Epílogo Salvatore Lombardi Aún no sé cómo escapé de ese maldito incendio. Recuerdo el humo quemándome los pulmones, la piel ardiendo y el terror golpeándome el pecho como si fuera a romperme las costillas. Corrí sin mirar atrás hasta que las piernas ya no me respondieron y me oculté en una pequeña cueva durante varios días. Me temblaba el cuerpo, no por el frío… sino porque sabía que me perseguían. No por lo que yo había hecho, sino por mi apellido. A mis once años ya cargaba un destino que no había elegido. Tuve que convertirme en un fantasma para seguir vivo. Aprendí a moverme entre callejones, a respirar despacio, a escuchar los pasos que no debía escuchar. Comí de la basura cuando el hambre me arrancaba el dolor del estómago, peleé con otros niños que, igual que yo, solo querían so

