Sintiendo repulsión por el lugar donde ha estado Dinna salió de la casa de Jack. Había planificado con su chófer que la siguiera de cerca y no la abandonara a su suerte. Le ordenó estar al pendiente cuando ella saliera porque no estaba dispuesta a permanecer en ese lugar o cualquier otro donde él viviera. No imaginaba que las condiciones fueran tan por debajo de sus estándares de vida, o lo que ella consideraba como una buena vida, lo que a larga era lo que más importancia tenía. No concibe tratar con personas de bajo estrato a no ser que sean sus empleados. Relacionarse en otro plano con esa clase de personas para ella era inconcebible, y por esa razón le costó mucho tomar la decisión de acercarse a Jack cuando descubrió que el cerebro de Casa Mundi era él. Después de tanto investigar descubrió que el desgraciado de Frangelico si había perdido las virtudes que tuvo en un tiempo y que la razón del éxitos de su empresa en los últimos dos años tenía otro rostro, otros cuerpo, que al principio imaginó sería alguien brillante no solo mentalmente sino alguien que físicamente entrada en sus gustos, pensó en invitarlo a su staff de diseñadores, jamás consideró que esa cabeza pensante sería un hombre tan amargamente pobre.
—¿A dónde vamos señorita? —le preguntó su chófer apenas abordó su lujoso automóvil.
—Vamos a casa rápido, necesito quitarme este olor a podredumbre, la pobreza y los aires deprimentes me enferman —le dijo con desprecio.
El chófer no dijo nada, nunca opina, solo la escucha ordenar y obedece, más sin embargo, como él viene de un lugar similar a ese donde la acababa de recoger, no concibe la razón de ser de tanto desprecio. Por lo poco que ha visto, esta es la segunda vez que la ve acercarse a ese pobre hombre, y no entiende la razón de expresarse de manera tan despectiva de él.
En cambio, en su casa Jack quedó totalmente desvalido y debilitado por la insatisfacción de no poder lograr avanzar más con Dinna. Entendió que tal vez él se excedió, seguro estaba de haber hecho algo que la hizo actuar de manera tan irracional. La ve tan pura e incapaz de comportarse de la manera que lo hizo que en su mente repetía que algo había hecho él para provocar una arranque pasional tan fuera de lugar.
Reconoce que aunque inoportuno, ella lo dejó enfermo, deseosos de que ella hubiera seguido dandole la atención que de manera inesperada le dio al llevarse su parte intima a la boca. Nunca antes le había sucedido, jamás se hubiera imaginado alentar a una mujer a hacerle lo mismo, pero le gustó.
Soñando con eso, despierto o no, revivió el momento por los días que siguieron, no supo de ella por un buen tiempo. Un mes pasó y parecía como si hubiera vivido un espejismo, la buscaba en las calles por donde pasaba, su estado de humor varió en varias ocasiones, sus empleados lo percibieron.
—Señor, ¿tiene algún problema? —le preguntó su asistente—. Nunca antes lo habíamos visto tan mal encarado.
—No es nada, seguro solo es secuela de tanto trabajar, agotamiento —le dijo y se fue cabizbajo a su oficina.
Claro que no se sentía molesto por estar agotado, repetirlo sería mentiras. En el pasado había trabajado tanto o más de lo que lo había hecho ese último mes y nunca nadie le llamó la atención por amargura. Él es un hombre callado, retraído, así lo habían conocido sus empleados. Fue consciente de lo mal que se sentía por no haber logrado coincidir más con Dinna desde esa noche que se reprochó una y otra vez por haberla puesto en esa situación tan bochornosa.
Llegado el verano, cerca de los días de presentar la nueva colección, incluyendo en ella los diseños que Frangelico le plagió a la competencia, camino a su casa su teléfono móvil repico. Es extraño porque después de salir del trabajo nadie lo llama. Al ver en la pantalla se dio cuenta que era de un número que no tenía grabado por lo que dudó en responder. Dejó perderse la llamada y volvió su atención a la ventana del transporte en el que se movilizaba a su casa.
Justo cuando se bajó del transporte el teléfono comenzó a repicar, era una llamada del mismo número. No contestó sino que se dirigió a su casa. Era un día viernes, otro que pasaría encerrado mientras muchos de sus empleados estarían disfrutando en un bar, lo suponía que los escuchó planificar la salida, no lo incluyeron en ese plan. No le molestó porque en realidad no se da con los alborotos. Toma licor eventualmente pero lo disfruta más estando solo, igual sentía que no encajaría en ningún grupo. No se sentía bien compartiendo las miserias de su vida. Así veía su vida que deprimente no tenía nada pues sus empleados lo admiraban, y sí, si les gustaría compartir con él, solo que su actitud los aleja.
Pasadas unas horas estaba acostado en el centro en su cama tratando de poner su atención a una película que estaba viendo en netflix cuando escuchó el sonido del timbre de la puerta, anunciaba la llegada de alguien, miró su reloj y se alarmó. Eran las diez de la noche, tarde para que algunos de sus dos vecinos fueran a pedirle algo y para recibir alguna visita. La insistencia de quien estuviera al otro lado porque él abriera fue lo que lo motivó a pararse de la cama e ir a abrir. Quedó sin fuerzas cuando comprobó que esa persona era Dinna. Se quedó sin respiración de solo verla.
—Hola —la escuchó saludarlo desde afuera—, abreme la reja, por favor. Aquí está helando —le dijo mientras frotaba sus manos sobre sus brazos, la miró desde afuera y le apreció ver…
—Sí, es tu gabardina,solo hasta ahora es que pude venir a devolverte 0ùle dijo ella al mirarlo reparar su cuerpo entero.
Sí, Jack la reparó desde el cuello hasta los pies pero no fue porque llevará su gabardina sino porque recordó a la perfección su cuerpo desnudo. A su mente sin querer llegaron todos los recuerdos de esa breve noche en la que ella lo sorprendió. Se sonrojó. Dinna supo de que estaría imaginando, ella es hábil, por algo ha llegado tan lejos, pero ni siquiera esa habilidad le sirvió apra defenderse de las intenciones retorcidas de Kauffman Mundi.
—Pasa —le pidió Jack haciéndose a un lado para permitirle el paso.
—Ay, gracias —le contestó Dinna desplegando una sonrisa.
Lo sorprendió al inclinarse sobre sus pies y darle un beso en saludo. No cualquier beso, sino uno que fue directo a sus labios. Nada que ver con el beso amigable que le dio aquella noche en el bar cuando coincidieron la vez que los llevó a su casa. Lo sorprendió, pero no más con la sorpresa que ella le tenía preparada de seguida. Caminó hacia el centro de la sala de estar y esperara que él cerrara la reja y al puerta ya sí sin más se quitó la gabardina, sin vergüenza alguna la atrevida mujer totalmente desnuda, estiró la mano con la gabardina entre sus dedos. Su cuerpo solo estaba protegido por unos provocativos tacones color n***o. Se veía provocativa, y eso golpeó los sentidos de Jack.
—Agradecida contigo, toma, te hago entrega formal de tu gabardina —le dijo con sensualidad—. ¿Supongo que lavaste mi ropa?
Al ver que él no hablaba no se movía se acercó a él, tomó su mano y antes de depositar la prenda en ella lo obligó a pasar sus dedos por uno de sus enormes pechos.