijo y la obligó a girarse para quedar de frente a él, la abrazó pegando a su cuerpo—. No tienes nada malo, eres bella, eres perfecta, tan perfecta que me tienes sin saber cómo actuar —le confesó con sinceridad.
Jack no sabía las intenciones de esa mujer mentamente inestable pero habilidosa. logró hacerle saber que ella había avanzado más rápido de lo que lo ha hecho con sus parejas anteriores. Desplegó una sonrisa con su rostro pegado al tórax de él.
Fingió soltar un sollozo y eso alteró más a Jack, quien apretó más su abrazo y acarició su espalda.
—No sufras, yo sería incapaz de hacerte daño —le dijo serio—. Al contrario, solo vivir para hacerte feliz.
Dinna sabe que no hizo nada para provocar una respuesta tan adelantada en las acciones que aún no ha ejecutado, pero que le resultan convenientes para sus esfuerzos en enamorarlo, porque ese era su objetivo, enamorarlo al punto de cegarlo para que viva por y para ella.
—Tomemos asiento aquí —le pidió llevándosela al sofá.
Error o no, Jack no debió dar ese paso, pues a partir de allí se terminó de acabar con su resistencia. Dinna como una forma sutil de actuar, siempre inicia sus relaciones con sexo, hace dependientes aloss hombres de ella, pero a nivel s****l, y como Jack no era la excepción, al verlo tan débil vio la facilida de rebajarlo a su terreno, al lugar en el que a ella le gusta colocar a su objeto de interés.
Jack para ella resultaba ser un premio difícil de desaprovechar.
Aunque fuera una reacción irracional, ella acostó su cabeza en las piernas de él y de un momento a otro tomó su mano y la llevó a su entrepiernas, allí dejándolo impactado lo guió para que hiciera lo que ella estaba deseando.
Jack confuso se quedó mirándola.
«¿Qué es esto? ¿Esto es real?» se preguntó en la cabeza, sin soltar su mano de la presión que ella tenía para evitarle soltarse de la orden que ella pretendía que él siguiera. Porque era así con ella, sus relaciones son del tipo que ella ordena y su hombre le obedece, y pese a su desinterés por verlo insignificante, algo comenzó a mostrarle que no era tan malo disfrutar el proceso mientras llegaba a su objetivo.
«Sabiendo moldearte a mis gustos,
podré sacarte provecho» pensó mientras con mirada pícara lo incitaba a seguir dándole masajes en esa parte de ella que comenzaba a sensibilizarse y a provocar la erección que ella quería volver a ver en él, con la cabeza recostada sobre esa parte disfrutó ese despertar.