Hoy es mi cumpleaños, y lo primero que siento al abrir los ojos es un dolor punzante en la panza, como si mis bebés estuvieran peleándose por territorio ahí dentro. Intento incorporarme, pero soy una ballena gigante… o al menos así me siento con ocho meses de embarazo. Mateo está apoyado en el marco de la puerta, sin camisa, con ese gesto entre divertido y enamorado que siempre me derrite. Su risa suave llena la habitación apenas me ve luchar contra las sábanas. —Dios… pareciera que estoy escondiendo un planeta entero aquí adentro —murmuré tocándome la panza, haciendo una mueca de dolor. —Ayer te tragaste un pote entero de helado, bebé —dice Mateo acercándose con una sonrisa ladeada—. ¿Qué esperabas? Los bebés están con sobredosis de azúcar. —No me juzgues… —dije frunciendo el ceño mie

