Sola

1150 Words

Llegamos al edificio y me quedé mirando hacia arriba.No era una casa… era un departamento enorme, de esos que solo ves en revistas. Lujo moderno. Cristales, mármol y seguridad en cada esquina. Nada que ver con mi antigua vida. Mateo abrió la puerta con su habitual impaciencia y entré detrás de él.El interior estaba impecable: luces cálidas, muebles elegantes, olor a madera y a algo caro que no supe identificar. —Giana, ven. —Su voz resonó en el recibidor, segura, casi mandona. Se acercó una mujer de unos cincuenta años, de gesto amable y ojos atentos. —Ella es Marina, se encarga de la limpieza y de que no falte nada en la casa —dijo Mateo. La mujer me sonrió y, para mi sorpresa, me tomó suavemente del brazo, como si yo fuera su hija. —Bienvenida, cariño —dijo con un tono dulce—. No

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