Mi pecho se apretó. —No soy un premio, Alex… —susurré. Él me miró directamente, con ese fuego que siempre evitaba porque sabía que me desarmaba. —Para mí lo eres —dijo con brutal honestidad—. El premio, Gia y voy a pelear por ti. Por ti… y por ellos. Los bebés se movieron otra vez, más suaves, como si intentaran calmarme.Yo acaricié mi vientre, respirando temblorosa. —No hagas esto más difícil… —alcancé a decir. Alex extendió la mano, rozando mis dedos con los suyos. —Te amo, Gia y aunque él crea que con regalos y amenazas puede recuperarte… —entrecierra los ojos, con una sonrisa ladeada llena de desafío— …ya veremos quién se queda contigo al final. —Se llamarán Amaya y Dante… —expliqué mientras jugaba con el tenedor, sin mirarlo demasiado intentando suavizar la tensión—. Y todavía

