Capítulo 2: Cartas.

3074 Words
La tristeza en su rostro había sido sustituida por una sonrisa, débil, apenas perceptible, pero una sonrisa, la esperanza volvía a florecer en Cassie, y se aferraría a ella como un hambriento se aferraría al último trozo de pan. No le importaba dejar todo lo que conocía para irse con él, al final, había sido el único que había podido sacarla de aquella profunda oscuridad en la que ella había estado sumergida. No habían sido sus padres, ni sus familiares, ni nadie más… solo él. Cuando había mantenido la acalorada discusión con sus padres, se había ido de la casa, sin que nadie se percatara, y de esa misma forma había entrado: en silencio y con recelo. Cassie suspiró cuando de repente, el recuerdo de sus padres juzgando a Oliver se le instaló en la cabeza; lo habían juzgado por su apariencia, diciendo que era muy femenino porque su cabello era largo, lo habían juzgado por su manera de vestir, diciendo que era informal, lo habían juzgado por vivir con su madre… la justificación de que lo hacía porque la universidad era muy costosa, no había sido suficiente, nada era suficiente para sus padres, por tal razón, ella le había pedido a Oliver que dejara de acudir a casa de sus padres, por el bien de ambos, ella odiaba cuando él era ofendido, nadie parecía ver lo mucho que ambos se amaban. Pero era un caso perdido intentar abrir con las manos, una puerta que estaba soldada, aunque no podía negar que seguía doliéndole el hecho de que ellos se interponían a su amor, siempre lo habían hecho. “Necesitas un mejor hombre, Cassie” siempre le decían. “Un hombre rico, de clase alta, no un muchacho de apariencia femenina”. Terminó de entrar a su casa, sintiendo el profundo silencio que había en esta, era de tarde, suponía que sus padres dormían, y creían que ella estaba haciendo lo mismo, o tal vez que ella estaba encerrada, llorando por un muchacho que según ellos, era un capricho. Ni siquiera cuatro años de relación había sido suficiente para demostrarles que no lo era. Se sentó sobre su cama, sujetando una foto de Oliver que tenía sobre su mesa de noche, le ofreció una sonrisa a la foto, como si esta fuese capaz de devolvérsela. Luego de unos minutos de contemplarla, la colocó en su lugar y se arrojó sobre la cama, cerrando sus ojos ante el día que se avecinaba, ansiosa, por leer las cartas que para ella serían escritas. *** Al día siguiente, se había despertado muy temprano, casi a las seis de la mañana, la ansiedad de conocer lo que él tenía para decirle no le había permitido dormir. Además, si quería recoger el correo sin que sus padres se dieran cuenta, era necesario que estuviera despierta a esas horas tan vírgenes, como a ella le gustaba decirles, que era en donde el cartero pasaba. Tenía ojeras enormes aposando en sus ojos, su cabello estaba despeinado y enredado, con un aspecto grasoso, su cabeza dolía un poco, pues cuando no dormía bien, esa era una de las consecuencias. Sacudió su cabeza, fragmentos de la pelea del día anterior seguían retumbando en su mente. Las palabras que nunca dijo, la ensordecían, la sofocaban. El sonido de la llegada del cartero, la había sacado del pequeño trance en el que empezaba a sumergirse, se colocó de pie, enérgica y casi corriendo, pero evitando producir algún ruido, llegó con agilidad hacia donde el cartero. Era un hombre bastante amable. Cassie se había acercado a él, no sin antes cerrar la puerta de su casa, a pasos largos se aproximó al sujeto y con una sonrisa lo saludó, este correspondió el acto. —¿Cassie? Se me hace tan extraño que estés aquí —dijo, con voz grave—. Siempre es tu madre la que recibe el correo, y la mayoría de veces, solo lo dejo en el buzón, pues nadie está despierto a esta hora, ¿qué haces despierta tan temprano —preguntó con una sonrisa, hablaba como si fuera su padre—. Digo, si no es un atrevimiento mi pregunta —agregó, sonriente. —No, no, no eres molesto, Freddy, sucede es que… seré yo quien recibiré las cartas por estos días, todas así tan temprano como estas, y… pues, sonará raro lo que te quiero decir, pero… mamá no se puede enterar de esto. Esto será entre nosotros dos. El hombre arqueó una ceja, confundido ante las palabras de la linda muchacha que sus ojos contemplaban. —Me disculparás, Cassie, pero no entiendo lo que tratas de decirme, ¿qué es lo que será entre nosotros dos precisamente? —No puedes decirle a mi mamá que yo recibo las cartas. —De todas formas, no es como que me encuentre mucho con tu madre —comentó él. —Sí, eso lo sé, pero si lo llegas a hacer… no le digas que me das las cartas a mí, por favor, dile que cambiaste tu hora de llegada y que más temprano es que pones las cartas, por favor, en serio necesito de tu ayuda para eso. El hombre se acomodó un reloj que usaba y le ofreció una mirada a la muchacha, que parecía realmente preocupada porque a nadie él le comentara que ella recibía aquellas cartas. —¿Qué es lo que escondes, Cassie? —¿Qué? ¿De qué hablas? —preguntó, haciéndose la desentendida—. ¿Esconder qué precisamente? —Eso te pregunto. —No escondo nada —respondió, tratando de mantener una postura firme, pero no era buena mintiendo. —Vamos, Cassie, desde que tenías diez añitos te conozco, no eras buena para mentir, no eres buena para ocultar cosas, es evidente que escondes algo, pero, como diría mi abuelo italiano, eso no es nada de mis asuntos, así que sí, te ayudaré, Cassie. —¡Gracias! ¡Gracias! ¡Gracias! —Ambas manos de la muchacha se encontraron, como las de una niña contenta. —No hay razón para agradecer, el gusto es mío —dijo Freddy, antes de retirarse y darle las cartas a Cassie, quien las tomó entre sus manos húmedas a causas del sudor. Sin poder evitarlo, una sonrisa iluminó su rostro, estaba ansiosa por leer que le había escrito Oliver. Entró rápido a su casa y revisó entre las cartas, sus ojos se llenaron de luz al ver el nombre de ella escrito en una de estas, como si se tratase de una película de amor, llevó la carta hacia su corazón y la olió. Liberó otra sonrisa, para luego subir hacia su habitación y empezar a leer la carta que su amado le había enviado. «Tal vez llegará con un poco de tardanza esto, Cassie, pero estoy dando lo mejor de mí para ser puntual. Siento que soy capaz de expresar aquello que busco decir mucho mejor cuando es en una carta que lo hago, sabes que me encanta el roce del lápiz contra el papel y más si es para escribir una carta que tus ojos llenos de luz leerán. Pues, como te he comentado, al sur de mi casa, tengo una pequeña vivienda, que solía ser de mi padre antes de que un infarto le arrebatara la vida, no te voy a mentir, ni te voy a pintar brillos en donde solo hay cenizas, no es un lugar en las mejores condiciones, no es el lugar más feo y desagradable, eso lo admito, pero sin duda ninguna, no es el mejor lugar, y menos un lugar que merezca una persona como tú. Eres muy especial para mí, Cassie, llegaste a alumbrar mis tinieblas, y no tengo idea de lo que haría sin ti, posiblemente enloquecería si al menos una vez al día no escucho tu voz decir mi nombre. Sé cómo eres, y sé que en mis ojos viste el dolor que me abatió al recibir la noticia de que te irías, me sentí destruido y sentí que cosas malas volverían a suceder en mi vida, sé que ya te lo he contado mil veces, y que el punto de la carta no es hablarte de un montón de cosas sin importancia, pero no logro controlarme mientras escribo esto; antes de que llegaras a mi vida, esta era un desastre, y es que la palabra no define en absoluto como era mi vida antes de conocerte, admito que no soy un buen hombre, admito que como humano he pecado, he envidiado, he odiado, he agredido…, pero también admito que he amado, he amado con todo mi corazón, a ti te he amado. Cada vez que sonríes es como si una preciosa poesía se escribiera en mi mente, tu felicidad es la mía y tu sufrimiento es mi martirio, nuestro amor es como el de dos almas inocentes que no saben que el mundo es cruel y que el amor puede herir, con una locura desenfrenada. Antes de tu llegada a mi vida, sentía que estaba sumergido en una tormenta, en la que me hundía, de la que nadie podía sacarme. La primera vez que te vi, lo primero que me atrajeron fueron tus ojos, hundidos y cansados, como los ojos de un soñador, de alguien que batallaba por cosas que otro no podía ver, con unos de esos monstruos que se nos esconden por dentro, que se derriten dentro de los agujeros de nuestro corazón, para tal vez jamás salir, no te imaginas la euforia que sentí, aquella vez que me dijiste que, yo había la antorcha que iluminó tu camino en medio de la oscuridad, pues exactamente eso fuiste para mí. Jamás entendí, que era el amor, hasta que viniste tú, y me demostraste que es un privilegio, y más cuando a quien se ama es a una persona como tú, Cassie. A veces siento que el abismo me llama, que se cuela entre mis sabanas y me susurra al oído que lo mejor es dejarme hundir, que ya tengo muchos años resistiéndome a lo que es mi destino, pero yo no me quiero dejar hundir, Cassie, no puedo, porque eso significaría dejarte sola, y no te pido, siquiera que me saques del abismo, solo necesito que me des el valor para no dejarme vencer por él, solo necesito de tu mano para no resbalarme en él, y no pido que sacrifiques tu libertad por permanecer a mi lado, y es que, luego de que me dijiste aquello ayer, yo permanecí bastante pensativo, y para que mentirte, lágrimas bañaron mi rostro, pensando en que tal vez, tu futuro no sea a mi lado en realidad. Lo que yo puedo ofrecerte no es nada en comparación con lo que tú puedes ofrecerme a mí. Te amo, Cassie, eres mi obra de arte favorita, mi respiro después de tardar años sofocándome, ante tu mirada solo soy una simple alma, incapaz de expresarse, con problemas, soy la oscuridad que tal vez jamás debió entrar en tu corazón. No creas que esta es una carta de rompimiento, pues el amor que siento por ti es como un fuego que sería capaz de sobrevivir en el mar, pero, solo te pido que en verdad pienses bien, pues tu futuro es, y por siempre será más importante que el mío, solo soy un pobre diablo, que tarde o temprano terminará consumido, pero tú no, tú eres una artista y a la vez arte. Miro con pánico el futuro y sé que tu igual lo haces, ¿qué puede ofrecerte un pobre diablo como yo? Nada, amor, no puedo darte nada, por eso, piénsalo bien, ¿quieres quedarte acá, conmigo, a pesar de saber que solo soy un alma en pena vestida con cueros humanos? ¿A pesar de saber que puedo arruinarte? Y, dirás, que no te he arruinado en años, pero, amor, yo si lo he hecho, porque crees que me necesitas para ser feliz, amor, haz perdido mucho de ti misma por mí, y no quiero que un fragmento más de ti se vaya por mi culpa. Y como dije, no quiero que jamás pienses que te estoy terminando, que con esta carta busco terminar nuestra relación, jamás buscaría eso, pues sé que eso te heriría, y prefiero que mil flechas se claven en mi pecho antes de verte derramar una sola lágrima por mi causa. Piénsalo bien, Cassie. Mientras escribo esto, en mis ojos hay lagrimas que mojan el papel, me falta el aire, y mis labios tiemblan, como un pequeño niño atrapado en un enorme cuerpo, así me siento escribiéndote esto, siento que me sofoco con mis propias palabras, pues quiero repetirlas una y otra vez hasta que a mí mismo me queden claras. Conozco tu personalidad en todos los matices, sé por qué lloras, sé por qué ríes, sé cuándo quieres estallar en furia, y sé que en este momento, en el que termines de leer esta carta, querrás correr a mi casa, golpearme en el pecho y decirme que te diga todo esto en la cara, pero no me es posible, pues no quiero verme tan vulnerable ante ti, aunque sé que al amar nos volvemos vulnerables y el amor es vulnerabilidad en sí, pero sabes la clase de persona que soy, de aquellas que se dicen y se contradicen. Te conozco tan, pero tan bien, que sé que ahora mismo tu cabello está adherido a tu precioso rostro, sé que lloras y tus lagrimas bajan hasta tu cuello y pecho, en donde se desvanecen, sé que piensas en tomar pastillas, sé que sientes ansiedad, sé que, es muy probable que ahora mismo estés pensando en venir hacia mi casa, pero, amor, no estoy aquí, sabía que vendrías después de leer esto, por eso, he decidido irme de ahí, solo por unas cuantas horas, a un lugar al que prometí llevarte el día en el que nos casemos, pero, amor ¿llegará alguna vez ese día? Dime, Cassie, que es lo que escoges, ¿sacrificar tu futuro al lado de un muchacho como yo, que aspiración en la vida no tiene más que besar tus labios hasta que el dolor se esfume, y todo aquello anhelado se transforme en nuestra realidad? O, ir a Canadá, y tener una vida prospera, en donde, conocerás, tal vez a quien sea indicado para ti, a alguien que aspiraciones si tenga, y no sean solo las de huir como un cobarde del dolor usando tus labios. Piensa sabiamente, pues una simple decisión puede transformarnos la vida, incluso si elijes irte, amor, créeme cuando te digo que, en mis sueños aparecerás como las cenizas del corazón al que por siempre amaré. Digo cenizas, porque, tu partida, volverá destrozos mi espíritu, y aun así, con los pocos fragmentos que de este queden, yo seguiré amándote con la misma intensidad, esa intensidad que es capaz de destruirme. Con amor; OLI, u OL, como quieras llamarme». Lagrimas cubrían el rostro de la muchacha como una segunda piel, su pecho dolía como si en este hubiese recibido un golpe, sus labios trepidaban y su corazón estaba convertido en fragmentos, no entendía como una carta podía ser tan preciosa y triste el mismo tiempo, quería gritar para desahogar aquello que le rompía el alma, esa agria sensación que le quitaría por muchas noches el sueño, la sensación de que él estaba en lo correcto, cayó de rodillas al suelo y se hizo un ovillo una vez ahí, las lágrimas mantenían su campo de visión nublado, sentía que se sofocaba, quería correr hacia la casa de él, como Oliver había predicho en su carta, ella quería correr hacia allí y gritarle, furiosa, lo cobarde que era por no decirle aquello en la cara, aunque, se detenía a pensarlo, y decirle aquello en la cara sería bastante fuerte, más para un hombre como lo era él, un hombre que sabía expresarse mejor con letras que con palabras. Transcurrido un largo rato de lágrimas y lamentos, ella consiguió sentarse sobre el suelo, no era necesario mirar al espejo para saber que sus ojos estaban por completos inflamados, calados de un rojo intenso, rojo sufrimiento. Tuvo que detenerse a hacer respiraciones profundas, pues sentía que se sofocaba. No sabía que hacer, no sabía que era lo adecuado para llevar a cabo, él le dijo que lo pensara, que pensara en las palabras de su carta, pero ella no podía, simplemente no podía, no lo pensaría, porque el amor de verdad no se piensa, se siente, lo que ella sentía por él, no era un amor de esos que se olvidan al crecer, era de esos amores que al consumirse arrasaban todo a su paso, era intenso, como la misma locura, no necesitaba pensarlo, estaba segura de que lo amaba, lo amaba más de lo que se amaba a ella, y en parte, aquello no era lo mejor, pero en ese momento ella no estaba concentrada en que era o no lo mejor, sabía que Oliver se sentía herido por su partida, pero sabía también, que él, desde siempre la había puesto a ella sobre él, por eso hacía lo que hacía, para que ella tuviera el mejor futuro, aunque el de él fuese consumirse en las llamas de lo que pudo ser un gran amor. Cassie negó con la cabeza, se limpió las lágrimas que continuaban deslizándose fuera de sus ojos y negó de nuevo, eso no se quedaría así, y pese a todo lo que él le había dicho de que era un pobre diablo sin futuro, ella estaba dispuesta a sacrificarse por él, pues nada le importaba más que el amor que sentía por Oliver. Sujetó entre sus manos la carta de nuevo, y leyó una pequeña nota que él le había dejado: «Si no respondes a esta carta, entenderé y aceptaré que tu decisión ha sido la de terminar con lo nuestro. Desearte lo mejor está de más, pues sabe que un hombre que te ama como yo lo hago, jamás, ni aunque quisiera podría desearte ningún mal». Ella tragó saliva de nuevo, debía de responder a esa carta, antes de que fuera tarde, antes de que él imaginase lo peor: que ella había decidido irse y dejarlo. Con desesperación, entre sus cajones buscó una hoja, y encontró una un poco arrugada, buscó una pluma y se sentó en su cama, escribiendo para él. Ambos eran ignorantes del peligro que aquellas cartas representaban para su amor.
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