Un suspiro se escapó de sus labios. Posó sus ojos sobre la ventana, aunque los retiró con rapidez de allí, suspirando de nuevo. —¿Cómo se encuentra? —inquirió Jaime, casi sin ninguna expresión. —Está mejor —respondió la mujer, revolviendo sus uñas con cierto nerviosismo—. La noticia le pegó fuerte. Empezó a cortarse y a gritar, sabes que ama a ese muchacho. —No creo que lo ame; es solo un capricho. —No sabemos si lo ama —dijo la mujer—. Tal vez estamos en un error al creer que solo es un capricho. —No estamos en un error, es lo que debemos hacer, Elena. —El padre de Cassie era siempre demasiado rígido con lo que creía estaba mal o estaba bien—. Ella no ama a ese muchacho; ni siquiera se ama a sí misma. —Su mujer lo observó de manera fija ante aquel último comentario, y él se percató,

