Prólogo

1197 Words
"Hoy es un día especial, pues me casaré con el amor de mi vida. Jamás creí que pudiera sentir esta inmensa felicidad que me hace tan dichosa y quiera volar como si fuera una mariposa, porque ese hombre me hace sentirme libre, me hace sentir que soy yo misma y, sobre todo me hace sentir realmente amada. El tan sólo recordar su mirada me hace suspirar. Pero esta vida perfecta de cuento de hadas no siempre fue así. Yo tuve que pasar grandes obstáculos en mi vida para poder llegar a la meta, muchos de ellos yo me los puse, reconozco que me equivoqué y lo pagué caro. Así que si alguna vez sientes que ya no puedes más, sólo espera, sé paciente, resiste y ganarás. Te quiere tu amiga la que por fin ha enderezado su camino." Sonrio satisfecha al momento que dejo la nota en la mesita de noche junto a la cama de Nancy. Unos minutos más tarde y por fin estoy en el lugar que ha elegido él. Siento mi corazón acelerarse más cada minuto, mis manos sudan; debo admitir que estoy nerviosa, pero más que eso, estoy ansiosa por caminar al altar, ver a mi prometido parado al final del camino esperando por mí. Las puertas de la capilla se abren, una lluvia de pétalos blancos me recibe junto con la marcha nupcial; no puedo ocultar mi felicidad y una sonrisa se dibuja en mi rostro. Un paso. Los invitados se levantan de sus asientos para recibirme. Dos pasos. Trato de tranquilizarme, ni siquiera puedo enfocar a mi amado. Tres pasos. Sostengo fuerte mi ramo como aferrándome a él y que me dé impulso a seguir. Cuatro pasos. No veo a mi prometido, creo que apenas saldrá al altar. Cinco pasos. Por fin enfoco a los invitados, pero... No conozco a la mayoría. Seis pasos. La sonrisa de los invitados no es agradable, puedo percibir... ¿Burla? Aún así, sigo caminando al compás de la música. Siete pasos. No me gusta ni me esperaba que esas mujeres fueran las damas, aunque, esperen; el padrino no puedo creer que sea él. ¿Qué pasa aquí? Enseguida mi sonrisa de felicidad se borra, mi corazón empieza a acelerarse aún más, las sensaciones bonitas que minutos antes abundaban en mi cuerpo son sustituidas por malas emociones y premoniciones. Ocho pasos. Necesito apurarme. ¿Pero donde esta mi prometido? Sin pensarlo más, camino deprisa, casi corro, ya no me importa seguir las notas del piano con mi andar. —¿Dónde esta?— es lo primero que pregunto al llegar al altar. Pero una sonrisa cargada de esa burla es lo que recibo, para enseguida darme una nota. Tengo miedo, si es lo que creo, esta vez no me recuperaré. «Abro la nota y leo» "¿Creíste que me iba a casar contigo?" Siento que desfalleceré, mis piernas no pueden seguir sosteniéndome, creo que me desmayaré en este instante, pero aún hay más. «Sigo leyendo» "Mira a tu derecha." Y lo hago, ¡es él! El que me sorprendió que fuera el padrino, pero no entiendo. "Es mi amigo, sé lo que le hiciste. Hasta luego. P.d. No faltes mañana al trabajo, recuerda que tienes un contrato que cumplir." Y con eso mi mundo se vuelve obscuro, ni siquiera me doy cuenta cuando suelto el ramo de rosas, sólo las risas de burla inundando mi cabeza mientras me introduzco a un estado de letargo es lo último que percibo en total conciencia. Repentinamente una pantalla se despliega frente a mí, después otras y otras, hasta formar una sola pantalla gigante, y ahí de nuevo aparece mi más grande error y del cual hasta ahora sigo pagando. Ni siquiera lloro esta vez, ni siquiera intento pelear con las mujeres que siempre me han deseado lo peor y que mi ex prometido las puso de damas. Mi cabeza empieza a sentir un dolor, es como si lo taladrarán, las imágenes se ven borrosas, los rostros de los invitados ahora son simples manchas como si de pintura se tratarán. Me giro y me dispongo a salir de ahí; mi mirada está perdida, lo sé, porque mi andar en por inercia, ni siquiera se sí es peligroso por donde piso. Siento mis brazos colgar a mis costados, es como si fueran de hule, sigo caminando mientras escucho toda clase de insultos, lo más asombroso es que también provienen de gente que nunca he visto en mi vida. ¿Acaso contrato a esas personas para que me humillarán más? Mi corazón empieza a contraerse, así igual mi estómago, siento un nudo en la garganta que no me deja tragar saliva, mi cabeza aún sigue desorientada, el dolor en mis ojos hace que las lágrimas no quieran salir, sé que necesito llorar, pero ya no quiero ni puedo. Es como si mi cuerpo se resistiera a ser visto humillado, ya no quiere más, ni yo lo d***o así, sólo quiero desaparecer y jamás volver a ver a todos ellos. ¿Hasta cuándo terminará la venganza de él por lo que le hice? Recorro las calles sin importar nada, las personas que transitan me observan extrañadas; seguramente debo parecer una loca por caminar entre las calles con un vestido de novia. Pero ya no importa, de todas formas no puedo controlar mi cuerpo, es como si viera toda esa escena a través de un espejo, el cual no lo puedo cruzar y por este momento no lo quiero hacer, quiero quedarme aquí, en mi mundo, oculta del dolor y la vergüenza, pero sobretodo de la traición. Cierro los ojos y respiro profundo, y para cuando los vuelvo abrir me encuentro en mi pequeño departamento. ¿Como llegué hasta aquí? Eso ya no importa, lo único que me reconforta es que en esta ocasión sí tengo un lugar a donde llegar. Me encuentro sentada en mi cama, mis manos están a mis costados en un puño, las levanto y las abro, entonces me doy cuenta que traje conmigo la nota. La observo un momento, después busco cinta en uno de los cajones de mi cómoda, la saco y empiezo a cortar. —Esto es para que nunca olvide lo de hoy— me digo a mi misma y la pego en la pared que se encuentra frente a mi cama. —Esto es para que nunca me vuelva a enamorar. Me retiro un poco y la observo por un momento, no se cuánto, pero cuando despierto de mi letargo me doy cuenta que el sol ya no esta, al contrario, pareciera que apenas saldrá. Veo el reloj de mi mesa de noche y confirmo lo que pensaba, ya es de mañana, son las seis de la mañana, pero, ¿qué me pasó en todo ese tiempo que observé la pared? Decido quitarme el vestido, pero ya no esta, estoy totalmente desnuda, ¿en qué momento me lo he quitado? Pero ya no le doy vueltas al asunto, sé que lo qué pasó no fue un sueño porque ahí está la prueba pegada en mi pared recordándome que ya no más, ya no caeré en el juego perverso que llaman amor. __________________________________ Sigue leyendo...
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