Dos

1535 Words

El médico apenas había colocado el gel frío en mi vientre cuando la puerta se abrió de una patada, tan fuerte que rebotó contra la pared. Mi corazón dio un salto. Ese cabello oscuro revuelto, esos ojos grises llenos de tormenta… Joder. Era Mateo. —Señor, no puede entrar así —protesta el médico, sobresaltado. Mateo ni lo mira. Su respiración es pesada, como si hubiera corrido desde el infierno mismo. —Pues resulta que yo soy el maldito padre —ruge, clavando su mirada en Alessandro, que estaba a mi lado, con los brazos cruzados y el ceño fruncido.— Y tú te largas. Alex se levanta despacio, la mandíbula dura. —Tú no decides una mierda, Santoro. Si quieres que me vaya… obligame. El aire se volvió denso. Podía sentir el pulso de los dos, como dos lobos listos para desgarrarse. —¡Ya bast

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