El plan de Dinna

2974 Words
Si Jack se había llevado una fuerte impresión ante la aparición sorpresiva de Dinna, tal situación se le fue complicando con el paso de los minutos en la medida que avanzaban en la escasa conversación superficial que pudieron tener. Solo media hora transcurrió en el café, y en tan poco tiempo fueron muchas las emociones que vivió gracias a los actos atropellados del destino que llevaron a esa mujer, a quien él creía confundida, a cometer tantas acciones tan extrañamente torpez en frente y contra él. Por lo rara de esa situación para él, Jack, en ese instante no supo si valorar tales hechos como algo positivo o negativo, de lo único que fue consciente era de que nunca antes se sintió tan inseguro. Mientras el taxi avanzaba las tres cuadras que lo conducían a él y a Dinna hacia el refugio de Jack, fue cuando el comenzó a analizar en profundidad el trasfondo de su decisión, y aunque por su mente jamás pasó la idea de realizar un acto mal intencionado en contra de ella, sintió pánico de no saber como enfrentarla en un lugar tan íntimo. Aceptó que ella es una mujer de acción, aunque impulsiva y hasta inmadura a su modo de ver, porque para él uno no se lanza encima de un desconocido como si fuesen los mejores amigos desde tiempos antiguos, cuando apenas recuerda su nombre. Pues Dinna es así, tan desinhibida que lo asusta, y al recordar que pareciera no tener límites, lo puso a dudar. Una duda tardía, porque ya estaban en el taxi y a solo unos poquitos metros de su destino. —¿Aquí es señor? —le preguntó el chofer logrando que volviera la atención al frente para reconocer la entrada del camino de piedras que lo lleva al porche de la casa de dos pisos donde está ubicado el anexo que ocupa desde hace muchos años. —Sí, sí —contestó Jack girando a mirar a Dinna que parecía estupefacta por el escenario que tenía al frente de ella—. ¿Sucede algo? —le preguntó al no percibirla cómoda. —No, no, nada —respondió de golpe y sacudió la cabeza como si se obligara a reaccionar. —¿Se van a quedar aquí? —preguntó el chofer al ver que no bajaban ni le decían algo adicional. Para ese momento la fuerza de la lluvia habia aumentado y golpeaba el capó del automóvil, y aun así dejaba ver la entrada de la propiedad que Jack arrienda con otras dos personas que ocupan los dos niveles de la casa, mientras que él vive en un anexo ubicado al fondo de la casa, no está visible al entrar. Para él ese siempre ha sido el lugar perfecto, el lugar y la casa que le aportaron el calor de hogar que nunca tuvo después de perder a su madre. Pese a estar siempre solo, la disposición de su casa, y la infraestructura de la colonia donde está ubicada, le recuerdan al lugar donde vivió con su madre hasta que ella falleció. Dudó en bajar del taxi, no por él, sino por Dinna, la torrencial lluvia nocturna mojaría su impactante y majestuosa humanidad. —Señor, debo irme —recordó el chofer. —Sí, sí, disculpe —se excusó y sacó la mano del bolsillo frontal de su chaqueta, de él extrajo dinero y se lo entregó al hombre—. Lo lamento —dijo Jack dirigiéndose a Dinna—. Desgraciadamente no tengo con qué cubrirte, y el señor tiene premura por irse, sino fuera a casa a buscar algo y regresaba por ti —explicó preocupado porque iba a dañar su apariencia. Dinna, mientras el taxi avanzaba hacia el noreste de la ciudad supo que no se dirigían a una de las zonas que no suele frecuentar, sabía que él no era un hombre adinerado, pero no que pudiera vivir en un lugar tan deprimente para su cultura. —No, no te preocupes, puedo mojarme, no soy de azúcar, ¿qué vas a pensar de mí? —le dijo con una sonrisa pintada, disimulando el desagrado de todo lo que le rodea. —Está bien —contestó Jack sintiéndose conforme con su respuesta, por lo que abrió de golpe la puerta del auto y se aventuró a dejarse bañar por la lluvia nocturna—. Ahora —le gritó a Dinna para que saliera del automóvil. Ella hizo caso a su llamado, y muy a su pesar le tocó no solo mojarse el cabello sino que el agua que corria por la calle mojó sus pies desnudos enfundados en unas sandalias que aunque eran de tacón alto, por la fuerza de la lluvia, se vieron bañados por completo. Ello sin contar como la tela de su traje se adhirió a su cuerpo y el cabello terminó pegado a su rostro, la nuca y la espalda. La ira se apoderó de ella, quiso tirar al traste todo y devolverse a su realidad, pero "no podía, no debía", se repetía en la mente mientras seguía a Jack al ser arrastrada por él en un camino de piedras que la hacia tropezar al punto de que creyó totalmente desgastado el tacón de sus costosas sandalias. Jack la llevaba bien tomada de la mano. Por la necesidad de llegar al lugar donde se resguardarían no se preocupó por ver alrededor, igual la lluvia no se lo permitía. —Ven, entra —le pidió Jack después de abrir una puerta y una reja—. Cuidado al entrar, hay un escalón que no es visible de inmediato. Le dijo tarde porque para cuando terminó Dinna se dió cuenta tropezó e iba a caer al piso de no ser por la agilidad de él. Eso terminó por sacar a relucir el mal humor que estaba conteniendo al verse en un lugar tan deprimente para su percepción de lo que es la buena vida.A Loque ella está acostumbrada. —Ya, ya, no caiste —le dijo él acunando su cabeza en su pecho como si fuera una niña. —Suéltame —le grito ella en un arranque de histeria inesperado—. ¿Qué lugar es este? —preguntó en un gritó al ver alrededor. —Es mi casa —dijo él en tranquilidad—. Bienvenida a mi refugio —agregó él sintiéndose orgulloso de lo que había logrado construir. —¿Tu casa? —preguntó ella dejando ver la decepción en sus gestos. —Sí, aquí vivo —contestó él entendiendo que no logró enviarle el mensaje que él quiso transmitirle al ofrecerle apoyo. Al no saber qué más decirle, Jack solo encendió el interruptor de la luz y le señaló el interior para que terminara de entrar y así poder cerrar la puerta buscando quedar a salvo del aguacero. —Ya te traigo una toalla —le dijo en voz baja, no supo qué decirle después del arranque de ira que ella tuvo. Dinna lo vio perderse por una puerta y no pasó un minuto cuando él volvió con dos toallas en sus manos. —Toma, seca tu cabello y tu rostro, iré a prepararte algo caliente —le dijo él y la volvió a dejar sola. Fastidiada, miró alrededor, sintió asco. Nada estaba sucio, el piso es de porcelanato brillante, y brillante estaba. Una de las cualidades de Jack es el ser aseado, casi maniático con el orden y la pulcritud de los espacios, pero el nivel de desprecio de Dinna hacia la pobreza era tal, que no se permitió ver eso. No. El simple hecho de que Jack viviera en una zona de bajo estrato social, y su casa hubiera sido construida con materiales de segunda mano, era motivo suficiente para despreciarlo, despreciar su forma de vida, despreciara lo miserable que es la vida del principal diseñador de Casa Mundi. «¿Qué hace él aquí?» cuestionó en su mente haciendo gestos de malcriadez con la mano y la pierna al golpear el piso de un pisotón sonoro. —¿Sucede algo? ¿Llamo un taxi para que se vaya ya? —le preguntó él volviendo a darle un trato formal y le extendió una taza sobre un plato de porcelana que le hacia juego—. Te preparé un té. Desconfiada reparó la taza y hasta se inclinó para ver su contenido, Jack aunque humilde, tonto no es, en seguida supo que estaba evaluando el lugar y era de esperarlo. A simple vista él la vio como una mujer de alta sociedad, una mujer totalmente alejada de la realidad que lo rodea. «Ya estás aquí, ya te arriesgaste de hasta besar a este troglodita, acepta él té, te lo tomas y ve al paso siguiente. Mientras más rápido te muevas, más rápido será tu triunfo» se dijo mentalmente autoritaria como si dentro de ella hubieran dos mujeres. —No, dame —cambió radicalmente su actitud, lo que confundió a Jack, la miró analítico—. Sí, dame el té, me lo tomaré, lo necesito. Con cierta precaución, dada la reacción histérica de ella minutos atrás, le entregó la taza y se alejó de ella. Dinna la tomó y desplegó una sonrisa que él reconoció la hizo ver bella. Hasta con el cabello chorreado, y el maquillaje corrido, la vio atractiva. la vio llevarse el borde de la taza a los labios, y para decepción de ella, apenas probó el líquido, le pareció un té exquisito, además que aceptó que lo caliente le ayudaba a aclimatar su cuerpo mojado y tembloroso. —¿Puedes prestarme una sudadera? —le preguntó de pronto. Se sorprendió por su pregunta, la miró unos segundos en silencio. —Sí —dijo él con duda después. Tan distraído era que no habia caído en cuenta que ella le estaba pidiendo la sudadera para cambiarse esa ropa húmeda. —Ya te busco una —dijo él y sin razonar se adentró en la habitación para buscar una de sus sudaderas, regresó con una casi nueva, de color n***o—. Toma. —Gracias —le dijo ella devolviéndole la taza—. ¿Me permites? —inquirió ella señalándole la habitación de dónde salió. —¿Tienes sueño? —No, es que debo cambiarme esta ropa si no quiero terminar con una pulmonia —le aclaró ella poniendo el escenario deprimente, lo que le preocupó a Jack. Su intención. —Sí, sí, pasa —accedió él y la dejó en su habitación. Incómodo porque nunca habia tenido a una mujer allí, regresó a la cocina. Lavó y lavó la taza como si fuera a sacarle brillo. —¿Dónde pongo a secar esto? —escuchó detrás de él su voz aterciopelada. Se sobresaltó. Al girar sobre sus pies con la taza aun en sus manos, esta casi se resbala de sus dedos al ver como Dinna abanicaba en el aire, en su mano derecha un panti que en realidad no era tal sino un minúsculo protector de sus partes intimas, lo que de solo verlo le dio calor, mientras que en la otra mano movia un brasier. ambas prendas de un color rojo intenso. —Dime, ¿dónde los pongo a secar? debo tenerlos secos para cuando me vaya —le explicó ella con intención de provocar una reacción en él. La vio abanicar una y otra vez las prendas de color rojo intenso sin ninguna muestra de vergüenza. —Ya va, dejame buscar algo —le dijo nervioso. Con manos temblorosas dejó la taza dentro del lavado y pasó a su lado casi como cuidándose de algo contagioso. Regresó con un pequeño tendedero. —Colócalos aquí —le dijo él sin mirar la prendas, y del mismo modo le dio la espalda simulando acomodar la cocina. Le dijo donde colocar el tendedero, y se fue a la sala de estar. —Voy a dejarte sola unos minutos, iré a cambairme esta ropa, tambien corro el riesgo de un resfriado. No esperó respuesta de ella sino que ingresó a su habitación. Sobre el sillón encontró el bolso de ella, y al sentirse incómodo, giró para sacar de su armario una muda de ropa. Optó por un conjunto de algodón. Segundos después, estaba solo con el bóxer seco cuando escuchó la puerta abrirse de golpe. La imagen que Dinna tuvo frente a sus ojos le pareció aceptable. En seguida su mente pensó que dentro de tanta cosa fea a su alrededor en esa terrorífica noche, Jack semidesnudo, era una obra de arte digna de palpar, sobre todo en done se encuentra su mayor objeto de adoración. Eso es lo que le gusta de un hombre, una buena dotación, la cuestión es que supiera usarlo, y de solo pensar en esa última parte, no disimuló y se pasó la punta de la lengua por sus labios sin quitar la mirada de su abultado entrepiernas. Encontrarlo casi desnudo cambió por completo su intención igual al ingresar alli. Curvó los labios en una sonrisa y al ver que le puso nervioso, decidió avanzar más. Igual ya había indagado en lo que la detenia, y la respuesta que obtuvo le dio motivos para seguir avanzando. —Discúlpame —dijo fingiendo estar apenada—. Es que…, es que… —agregó mientras se frotaba el muslo derecho, lo que le obligó a levantar la sudadera de ese lado dejándole ver a Jack la piel blanquecina de una parte de sus nalgas bien acolchadas, lo que lo atragantó, pero lo disimuló. —¿Qué te pasó? —le preguntó él e intentó ponerse el mono, pero ella se acercó para impedírselo. Lo obligó a soltar el mono y llevó la mano del hombre nervioso a su cadera. —Ahí —le dijo obligándolo a frotar sus dedos en el costado de su nalga—. Ahí, me picó algo, arde —agregó fingiendo dolor, por lo que respingó la nalga y subió aun más la sudadera. En ese momento Jack tuvo una visión completa de su nalga, y ella no disimuló para terminar de alzar la sudadera en la parte de atrás de su cuerpo, y con discreción empinó estás, a través del espejo del buró ella vio la reacción de Jack, cerró los ojos y sacudió su cuerpo a lo que ella supuso fue una corriente de deseo. Tan decidida estaba a llevar su plan adelante que no le costaba nada avanzar hasta llevarlo a la cama que tenian al frente. Total la mejor parte de la humanidad de Jack, su entrepierna, para ella obtuvo la mayor puntuación estando dormido, no quiso imaginar como sería al despertarlo. Al ver que Jack estaba negado a hacer algo, restregó sus nalgas en contra de su virilidad, y ahí sintió su elemento vibrar en un despertar motivador. Atrevida no dudo en sustituir sus nalgas por su manos y llevó la derecha a esa parte que la tentó, la presionó y la respuesta que obtuvo le gustó. Jack abrió los ojos nervioso. —¡Wow! ¿Qué haces? —preguntó él atónito mientras ella apretaba una y otra vez logrando una erección inmediata. —Disculpa, me provocó —dijo inocente pero sin soltarlo. Continuó restregando hasta que de un momento a otro si bien lo soltó, lo hizo para llevar su mano al interior del boxer, y ahí tentada, liberó la enorme vara de satisfacción que bien guardada se tenía. —¡Hmmm exquisita carne! —le dijo ella masajeando de arriba hacia abajo su viril potencia—. ¡Lo tenias bien oculto! —dijo y con descaro se inclinó para llevarlo por completo a su garganta de un jalón, lo que terminó de dejar a Jack sin habla. No solo por lo atrevida sino por lo que le estaba haciendo sentir con esos actos primerizos en su vida s****l. —Ahhh —dijo ella al sacarlo de golpe y chorrearse los labios con líquido preseminal—. Esto es demasiado bueno para una noche de lluvia. Pese a que solo quería provocarlo, no contaba con que encontraría tanta satisfacción visual, tactil y al gusto. Jack logró sorprenderla, pero sabia que no debía avanzar más. La idea era que a partir de ahí él se volviera tan loco por ella que terminaría actuando según sus deseos, y si para ello necesitaba tragarse su elemento, convertirse en su perra cariñosa, se rebajaría, aceptó que igual no saldría decepcionada, ya había probado un poco y quedó encantada, pero el plan no distaba abrirle las piernas en el primer acto de seducción. —Creo que mejor me voy —dijo al soltar su erección causándole un dolor a Jack que prefirió ignorar, le dio la espalda y se inclinó sobre el sillón de manera exagerada para tomar su bolso. Hipnotizado, en el proceso, Jack vio en camara lenta como abrió las piernas y se inclinó para dejarle ver el grosor y el color sonrosado de sus labios vaginales. —¡Ups! —exclamó él al sentirse desmayar, sus ojos ardieron de solo mirarla, su corazón palpitó desacompasado. —Sí, ¡Ups!, prestame una gabardina, debo irme —le pidió y en lugar de decidir irse con la sudadera debajo, terminó desnudándose delante de él para mostrarle en todo su esplendor, la esbeltez de su cuerpo exageradamente distribuidos. Ella se giró provocadora. Frente a él tuvo unos blancos, grandes y acolchados pechos y unos pezones que le llamaban, sin contar con el frente de su femineidad que se veia recogido y abultado, digno de ser palpado. No pudo disimular su deseo. —Discúlpame por ser tan impulsiva, no fue mi intención —le dijo y tomó la gabardina que a duras penas él le buscó, se la puso y sin unir los tirantes salió con su bolso en las manos de la habitación dejando a un Jack excitado, sorprendido y salivando de manera exagerada.
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