Capítulo 1: Noticia.
***NOTA IMPORTANTE: Este libro está en un proceso profundo de edición, la gran mayoría de capítulos están sin editar. Los capítulos editados, son los que tienen un título, por ejemplo este que se titula “noticia” los demás NO ESTÁN EDITADOS, y no les recomiendo leerlos para no gastar monedas, empiecen a leerlos cuando yo los edite.
LIBRO I: UN AMOR FRAGMENTADO.
Año 2000.
Estados Unidos.
Alexander lamió su labio superior, liberando una sonrisa que nadie presenció.
—¿Cómo se tomó la noticia? —preguntó, sujetando con cuidado una taza de té—. Supongo que mal.
—Supones bien —se lamentó la persona con la que hablaba, el padre de Cassie, el padre del amor de su vida—. No está de acuerdo, en absoluto.
—Lo supuse —rió—. Lo único que no entiendo, es por qué se aferra tanto, los cambios siempre son buenos.
Su mirada se derrumbó sobre un retrato que conservaba en su habitación, un retrato de Cassie. Nadie sabía de aquel retrato, ni nadie podía saberlo, se suponía que él era como un tío para ella, nadie poseía idea de la oscuridad que maquinaban aquellos ojos, de lo que era capaz Alexander de hacer por conseguirla. Tras años de amarla, de intentar sacarla de su cabeza, de buscar otras mujeres, de irse del país, e incluso cortar contactos con la familia de ella, él había llegado a la conclusión de que la única manera de llenar el vacío en su interior, era teniéndola, solo si por fin la tenía, tras años de anhelarla, podría ser feliz. La única razón por la que no era suya aún, era porque no había tenido la oportunidad de una cercanía verdadera con Cassie, pero había algo que le decía, que su momento llegaba, y él se aferraría a este como un sediento se aferraba a la última gota de agua.
—Yo tampoco sé, pero tendrá que acostumbrarse, porque así será desde ahora en adelante. —Un suspiro se dejó escuchar por parte del otro hombre—. La hubieses visto, gritando, llorando, negando, todo por Oliver.
La sangre de Alexander hirvió cuando escuchó aquel nombre que tanto repudiaba.
—¿Todavía sigue con él? —preguntó, aunque sabía la respuesta a su falsa duda. Cassie y Oliver seguían juntos, lo habían estado por más tiempo del que él prefería recordar, aquello lo mataba con lentitud, había soportado aquel martirio por más tiempo del que creía posible. La muchacha a la que amaba, con otro… ella había escogido a un muchacho de diecinueve años, en lugar de a él, alguien que sí podía brindarle una buena vida, alguien que si podía tratarla como una verdadera mujer, era humillante. Cassie ni siquiera le miraba como algo más que como el amigo de su padre, jamás podría fijarse en un hombre doce años mayor que ella. Pero Alexander todavía tenía esperanza, era conocido por su decisión, cuando se proponía algo, Alexander lo lograba. Y él se había propuesto años atrás que Cassie sería suya, ¿qué le iba a impedir que ella lo fuera con esta nueva oportunidad que tenía? Nada, nada podía impedírselo, mucho menos aquel estúpido muchacho al que ella decía amar.
—Sí, todavía sigue con él, no creo que lo deje por cuenta propia, estoy cansado de decírselo, ese muchacho es un mal para ella.
—Lo es, Cassie necesita buenos hombres en un su vida.
—Hombres como tú. —Alexander abrió sus ojos con interés cuando escuchó al padre de Cassie decir aquello, luego su mundo terminó fragmentado cuando una risa se dejó oír desde la otra línea—. Sabes que solo son bromas, Alexander. Eres como el tío de Cassie. Pero en realidad, espero que cuando todo suceda, ella pueda encontrar a un buen muchacho, no como Oliver.
Alexander asintió, estaba agradecido de que se tratase de una llamada telefónica, porque así el otro hombre era incapaz de percibir la furia se destilaba de sus oscuros ojos, insultos atrapados en su garganta desde hace años, estaba harto de que el padre de Cassie insinuara que él no podía estar con ella, estaba harto de ser considerado como un tío para ella, no quería ser su tío, no quería que ella fuese su sobrina falsa, quería que ella fuese su mujer, únicamente suya, por años así lo había anhelado, y aunque tuviera que pasar por encima de todos, lograría su cometido.
Unos minutos más de conversación transcurrieron, el padre de Cassie se despidió y Alexander colgó, arrojando su teléfono con brusquedad sobre la mesa, luego levantándose sin cuidado de donde estaba sentado y sosteniendo el retrato de Cassie. Preciosa, de piel como el jade y cabello como la noche, mataría por poder besar aquellos labios, por poder tocar aquel cuerpo con la certeza de que era suyo, mataría por poder tenerla para él.
***
Sentía su cuerpo desfallecer del agotamiento, pero continuaba corriendo.
La furia se veía grabada en su rostro, en sus expresiones, la tristeza y el cólera danzaban en su mirada.
Una tos brusca se desprendió de sus agrietados labios, el sol, a pesar de encontrarse lánguido en horas como aquellas, no dejaba de imposibilitarle a Cassie su cometido de llegar a la casa de Oliver, el muchacho al que amaba.
Una gruesa lágrima bajó por su rostro, sentía tanta impotencia que su corazón apenas resistía el tumulto de pensamientos que la abofeteaban sin alguna misericordia. No podía creer lo que estaba sucediendo, no podía creer la noticia que había recibido.
La casa de Oliver, a dos horas quedaba de la suya, irse en taxi, era la mejor alternativa, pero ella había decidido correr, porque la desesperación a eso la había impulsado. Y mientras corría, sintiendo como sus pies atentaban con fallar, en su mente recreaba la acalorada discusión que había mantenido con sus padres. Había llorado desgarrada en el suelo de su habitación, se había encerrado en el baño, lastimándose, escuchando como sus padres le decían que no había nada que ella pudiera hacer al respecto para cambiar la decisión que ellos había tomado sin su consentimiento.
«Hacemos esto para salvar nuestro matrimonio, Cassie», había dicho su padre, no parecía inmutarse, parecía gustarle el dolor de Cassie, parecía gustarle verla sumergida en la oscuridad. Una risa amarga se escapó de los labios rotos de la muchacha; no había nada que se pudiera hacer por el matrimonio de sus padres, roto estaba desde que su madre había sido encontrada fornicando con otro. La mejilla de Cassie aún dolía por el golpe que su padre de le había proporcionado al decir aquello, al decir la verdad, que su madre era una adultera, y su padre a pesar de eso, estaba dispuesta a perdonarla.
El sitio en el que él vivía, era uno peligroso y oscuro, a pesar de la luz del sol, siempre estaba oscuro, pero era lo mejor que él podía pagar con su madre. La universidad era muy costosa, se llevaba todas sus ganancias, apenas podía costearse un gusto, y no lo hacía, todo lo que ganaba que no iba para la universidad, era para Cassie.
Con sudor en su frente, y asfixiada por el propio volumen de su furia, Cassie tocó la puerta de la casa de Oliver una vez se encontró frente a esta, sintiendo como respirar de manera regular se había convertido en una pesadilla, en un juego que ella perdía.
Quien atendió la puerta, fue la madre de Oliver, Anna, la mujer recibió a Cassie con un abrazo, cálido, como aquellos que nunca había recibido de su propia madre. De manera sacudida, Cassie le explicó a Anna que necesitaba hablar con su hijo, el rostro gris de la muchacha, le envió una señal de alerta a la mujer, pero decidió pasar por alto aquello y asentir, llamando a Oliver, que pronto hizo presencia en el lugar.
Cabello rubio como el oro, ojos verdes como el océano mezclado con el sol, aquella sonrisa, aquella expresión que la enloquecía. Su corazón jadeó del dolor, corrió hacia el muchacho, uniéndose a él en un abrazo que pronto se colmó de lágrimas, él era el único que podía reunir sus fragmentos cuando el mundo de ella se volvía cenizas, ¿cómo podría darle una noticia como tal? Ni siquiera ella era capaz de asimilarla. Él era una de las cosas más valiosas en su vida, una que no quería romper. Pero que irremediablemente quebraría.
Un beso suave los unió, pero ella lo rompió en un instante, lágrimas corrieron por su rostro en cascadas, un temblor tomó el control de sus extremidades, la furia y el dolor la estaban matando.
—Necesito decirte algo muy importante —dijo ella, respirando hondo—. Es urgente, p-por eso vine…
—¿Viniste caminando? —preguntó Oliver, viendo las gotas de sudor esparcidas por la frente de Cassie. Cuando más lágrimas se resbalaron de los ojos de la muchacha, él las secó con cuidado, sin conseguir entender nada de lo que estaba ocurriendo, sin poder entender por qué ella lloraba—. ¿Sucedió algo malo? —preguntó, pero ella solo lloró—. Por favor, dime que sucedió…
—Vamos a tu cuarto —pidió Cassie, mordiendo sus labios sonrosados, moría del dolor, y no creía que hubiese solución para su mal—. Por favor, vamos a tu cuarto.
Oliver asintió con inseguridad, sujetó a la muchacha por el brazo, llevándola con él a su cuarto, una vez ahí, la dejó sentada sobre la cama, mirándola con expectación y miedo, sus ojos revelaban malas noticias. Un escalofrío lo abatió, tragó amargo, pocas veces la había visto tan triste, sus ojos eran de la profundidad del mar, en donde él parecía ahogarse cada vez que la contemplaba.
—Por favor, dime que sucede… dime que fue lo que sucedió…
—Recibí unas horribles noticias —murmuró, deshaciéndose en lágrimas cuando sintió los brazos de Oliver sobre su cuerpo, fue abrazo fuerte, como si temiera que ella se desvaneciera de sus brazos.
Ella elevó sus ojos y miró lo precioso que él era. Había llegado a su vida, y entre todas las tinieblas, había logrado brindarle luz.
—Y-Yo… —sollozó la muchacha, tomando aire antes de hablar, sabía que cada palabra le robaría el aliento hasta sofocarla—. Me voy del país, Oliver… me voy para siempre de aquí…
Hubo un quiebre en la mirada de Oliver, uno que Cassie jamás podría olvidar, como si se vio tentado a dejar salir una pequeña lágrima que ella nunca vio.
Se formó un silencio pesado entre ambos, tan pesado como el impacto de un martillo. No había palabras que pudieran describir la sensación que Oliver experimentó al escuchar aquella noticia.
Las palabras empuñadas a su garganta permanecieron por largos minutos, solo tras un rato de lucha interna fue que logró aglutinar la fuerza necesaria para hablar.
—Pero, Cassie, mi amor… yo no puedo irme a otro país. —Aquello terminó de romper los trozos del corazón de la muchacha.
Lo sabía, justo a eso se debía la razón de su dolor. La separarían de él, la separarían del único que había podido salvarla, sus caminos se fragmentarían, tal vez para siempre. Y como si aquello no fuese suficiente razón para sufrir, había un monstruo que desde años tenía postrado sus ojos en ella, esperando el momento preciso para atacar, y aquel momento, se acercaba.
Los ojos de Cassie se derrumbaron como dos pesadas rocas sobre un espejo de aquella habitación, ahí vio a una muchacha que no era ella, a una sombra de lo que hace días era, hace días estaba tan feliz, se había olvidado por completo de todo lo que por dentro le dolía, habían sido los mejores días de sus diecinueve años… pero la felicidad no había sido hecha para que su corazón la experimentara por demasiado tiempo.
Su primera reacción cuando había recibido aquella noticia, había sido la de Oliver, preguntarle a sus padres que cuando volverían, solo para recibir como respuesta que nunca lo harían, había sido un chiste amargo para ella, pero cuando se había percatado de que no era una broma, la histeria se había adueñado de su corazón, de su cordura.
La negación envenenó a Oliver, haciéndolo temblar. No, no, no, no, aquello no podía suceder, ella… ella se iría… se iría y no volvería jamás… ella… se iría y jamás volvería… jamás, jamás, jamás; aquellas palabras producían un desgarrador eco en los oídos del muchacho de tan solo veinte años.
—Sé que no p-puedes ir conmigo —habló Cassie por fin, sintiendo que aquellas palabras le habían tomado su ultimas energías, sus esfuerzos para no llorar, era infructuosos, tan infructuosos como sus esfuerzos para convencerse a sí misma de que todo esto era hecho por su bien. Lloró una vez más, apretando sus puños con tanta fuerza que se lastimó, pero solo el dolor físico menguaría el dolor de su corazón. Oliver observó las heridas que Cassie tenía en sus muñecas, cerró sus ojos, atrayéndola a él, sentía su corazón tan acelerado, sus ojos turbulentos reflejaban un mar profundo de borrascosos sentimientos que empezaban a asfixiarlo, el silencio era tanto que los ensordecía.
—P-pero… ¿qué haremos? —Cuando escuchó a Oliver preguntar aquello, Cassie se quebró más, un estridente sollozo se escapó de sus labios.
—¿Qué podemos hacer? —preguntó ella, con un tono pesimista. Un horrible tono pesimista que sacudió en dolor en corazón de Oliver—. No hay nad-da q-que pueda hacer… no hay nada que podamos hacer… —Su rostro se pintó de impotencia, de dolor, de desconsuelo, sus dedos temblaban, había llorado tanto que su visión se convertía en una borrosa, sus extremidades amenazaban con extenuarse, las fuerzas de estas se extinguía, el único anhelo de su corazón, era quedarse con él para siempre, que nadie pudiese alejarlos.
—No sé, hay que hacer algo, Cassie…
—Creo que esta es nuestra d-despedida…
Aquellas palabras le embistieron con violencia, ocasionando que un asfixie invadiera el pecho de Oliver, como si una gruesa soga se enroscaba en su cuello, con intenciones de matarlo. Su vista se nubló, cuando intentó ponerse de pie, cayó de nuevo sobre la cama, mirándola, con un estado de histeria matizado en sus pupilas verdes.
—P-pero… les puedes decir que no te irás… ¿tú quieres irte, Cassie?
—¡Por supuesto que no, pero me obligarán a irme!
—No pueden obligarte… no eres una niña, mírame… —La sujetó por el mentón, conectando con sus ojos que tanto dolor reflejaban—… no pueden separarnos…
—No creo que haya nada p-por hacer… —Llevó las manos a sus labios, un grito quería salir de ellos, un grito tan fuerte que le desgarrara la garganta—. No, por favor, por favor no… —Cassie se fragmentó cuando vio como Oliver lloraba, lo sujetó por el rostro, besando sus lágrimas.
Fue ella quien lo abrazó con fuerza, cerrando sus ojos al escuchar como él oprimía sus emociones. Un silencio incómodo los embriagó por un par de minutos, el abrazo solo se rompió cuando Oliver habló de nuevo.
—Hay algo que podemos hacer —murmuró Oliver, con una firmeza que jamás se le había visto en la mirada, sus ojos se perdían de vez en cuando, como si meditara lo que tenía para decir—. En el sur de aquí… tengo una pequeña vivienda a donde podemos huir, sé que no es mucho… sé que tal vez no es nada en comparación con la vida que tendrías en Canadá, pero es lo único que puedo ofrecerte… no tengo demasiados ingresos, pero podría dejar la universidad… hasta estabilizarnos… yo, Cassie… yo no quiero perderte… yo necesito saber dentro de cuanto tiempo te vas…
—Dentro d-de quince días —respondió ella, adolorida por el tiempo tan escaso que le quedaba allí, cerca de lo que conocía—. Cuando le pedí a mis padres que me dieran más tiempo, mamá me dijo que el trabajo que papá había allí conseguido nos pondría en una mejor condición económica… yo no q-quiero irme… le dije que conseguiría un empleo… pero nada fue s-suficiente para ellos…
—No tienes que temer, no te irás… yo… yo todos los días te enviaré una carta… tus padres no se pueden enterar sobre la existencia de esas cartas… por ahí me comunicaré contigo. —La abrazó con fuerza, ella estaba dispuesta a huir con él, a donde fuese con él—. ¿Me prometes responder a mis cartas? —Ella cerró sus ojos, lo abrazó con tanta fuerza que lo asfixió.
—Te lo prometo.
Ambos eran jóvenes, enamorados con una pasión extraordinaria, de esa que puede destruir vidas, no pensaban en el futuro, no pensaban en las consecuencias que una decisión como la que querían tomar traerían, inmaduras almas que solo buscaban la suficiente libertad para amarse como querían, eso eran ellos, y creían que lo lograrían, pero no sabían que el destino para ellos tenía algo muy distinto preparado.