Emma ladeó la cabeza con ese gesto muy suyo, entre inocente y mandón. —Papá dice que si escucho conversaciones de adultos voy a aprender antes —respondió con completa seriedad, como si estuviera recitando la ley de la familia. Toda la sala estalló en risas. —Debes traerla más seguido… —le dice Vicenta con ese tono cálido pero cargado de reclamo dulce hacia Alma—. Antes estábamos a una hora de distancia… y ahora a miles de kilómetros de nuestra chiquita. Alma suspira, la mira con una mezcla de culpa y cariño. Emma observa todo. —Mamá… —Alma le sonríe apenas—. Sabes que si pudiera vivir pegada a ustedes, lo haría,.pero la vida me llevó por otro camino… ya sabes. Vicenta frunce los labios, como si estuviera a punto de responder algo más, pero justo entonces Max su esposo interviene con

