Conociendo a Dinna

3317 Words
CINCO AÑOS ATRÁS —Jack, ¿Para cuándo crees tener finalizados esos diseños? —le preguntó el que es su jefe, el propietario del emporio Mundi, la corporación empresarial en moda DE París, una de las primeras en el ramo. —Para hoy, antes de irme se los dejaré sobre su escritorio —le contestó Jack en su acostumbrado tono de voz seco. Pese a la actitud alterada de su jefe, Jack se mantuvo en tranquilidad, no le afectó para nada su actitud despótica. Normalmente es así, Frangelico Mundi, a casi todo su personal se dirige de manera atropellada, quien es susceptible a tales tratos termina llorando, en un estado de nervios continuos, y en la peor de las situaciones, terminan renunciando al no soportar la presión tan fuerte que Frangelico Mundi impone con su carácter tan poco aceptable. A Jack le da igual si le grita o no, si es tosco o arrogante, de él nunca ha tenido una palabra verdaderamente amable; y aun así, ni se inmuta, le ha dado igual, solo se dedica a trabajar. Desde que ingresó a trabajar en la Casa de Modas Mundi, al ser asignado a los talleres como un costurero, uno más de los confeccionaban los diseños aportados por quienes tienen un nivel superior al ocupar cargos de diseñadores, los que no solo estaban ubicados físicamente en los niveles superiores de la edificación, ganando un sueldo superior, sino también gozando de los mejores beneficios que se merecen los que supuestamente hacen que la Corporación se mantenga en la cúspide de la fama. —Está bien, está bien, no te vayas sin tenerlos listos, mañana al llegar necesito presentarlos. Jack además de ser costurero, lleva dos años detrás de bastidores, cosiendo y a su vez diseñando, fingiendo ser uno más de los que están allí pegados a las máquinas en el área del sótano, lugar donde funciona el taller de costura. Recibe pagos adicionales por los diseños, dinero que no aparece reflejado en los recibos de pago de nómina, les son enviados de manera distinta, lo que si bien es mucho más que el pago correspondiente a los costureros, no es nada en comparación con lo que perciben los que tienen el cargo oficial. Bajo el argumento de no tener plazas disponibles, Frangelico le ofreció el pago bajo la falsa esperanza de que en cualquier momento pudiera ser ascendido, Jack aceptó porque en realidad no tenía mayores aspiraciones, vivía solo, no tenía familia, es huérfano, y por ende, se conforma con lo poco que había podido obtener en el tiempo. Sus habilidades milagrosas con el diseño fueron descubiertas luego de que en dos oportunidades sin querer terminara dándole sugerencias a uno de los diseñadores que había calculado mal unos diseños, Jack en su intención de ayudarlo para evitar que lo despidieran, se ofreció a corregirlos, lo que después llegó a los oídos de Frangelico, y luego de aportar una idea a una colección, el zar de la moda Mundi, lo fue observando silentemente, hasta que le sugirió hacer un solo diseño, un único diseño para probar si de verdad tenía conocimientos sobre la materia, y que no solo estaba aparentando como sospechaba Frangelico, al considerar que un costurero no podría llegar a la talla de ser un diseñador impecable como los diseños que fueron por el corregidos. Jack metafóricamente le tapó la boca y puñeteó sus ojos al cumplir con los parámetros sin ningún tipo de argucia, Jack elaboró el diseño en la oficina de él, ante sus ojos sorprendidos e incrédulos, todo porque Jack en su apariencia física daba a entender que era cualquier subalterno venido del personal obrero de la casa de modas, jamás de un Instituto de Diseñadores. Después de esa experiencia, Frangelico, no solo revisó su hoja de vida y la certitud de sus credenciales, sino que poco a poco le due delegando pequeños detalles hasta que Jack se fue convirtiendo en referencia para la Corporación Mundi, al extremo de que normalmente Frangelico enviaba a sus diseñadores a consultar con él opiniones sobre los modelos que ellos realizaban o simplemente a pedirle ideas para comenzar a diseñar. —¿Ysa te comentó que debes subir a firmar los documentos? —le preguntó el hombre maduro en un tono de voz brusco. —No, no sé a qué se está refiriendo —le contestó Jack sin molestarse en mirarlo a los ojos. Así de impersonal era el trato de Jack hacia su jefe. —Fuiste designado como jefe de esta área —le anunció el canoso—. Es lo mínimo que debería ofrecerte, has dado más de lo que en tu posición se te ha exigido. Esa noticia tomó por sorpresa a un Jack apático, desacostumbrado de recibir noticias que le aporten un crecimiento profesional y hasta personal. Sabía que ese ascenso llevaba implícito un aumento en sus finanzas, y según entendió, en sus responsabilidades. No soñó nunca con ocupar ese lugar ni ningún otro más alto, por lo que se sintió confundido. —Cambia esa cara, ya te acostumbrarás —Frangelico lo alienta—, igual no es gran cosa —de un tirón así como le dio aliento al inicio, con ese último comentario hizo las veces de trampolín de piscina al empujarlo de manera inesperada al vacío y caer en el agua sintiéndose cortar su respiración, lo que lo hizo reaccionar, lo ubicó en lo que Jack consideraba era su realidad—. Sube ahora. Entendió perfectamente las palabras de Frangelico, aunque eran de menosprecio, algo natural en él, era normal escucharle comentarios similares, y como para Jack cualquier reconocimiento por más migaja que para el resto de las personas pudiera parecer, él creyente de una realidad conformista, era lo merecido. Así de baja estaba su capacidad de valoración personal y profesional. Admitiendo que Frangelico tenía razón al decir que no era gran cosa esa designación, porque solo era disfrazar el pago del trabajo que adicionalmente al de costurero ya venía haciéndole, Jack asintió en un movimiento de cabeza. —En un rato subo —contestó—, antes de que se vayan los de administración de personal —aclaró al ver que Frangelico arqueó la ceja al ver que no mostró emoción con la noticia ni cumplió de inmediato su orden. —Hágalo, valore el reconocimiento —le dijo Frangelico jactándose de lo que estimaba era su mejor acción para premiar a Jack. Él aunque sabía que no era lo que se merecía porque a medida que pasaban los días también se acrecentaba la repercusión de su opinión en la casa de modas, también aceptaba que con ese poco reconocimiento económico y personal de parte del propietario de la corporación, era suficiente, no sabría qué hacer teniendo más. De verdad su vida era triste. No creció con aspiraciones de ocupar lugares altos, no recibió incentivo ni motivación de nadie en la infancia ni en sus años de adolescentes, menos de estudiante en el Instituto, se mantuvo relegado de los grupos, y sentía que de escalar más allá nadie fuera de esas paredes celebraría sus logros si quisiera llegar más lejos. Así, después que Frangelico lo dejó solo en su máquina de coser, pero con la mirada de todos sus demás compañeros costureros sobre él, ignorando las miradas curiosas culminó las zurcidas del lote de piezas que tenía sobre el pedestal, y una vez cumplida con esa tarea, subió al quinto nivel de la edificación, y allí cuando Ysa, la jefa de personal le entregó el lote de documentos que debía firmar, comprobó que era verdad eso del ascenso. Sin mayor emoción firmó los documentos que le darían el cambio de posición nominalmente, pero no de espacio físico y lo que si marcaba una diferencia considerable fueron los muchos ceros que esa nominación le sumó a sus ingresos. A partir de ese momento Jack comenzó a trabajar como diseñador al frente de todos y no de manera solapada como lo hizo hasta antes del nombramiento. Con eso se hizo evidente para muchos, aunque de manera silente, la importancia que Jack comenzó a tener en cada una de las oficinas de la casa de modas. Su opinión era indispensable si de tomar decisiones sobre diseños se trataba. —¿Qué hora es? —preguntó Jack seis meses después del nombramiento. Justo ese día estaban a la espera del inicio de un desfile donde expondrán el sesenta por ciento de sus diseños y el otro cuarenta por ciento de los otros diseñadores. Es el cuarto evento donde se exhibirán sus piezas, y esta es la primera vez donde además saldrá su nombre no como diseñador sino como colaborador, lo que para él no tenía efecto negativo, ya que como todo en su vida, le daba igual estar o no estar en las placas de los diseñadores renombrados de la Casa de modas Mundi. Tiene reloj de mano pero al estar tan aburrido con la espera terminó preguntando lo que bien él podía fácil comprobar. —Faltan quince minutos —le contestó Amaia, la relacionista pública de la Corporación. —Gracias —le dijo en voz baja. No siente nerviosismo por los resultados del desfile, pero si por estar entre tantas personas, una de las características de su personalidad conformista es que no le gustan los lugares congestionados, ni siquiera porque ello le aporte conocer nuevas personas y además ganar reconocimiento, y así salir del escondite donde se ha mantenido en esos meses siendo la pieza fundamental de la casa de modas. Le causa fastidio, por no decir terror ante su incapacidad de saber manejar las emociones y relacionarse con otras personas de su nivel. No le gusta conversar. En silencio se alejó de la mujer morena, y se fue a los servicios, estando ahí después de salir de los compartimientos, se mantuvo al frente del lavado mirando su imagen reflejada en el espejo por un buen rato, luego secó sus manos y con cuidado pasó las manos ya secas sobre su tórax para estirar la tela de su camisa de lino blanca manga largas, quiso darle mejor apariencia, esa camisa es una de las pocas que tenía para esos momentos especiales. Hasta en eso era un desabrido, apático, pese a trabajar en el mundo de la moda eso de cuidar la vestimenta es lo que menos le ha preocupado. Eso de llenarse de modelos de ropa no ha sido algo de preocuparle. Miró su reloj y comprobó que solo quedaban cuatro minutos, por lo que decidió salir a ponerse al frente del espacio por donde el grupo de chicas cuidadosamente seleccionadas desfilarían los diseños de la casa de moda Mundi y otras que estaban participando en ese evento. Al salir de los servicios pareció que todo cambio de color, la luces fueron cambiadas de tono a uno más bajo en los laterales al area de desfile, y muchas luces iluminando a una mujer que comenzó a hablar de manera acelerada y para él alterada, demasiado para su gusto y su personalidad ralentizada, tipica del hombre pausado, el que parece vivir llevado por un carro que de vez en vez lo empuja para avanzar. Dos horas duró el evento que le pareció aburrido, pese a que sus diseños se veían bastante atractivos al verlos entallados al cuerpo de cada una de las chicas seleccionadas, lo que le demostraba que su trabajo era impecable, profesional y delicado. Otro en su lugar hubiera manifestado emoción, Jack en cambio se mostró en tranquilidad, como si nada importante en su vida estuviera sucediendo, cuando en ese evento se estaba dejando ver lo valioso que él era y la importancia del trabajo que había venido haciendo totalmente dedicado en el sótano de la edificación Mundi. —¿Ya se va? —Una voz femenina llamó su atención justo cuando estaba dispuesto a salir, procurando pasar desapercibido del salón donde se había llevado a cabo el brindis y ahora la celebración por el éxito del evento. Al voltear a ver a quién podía pertenecer esa voz, sus ojos se encontraron con la mirada de una mujer de más o menos su estatura, ojos color marrón, y mirada pícara. Impactado por la belleza de la mujer se echó hacia atrás para mirarla mejor, no de manera aberrada como lo haría cualquier otro hombre superficial, sino porque algo de ella llamó su atención, no supo distinguir qué pudiera ser, pero aceptó que algo en ella le generó dudas. —Disculpe —Jack se excusó mirándola fijamente, dudó que de verdad quisiera hablar con él—. ¿Puedo ayudarla en algo? —Lo vi hablando con el propietario de Casa Mundi, no pude dejar de advertir que lo felicitó y aprovecho para extenderle mis felicitaciones también —dijo la mujer en un tono de voz delicado, de ese que envuelve como terciopelo al rozar la piel—. Tengo entendido que es el responsable de casi toda la colección. Jack se sorprendió de que la desconocida estuviera tan bien informada, hizo un gesto interrogante con su mirada. le pareció que la recién conocida mujer manejaba más información que él, que de estar del lado de los espectadores no se hubiera molestado en obtener, y presume él en tan poco tiempo, porque en realidad en ese evento fue que se dio a conocer la autoría de sus diseños exhibidos asociada a su rostro, y su nombre no es de los conocidos, así como tampoco el que se diera a conocer era parte del plan establecido cuando se le pidió contar con su presencia en ese evento. Por eso le sorprende la iniciativa de la mujer. —Gra…, gracias —contestó titubeante y apenado. —¡Qué modesto eres! —expresó la mujer elegantemente vestida y que al sacudir su larga cabellera inundó sus fosas nasales con el aroma del exquisito perfume que llevaba puesto—. Deberías ser un poco más efusivo, no todos los días se tiene un éxito como el que acabas de experimentar. —No sé preocupe —le contestó al no saber qué responder. Sintiéndose intimidado por la naturalidad y el actuar tan desinhibido de la desconocida. miró alrededor como si buscara quién le auxiliara, su deseo era irse de ese lugar. —Si me permite, debo irme —le dijo a la mujer al ver que ella no tenía intenciones de poner fin a la conversación. —Ah, disculpe —respondió ella y se mordió el labio inferior con coquetería—. No le quito más tiempo —lo sorprendió acercándose a él para plantar un beso en la mejilla de Jack. Lo dejó paralizado por lo inesperado del accionar de la mujer. Nunca antes ninguna mujer se había atrevido a tanto con él. —Nuevamente lo felicito —agregó la mujer en un susurro a su oído. Si hay hechos inesperados en la vida de las personas, este es el primero en la vida de Jack en mucho tiempo. Ha vivido tan apartado del mundo, dedicado a su trabajo que no había vuelto a tener tan cerca a una mujer desde su época de estudiante en el instituto de diseño donde se graduó como diseñador. Ese beso en la mejilla que si bien movió los hilos emocionales de Jack, desde su infancia había vuelto a recibir un gesto similar. Si antes de ese gesto la mujer desconocida le pareció misteriosa y atractiva, emocionalmente no hubiera acentuado en la reacción que desencadenó en su interior si ella no hubiera dado ese paso tan íntimo para él. Normalmente en su actuar es pausado, lento, y hasta cabizbajo; pero en ese instante, buscando escapar ante la extraña emoción que comenzó a sentir, aceleró su andar para alejarse de lo novedoso, sintió algo de temor porque nunca antes había sentido nada parecido. Después de ese día, Jack como si hubiera vivido una experiencia superior, revivió en su mente el gesto, y eventualmente se vio acariciando el lugar donde la mujer desconocida plantó sus pequeños y suaves labios. Llegado un momento al preguntarse la razón de estar tan afectado por el simple beso, cayó en cuenta que así era como normalmente lo trataba su madre. Ella solía darle constantemente besos en la mejilla, era su forma de darle amor, y al pasar el tiempo nadie más tuvo esa iniciativa, por eso la sorpresa, por esa razón se vio afectado. Llegada a esa conclusión, decidió hacer a un lado ese recordatorio, y volvió a enfocarse en el trabajo. Terminada la segunda semana del inicio del invierno, al salir de la Casa de Modas se dirigió a la cafetería donde solía comer antes de irse a casa en esos días donde no tenía ganas de prepararse nada producto del agotamiento físico, sentado solo en una mesa vio pasar a una mujer que le pareció conocida, pensando que solo fueron suposiciones suyas bajó la mirada a su pastel para cortar un trozo, pero sus oídos le dieron al confirmación a la proyección de su retina y que creyó un espejismo. —¡Qué casualidad! —Escuchó la voz tierna y provocativa de la misma mujer que por varios días lo acompañó en sus pensamientos. Jack levantó la mirada sorprendido aunque lo disimuló, o eso creyó. —Buenas noches —la saludó y se puso de pie para saludarla con educación. —Tengo apetito y no me gusta comer sola —le dijo mientras jugaba con su cabello en un gesto inocente—. ¿Puedo sentarme contigo? —Ya estaba por irme —le dijo Jack en seguida—, pero la puedo acompañar un momento —agregó al ver que comenzaba a respingar sus tierno labios en un puchero. Jack se sintió intimidado, con su pecho palpitante, y sexualmente vivo, como nunca antes y ante un gesto tan inocente. Nervioso, por no saber cómo actuar ante ella ni con ninguna otra mujer que no fuera una compañera de trabajo, echó su silla para atrás y se movió a un lado para ir a abrirle caballerosamente la silla que estaba frente a él. —Disculpe —le dijo en un tono de voz amable. —No hay que disculpar, más bien perdóname tú por retardar tu partida, es que salí tarde mi trabajo, estaba en una reunión cerca y me detuve aquí por una ensalada —le dijo y antes de sentarse le mostró la curvatura de su cadera—, no he almorzado y debo cuidarme no ganarme rollitos aquí —de manera ilustrativa se pasó la mano por la cadera, tallando sugestivamente esa parte de su curepo mientras respingada a un lado la voluptuosidad de sus nalgas respingadas cual avispa. Eso desencadenó en Jack una tos sorpresiva que intentó ahogar pero no pudo, soltó la silla y se tapó la boca para evitar escupirle encima. —Ay, lo siento —se excusó minutos después—. No sé que me sucedió, seguro fue el exceso de harina del pastel en la garganta —justificó y luego se tomó un sorbo de agua. —Tranquilo, lo importante es que te hayas recuperado, ven, toma asiento —le dijo la mujer colocando su mano sobre la que él tenía en la superficie de la mesa, lo que generó otra reacción inesperada en Jack, su mano y el resto del cuerpo le tembló levemente al contacto de los dedos de la atrevida mujer—. Por cierto, me llamo Dinna Geisel —volviéndose a poner de pie la mujer se inclinó por encima de la mesa para plantar un beso en su mejilla, casi mata a Jack ante los gestos tan seguidos uno detrás del otro. No puede dejar de verla porque la despampanante mujer parece bombardearlo con su presencia—. ¡Qué mal educada soy! No te saludé —destacó esta para justificar este último gesto, el demoledor de la cordura que Jack estaba intentando mantener en los escasos minutos que tienen uno frente al otro.
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