Capítulo 4. Hacer Las Cosas Bien.

3359 Words
Regresé a casa, afortunadamente estaría sola algunas horas más, así planeaba qué decirle a Nancy, no es como que le tuviera que dar explicaciones de todo...bueno si, ya que estoy viviendo en su departamento y me alimenta, por decirlo de alguna forma. Me encuentro acostada en el sofá-cama mientras juego con un cojín, trato de repasar todo lo que me ha pasado hoy en ese restaurante. Giulia me dejó intrigada. Es una mujer de carácter, pero tiene demasiada educación para hallar las palabras adecuadas cuando ordena, tanto así que no la hace ver prepotente o grosera. ¿Qué será lo que realmente ella haga? ¿Será una millonaria no muy conocida? Pues pude notar la seguridad que irradia al ordenar a sus empleados, además algo me dice que no sólo es dueña de ese lujoso restaurante, sino de otros negocios más. Ella dijo -Necesito que no se descontrole la empresa- así que tal vez en donde tenga que trabajar no sea en ese restaurante donde pasé vergüenzas, ojalá no sea ahí, porque que pena con los meseros. Enciendo la televisión, estoy un poco ansiosa por la entrevista de mañana. Empiezo a cambiar de canales sin prestar demasiada atención, hasta que, hay una noticia sobre la empresa Syrah, así que decido subir el volumen. »El lanzamiento del nuevo vino de Syrah se ha pospuesto, algunos rumores han empezado a circular sobre la fractura de la relación que tenían con la Corporación Caffarelli . El empresario Caffarelli aunque es muy joven ya domina el campo de la industria de vinos, pero hay que recordar que este joven no es ningún novato en este tema. Puesto que su familia ha estado en esta industria por generaciones. Los rumores sobre la fractura se esparcieron porque como ya mencionamos antes, han atrasado el lanzamiento del vino Syrah y por que las reuniones que tendrían un encuentro en estas semanas se han suspendido. Las dos empresas no han querido dar detalles específicos, pero el empresario Caffarelli nos lo esta dejando muy en claro con su ausencia. Por otro lado el empresario Mark Smith sólo ha mencionado que por cuestiones personales del señor Caffarelli han decidido posponer las reuniones, así que por lo pronto eso es lo más verídico que tenemos, ya que el vocero de la Corporación Caffarelli no ha desmentido sus declaraciones.« Decido apagar la televisión, me quedo pensando en la nueva noticia sobre la empresa de Mark. Tal vez que no me casara con él fue porque pronto se volverá pobre y yo no puedo estar con alguien así. En fin, ya no me importa que pase con él, debo hacer las cosas bien, necesito enfocar mi vida en algo productivo, tal vez es hora de valerme por mí misma y olvidarme de introducirme en alguna relación amorosa, ya que eso sólo me hará una inútil en el futuro. Tengo que hacer las cosas bien, lo tengo que hacer. Las horas pasan y por fin llega Nancy. Decido ayudarle a preparar la cena, necesito algún acercamiento amistoso para confesarle lo que en realidad hice en la mañana. Nancy esta cortando un trozo de pollo para empanizárlo, yo estoy picando cilantro y apio. No se si decirle ya, bueno, creo que lo haré ya. —Nancy— le digo muy quedo y detengo lo que hago. Nancy gira un poco su cabeza indicándome que me escucha y sigue haciendo lo suyo. —Hoy... —Es cierto— exclama feliz. —¿Qué?— me descoloca su reacción. —Ni siquiera te pregunté cómo te ha ido con las estrevistas, perdón, lo que pasa es que traigo muchas cosas en la cabeza con lo del trabajo... —Si, algo escuché—. Limpio mis manos con un trapo y me acerco más a ella, —¿crees que si hayan roto relaciones con ese empresario?— pues si es así  la empresa de Mark caerá en picada, ya que ese contrato aparte de que aumentaría sus ganancias este año, también lo salvaría de una posible banca rota. Algo de lo que muchos desconocen. —No lo sé, es que es todo tan extraño, sólo sé que reacomodarón las fechas para todo—, acentúa la última palabra y asiento, —eso quiere decir que al menos no esta nada dicho, tal vez es otro el problema que surgió y no ese que suelen decir sobre "problemas personales"— dice entre comillas. Después vierte todo al sartén que freirá el pollo, —de todos modos, si algo malo pasara ya me hubiera enterado, en esa empresa todo se sabe...— hace una pausa y me observa como si tuviera dudas al decirme algo, —de hecho nadie habló de lo de tu boda. —Creo que eso es mejor así, aunque Monique si quisiera hacerme quedar más en ridículo creo que no tardará en esparcir el rumor. —Pero bueno, basta de empresas de millonarios, mejor dime cómo te fue. —Nancy, no te vayas a enojar— jalo la manga de su blusa como si me tratara de una niña. Ella sonríe por mi acción. —Anda, dime. Si no quedaste en ningún trabajo no hay problema, seguiremos buscando. —Es que no fui a las entrevistas— le digo sin perder detalle de sus gestos. —¿Porqué?— pregunta de una forma maternal, tal vez piense que tuve miedo o algo así. —Pues no lo se...— claro que si lo sé, pero la yo interesada es muy ambiciosa y quería mi vida de antes, aunque ya tuve una lección para no estar intentando hacerme la lista. —Mira, sólo quiero que sepas que aunque no fui a esas entrevistas, si tuve una y fue con Giulia, la mujer que me dio la tarjeta, ¿recuerdas? —Claro que recuerdo, pero creí que esperaríamos para que te prepararás con algún curso. —Si, eso le explique yo, pero ¿qué crees?— le digo emocionada y ella también sonríe. —Tienes el trabajo— dice rápidamente. —No aún, pero mañana iré a una entrevista formal a la empresa, ya tengo la dirección y me... —¿Cómo que entrevista formal?— upss. Le conté todo lo que en realidad hice, al principio me miró de una forma como si estuviera defraudada, eso me dolió, pero hablé con convicción, le dije que a partir de ahora haría las cosas bien, que había aprendido mi lección, además que ya no volvería a tomar dinero de su bolso sin permiso. Me sentía como una niña pequeña, pero lamentablemente así me estaba comportando últimamente y tal vez siempre fui así con Mark. . . .                                                                                   ___MARK___ Necesitaba salir de mi casa, había hecho llegar a los medios sobre los acuerdos que aún manteníamos con Fernando Caffarelli, pero no me había parado por la empresa, me sentía cansado, me sentía molesto y triste. Olivia había sido la mujer que me había cautivado, en ella encontraba todo y yo le daba todo, lo único que tenía que hacer es haberme sido fiel, pero no, tenía que ser una r****a ¡como todas!. Seguía sentado en un rincón de mi habitación, cada minuto que pasaba la sentía más vacía, más inmensa y yo me encogía para ocultarme entre la obscuridad que se había depositado desde que se fue. Quise perdonarla, pero me dolía más lo que había hecho, aunque una parte de mí decía que sólo necesitaba haberlo dicho, sólo necesitaba confesarlo, sólo necesitaba pedirme perdón y yo la hubiera perdonado. Pero volver a ver el video donde se revolcaba con ese bastardo me hizo olvidarme del amor que le tenía y lo único que quería era hacerla pagar, que le doliera como me esta doliendo a mí, ¿qué acaso nunca me amo? ¿Qué acaso no me amo ni siquiera un poco? Escucho que tocan la puerta, pero como siempre sólo espero que entre Leticia a dejar la bandeja de comida, después de todo que la corra de aquí o le grité a ella, no es lo correcto. Pero me sorprendo al ver que quien entra es Jayson. Bajo mi mirada, como si me avergonzara que me vea en este estado, aunque admito que sí es así, aunque él sabe muy bien lo qué pasó, de hecho fue él quién me ayudó a idear el plan para dejar en ridículo a Olivia el día de la boda ficticia. —Mark— dice entre suspiros y toma asiento en un borde de la cama, —¿ya? ¿Qué? No entiendo a que se refiere. Levanto mi rostro y lo miro. —¿A que te refieres?— digo con las voz ronca, pues casi no he hablado con nadie desde ese día. —Se que no ha pasado ni una semana, pero tú— y me apunta con su dedo índice, —eres Mark Smith, el empresario millonaria y más codiciado de estos tiempos, por favor—. Frunzo el ceño. Se levanta acercándose más —no puedes encerrarte ni un día en tu casa, tienes responsabilidades grandes que incluyen el futuro de muchas personas, te he estado cubriendo, incluso inventé un rompimiento con... Ya sabes quien. Les dije a tus padres que aún querías gozar de tu juventud, encargarte de la empresa y demás, ellos saben que eres muy responsable, y ya sabes que no protestaron porque te conocen, eso y porque a nadie, me incluyo, no nos caía bien esa idiota. —Gracias— le digo en un susurro mientras me vuelvo a perder en mis pensamientos. —Mark— esta vez me alza la voz con severidad, —tienes que regresar, tienes que empezar a hacer trabajar tu cabeza para ver como arreglas lo que ha pasado con Caffarelli, él esta mal, no se si sabes que lo que sufrió fue un atentado, así que no dará la cara en un largo tiempo. —Si me enteré, de hecho Giulia nos estuvo investigando enseguida de lo ocurrido, pero rápidamente fuimos descartados. —¡¿Qué, cómo?!— exclama asombrado mi primo. Y claro, Giulia me dijo que mantendría en secreto esto, por seguridad. Me levanto con esfuerzo de mi rincón y estiro los brazos, —ya sabes que ella no deja nada a la suerte, es astuta y sobretodo muy leal. —Si, lo se—. Se frota la barbilla como pensando. —Pero entonces todos los acuerdos puede manejarlos ella, sé que Caffarelli le puede autorizar manejar la campaña, así como maneja otros negocios de él. —Y si lo hará. A pesar de que he estado aquí no me he desobligado del todo de la empresa. En una semana firmaremos los últimos contratos y lanzaremos el nuevo vino Syrah en la fecha estipulada, pero quiero mantenerlo en secreto, todo será confidencial y...—me acerco más a él, —por seguridad— le digo bajo. —Perfecto, entonces mañana tienes que ir a la empresa— se encamina hasta la puerta, —es una orden, Mark— sonríe y yo frunzo el ceño, —ok, es broma, pero si tienes que ir y salir de esta habitación depresiva. Relajo mis gestos y sonrió asintiendo. . . .                                                                                 ___OLIVIA___ Falta una calle para llegar a la empresa, aún es temprano, pero me siento ansiosa por empezar, creo que me he repuesto más rápido de lo que creí, aún me siento mal por lo que me hizo Mark, la forma en la que me humilló y me corrió de su casa. Aún no se me olvida que quiso matarme, y tal vez ver ese lado de él que no conocía es lo que más me duele. «Tú fuiste la responsable». Me acuso mentalmente. Y claro que yo fui la responsable de desencadenar todo eso, pero aún así, creí conocer a Mark... Pero tengo que cerrar ese capítulo de mi vida y empezar de cero. Llego a la empresa que se llama ITAFF, veo que es grande y muy elegante como debía esperarlo, pues Giulia irradia eso en todo lo que toca y posee. Me adentro a la empresa rápidamente mientras acomodo la blusa que me ha prestado Nancy, pues digamos que el día que elegí la ropa que me llevaría de la casa de Mark, sólo tomé dos pares de pantalones y con uno me vestí, tres blusas polo, un vestido elegante que es el que me lleve al restaurante, un juego de  zapatos altos de tacón, un par de tenis, mi bolso de cosméticos, el suéter que me regalo mi madre y agarré a montones de ropa interior, pues estaba desesperada. Pero bueno, ya después compraría ropa de mi talla, porque la de Nancy vaya que me queda un poco holgada, y no es que sea gorda, lo que pasa es que tiene más busto que yo, además sus caderas están bien proporcionadas, eso y en la estatura es un poco más baja que yo. Llego con la chica de recepción que se ve apenas esta acomodando su área de trabajo. —Buen día— saludo y ella da un respingo. —Lo siento— me disculpo, pues estaba muy concentrada ordenando una carpeta. Ella sonríe y rápido toma otra postura, más profesional. —Buen día, ¿en qué puedo ayudarla?— pregunta la chica con un sonrisa. Es bonita, la juventud le ayuda, aunque si no usara ese labial rosa barato, tal vez se viera más elegante. —Vengo a una entrevista de trabajo,— le digo y ella frunce el ceño. —¿Perdón?— teclea algo en su computadora, —Creo que este día no esta concertada ninguna entrevista. Rápidamente la desilusión se apodera de mí. ¿Será que Giulia me haya mentido? No, ella hablaba muy enserio, pero, ¿entonces qué pasa, no avisaría de mi entrevista? —Oh— logro decir al momento que la chica sigue viendo en su computador negando con su cabeza, —¿Segura?— insisto. —Lo que pasa es que a mí me avisan de las entrevistas, no tengo nada programado. ¿Cuál es su nombre? —Olivia Reed. —Volveré a buscar— dice y yo agradezco. Después recuerdo que Giulia me dijo que dijera que iba de parte de ella, —Disculpe, vengo de parte de la señorita Giulia Taffini. La chica alza la mirada y levanta una ceja como denotando incredulidad. —Imposible,— dice y me descoloca, —ella no manda recomendados,— su voz ha cambiado, pareciera que no me cree. —Pero ayer la vi,— rápido saco del bolso la tarjeta que me dio y sé la muestro, —ella me dio su tarjeta y me dijo que viniera a una entrevista. La joven recepcionista toma la tarjeta y la pasa por un escáner, lo que me hace dudar si no la vi bien y tal vez tenía un código de barras, aunque estoy segura que no era así, sólo era su nombre, un número y un logotipo o escudo. —Listo—, de pronto dice la chica, —bienvenida, señorita Reed. Pase a recursos humanos, quinto piso, oficina 22A. —Gra...gracias— digo aún desconcertada. —Para servirle. Mi nombre es Alicia, ¿le gustaría que la lleve a su destino?— la recepcionista adopta una actitud muy amigable, que raro, pero aún así trato de sonreír disimulando mi extrañeza por todo esta locura. —Esta bien, gracias, yo puedo llegar sola. —Perfecto— dice sonriendo y me devuelve la tarjeta. Me retiro al ascensor y oprimo el número 5. Me quedo pensando en lo extraño que ha resultado todo desde el día de la boda, ¿será que es un sueño? ¿Cómo es que consigo fácil un tipo de amistad con la dueña de una empresa? ¿Porqué de pronto salgo librada de todo? ¿Será que estoy muerta? ¡Ay por dios! Llego al quintó piso y salgo del elevador, camino hasta donde se encuentra otra recepcionista, aunque esta se ve un poco mayor. Vamos a ver que tal me va. —Hola, buenos días.— saludo. —Buenos días— responde sonriendo, —¿señorita Reed?— me sorprendo, aunque seguro ya avisaron de recepción la tal Alicia. Asiento. —Sigame. Me guía hasta la oficina, pero no toca la puerta, sólo abre y me hace entrar. —Gracias— le digo. —Tome asiento ¿Gusta algo de tomar? —Estoy bien— asiente. —En un momento la atienden— sonríe y se va. Observo la oficina, tiene un estilo moderno, en las paredes penden cuadros abstractos, el escritorio es metálico con la superficie de vidrio obscuro, hay una computadora de última generación en color plata, así como un sistema de pantalla para algún tipo de demostración que se despliega de la pared. Recuerdo la oficina de Mark, es bonita, aunque en realidad no puedo compararla con una de recursos humanos, ¿será aún mejor la oficina de Giulia? —Lo es, por supuesto— y me sobresalto de mi asiento. ¿Será que estaba pensando en voz alta? Un hombre de mediana edad está entrando a la oficina. —Oh, claro. Nos vemos,— y cuelga. Enseguida me intento levantar, pero me indica que no lo haga. —Buenos días— saludo rápidamente y le tiendo la mano, —mi nombre es Olivia Reed. —Buen día, Olivia. Soy Sandoval Marino. —Un gusto señor Marino. —Bueno, empecemos,— dice y empieza a preguntarme mis habilidades, le hablo con la verdad, le digo que estoy disponible de horario y que tengo muchas ganas de trabajar. El asiente a todo lo que digo, algunas ocasiones escribe algo en su computador, como si estuviera llenando algún formato con mi información, creo que hasta ahí todo va bien, hasta que me pregunta que si he tenido algún tipo de altercado en los últimos seis meses que pudiera perjudicar mi empleo. Así que recordé la disputa con Mark, pero creo que no lo veré más, así que no tiene porque ser un problema futuro, y sin más niego a su pregunta. —Muy bien señorita Reed, supongo que es todo,— luego parece ver algo en su pantalla que lo deja pensando algunos segundos, —una última pregunta. —Claro. —¿Usted puede mencionarme algún suceso memorable del cual este orgullosa?— sonríe, pero yo no entiendo a qué se refiere. —Algo como ayudar a... Como protestar por los derechos de los niños, mujeres, o como por ejemplo campañas en el cuidado del medio ambiente o tal vez algo como salvar una vida. Pareciera que lo último lo ha dicho muy lento, aunque tal vez es mi imaginación, así que enseguida pienso en el hombre del auto en llamas,  pero recordé que había muerto, no era algo que hubiera logrado. Me sentí mal. —No, nada— niego un tanto insegura. Él asiente. La entrevista resulta un éxito, enseguida me dieron la respuesta, obtuve el empleo, me siento feliz, creo que es de las pocas ocasiones en que me siento orgullosa de mí misma por conseguir algo beneficioso que no afectara a terceros, porque como dije antes, tengo que hacer las cosas bien, es hora de cambiar, es hora de empezar de nuevo, lejos de todos, de Mark, de Monique y sobre todo de Liam. Salgo de la oficina, me despido de la recepcionista y llego al elevador, me adentro y oprimo el botón. Me recargo en el pasamanos del ascensor y sonrío satisfecha, —¡si!— exclamo emocionada. Ya quiero llegar y contarle a Nancy sobre el logro que he conseguido a poco tiempo de dejar mi vida de novia mimada. El ascensor llega a mi destino y se abren las puerta, me siento feliz, estoy sonriendo a pesar de que podría parecer una tonta, pero es que saber que puedo lograr algo sin la ayuda de un hombre a mi lado me da confianza. Apenas atravieso las puerta del elevador y mi sonrisa se borra, igual que la de ellos. Nuestros ojos se cruzan y mi corazón empieza a latir desbocadamente. No, no no. No puede ser. ¡Mark! ________________________________ Continuará...
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