Capítulo3. El Trabajo Perfecto.

4390 Words
El pánico se quiso apoderar de mi razón, necesitaba hacer algo, ¿pero, qué? Caminé de regreso al único lugar donde me recibirían a pesar de mi mal actitud hacia con ella.  «La casa de Nancy» Tenía que volver y aguantarme la vergüenza por como la traté esta mañana, pero sobretodo tragarme mis palabras y mi orgullo. «¿Por qué, Liam?» Tenía una gran esperanza depositada en él, en verdad creí que me recibiría, después de todo yo le había prometido llevarlo conmigo a París a vivir en un lujoso departamento. Le daría todo y a cambio sólo tenía que quererme... ¿Quererme? ¿En verdad eso es lo que buscaba en Liam? Soy una tonta, no supe jugar bien mis cartas, si tenía a alguien que me quería de ese modo que buscaba, ya lo tenía y su nombre es Mark. Maldito Liam, m*****o Mark, ¡estúpida Olivia! ¡Así es, soy una estúpida! ¿Cómo rayos arriesgué mi perfecta vida por un gígolo  idiota? ¡Rayos! Por estar distraída combatiendo y maldiciendo en mi interior no me percaté que pisé un desnivel en la calle y casi me lastimo mi tobillo. m****a. Me compongo y sigo caminando. Observo los aparadores, hay pasteles de muestra de una tienda de repostería, se me antoja comer un dulce panecillo, pero ya no tengo dinero, no le quise pedir más a Nancy porque creí que no lo necesitaría al llegar con Liam, pero me equivoqué.  —Aaahggh— gimo por lo bajo y tuerzo mis facciones como si fuera una niña haciendo berrinche.  Aun sigo caminando, después me detengo en una tienda de electrónica; observo los televisores antiguos que están en venta, así como también pantallas última generación que están encendidas mostrando todas el mismo contenido. Son las noticias, pero pronto me percato de algo, así que me acerco rápidamente y veo la noticia.  Es el lugar por donde ayer caminaba, ¡oh por dios! Están hablando del accidente, pero no hay fotos, ni siquiera mencionan que alguien auxilio al hombre. ¿Cómo se llamaría ese sujeto? Debí haber preguntado a las enfermeras, tal vez hubiera sido perfecto ir a despedirme. La reportera sigue hablando, pero esto es extraño... —Ni siquiera mencionan el nombre del accidentado— dice un hombre que está a mi lado viendo también la noticia. Lo volteo a ver y razono que está en lo cierto, —sólo dicen que ha muerto, pero no hay ni fotos, es la noticia más extraña que he visto, no hay información—. Declara el hombre como defraudado por no alimentar su morbo. Decido retirarme del lugar y retomo mi camino que me llevará a la casa de Nancy, aún me falta más de una hora, así que necesito no distraerme. En mi recorrido paso por un parque; todo es tan cálido, las personas aquí vienen a correr, otras a platicar y algunos niños a practicar patineta. Niños... Nunca me imagine con hijos a lado de Mark, tal vez ese era otro indicio de que mi futuro no pintaba para ser una esposa 'normal' a la que su esposo llega con felicidad a ver después de una larga jornada de trabajo, ni tampoco como una a la que en vacaciones lleva de viaje o a la esposa típica que su esposo le es infiel con la secretaria. De todas formas creo que eso ya no es una opción para mí, porque sólo me queda buscar otro buen partido y esta vez hacer las cosas bien. Cuando llegue con Nancy le pediré más dinero, luego se lo repondré, pues necesito ir a bares y antros para ver si encuentro otro tipo al cual exprimir. ¡Nancy! Ay no, me doy golpes mentales. No recordaba que ella ya se encuentra en el trabajo y definitivamente no es buena idea ir a pedirle las llaves del departamento, ya que si voy probablemente Mark me saque a patadas de la empresa. ¡Que horror! Ni siquiera puedo pararme en aquel lugar, además tal vez la zorra de Monique ya este al acecho y si me ve no perderá tiempo en humillarme más. Monique es una joven adinerada hija de papis, su papá hace tiempo hizo negocios con el padre de Mark, desde entonces se hicieron amigos, después a Monique le interesó Mark como hombre, así que no ha dejado de insinuársele, aunque mala suerte para ella, porque Mark nunca la vio con otros ojos más que como amiga, además que se lo dejó bien claro cuando me presentó ante ella como su novia formal, desde ese momento me declaró la guerra. Así que sin duda ha de estar más que feliz por lo que pasó. Decido tomar asiento en una banca y suspiro cansada, después agacho mi cabeza y recargo mi mentón en mis mano. Necesito hacer algo en este tiempo, no puedo llamar a Nancy, porque no puede salirse así nada más, e ir no es opción. —Día difícil, ¿Eh? — volteo a ver a mi izquierda y es una mujer muy guapa que se ha sentado también. Veo su ropa y al parecer es de diseñador, parece una mujer muy atractiva, tiene rasgos latinos, aunque es más parecida a alguien de Europa por su postura y su forma de hablar. —Ni que lo digas—. Me compongo y me recargo en el respaldo de la banca. —¿Trabajas por aquí?— pregunta la mujer mientras marca algo en su móvil. —No. Yo sólo...— y me quedo callada, no se qué hago aquí. Tal vez espero, tal vez sólo quiero un respiro de todo el caos que se me ha presentado en el último día. —Bueno, creo que no debo inmiscuirme en asuntos ajenos— finalmente dice la mujer en modo de disculpa. —Oh, no. No es eso, es sólo que casi no vengo por aquí, pero ahora sólo estoy descansando, yo no trabajo por estos rumbos. La mujer asiente en lo que digo, después saca un estuche guinda de piel y lo abre sacando un cigarrillo de su interior. —¿Te importa?— me pregunta mientras intenta prender el encendedor. Niego.  Me ofrece uno pero lo rechazo cortésmente. —¿Usted trabaja por aquí?— le pregunto indagando si es alguien importante. Ella da una calada a su cigarrillo y enseguida saca el humo mientras lo sostiene de un modo muy elegante con sus delgados dedos. —No exactamente, yo trabajo en todos lados— asiento con mi cabeza mientras trato de pensar en un trabajo en el que ella estará, —ahora estoy en esta ciudad trabajando, mañana quién sabe— y vuelve a dar otra calada a su cigarrillo. —Disculpe, ¿cuál es su nombre? —Discúlpame, no me he presentado, que tonta— y simula darse un golpe en la cabeza. —Mi nombre es Giulia Taffini— ¡lo sabía!, es Italiana. Y me tiende la mano. La saludo y me presento: —Mi nombre es Olivia Reed. —Un gusto Olivia. Así que, estas descansando.— retoma la plática y sonrío forzadamente. —No tengo trabajo, creo que necesito uno— lo digo más para mí, pero enseguida ella me tiende una tarjeta. La leo y veo que tiene su nombre. La mujer se pone de pie mientras lee algo en su móvil, —Bueno, Olivia, fue un gusto conocerte, llámame si te decides— no digo más y asiento. Ella da media vuelta y se aleja con un caminar muy seguro y despidiendo sensualidad. En verdad es una mujer muy atractiva, además su cabello a pesar de que lo traía sujeto en un coleta, podía ver que esta muy bien cuidado. Yo podría verme como ella y hasta mejor, ya que soy más joven, bueno no le pregunté su edad, pero puedo asegurar que tiene un poco más de treinta años. Vuelvo a leer la tarjeta que me ha entregado Giulia, es una tarjeta muy elegante, como todo en ella, pues es negra con líneas plateadas en las que dice su nombre y un número telefónico, «que extraño, no hay más, bueno». Sólo hay en la parte trasera un tipo de sello o escudo con espadas cubriendo a una especie de hoja, pero nada más. Guardo la tarjeta y me dispongo a caminar de vuelta al departamento, ya no se qué hacer, tendré que esperar a Nancy o ir a buscarla, y lo segundo no es muy buena opción. Necesito matar el tiempo en algo provechoso, pero en qué. Pero al final me decido, la tarjeta que me ha entregado esa mujer me da una idea. Puedo buscar un empleo, y si no me convencen esperaré a llegar con Nancy y marcarle a Giulia.                                                                           ___Nancy___ Juego con mi bolígrafo mientras pienso en lo que ha pasado en la boda de Olivia, sé que no me invitó, pero ahora agradezco no haber sido requerida, ya que el señor Mark sabría que tengo amistad con su ex prometida y muy probablemente pueda tener problemas con eso. —Señorita Nancy Benson— escucho que me llaman y salgo de mis pensamientos. —Oh, discúlpeme señor Costa— me levanto enseguida y me dirijo a la oficina de mi jefe. —Esta distraída— dice al momento que se sienta y me indica que yo también lo haga. —Perdóneme. ¿Qué necesita, señor? —Necesito que lleve personalmente estos documentos con el señor Jayson, hubo un problema con uno de los inversionistas y necesitará acomodar las fechas de los contratos él mismo, así que si no le encuentra no vaya a dejarlos con su secretaria. —¿Entonces el nuevo inversionista no vendrá esta semana? —Ni esta semana, ni la otra, ni la otra. Creo que tuvo algo urgente que hacer, tanto así que hasta dentro de unos meses lo veremos por aquí. —Ya veo. —Bien, eso es todo. Retirese.— asiento y salgo rumbo a la oficina de Jayson, el primo de Mark. Que extraño que el inversionista que era pieza clave y de suma importancia para lanzar la campaña de vinos de Syrah no va a presentarse dentro de unos meses. Llego a la oficina de Jayson, me reciben dos secretarías y les digo a qué he venido, enseguida una me hace entrar. —Gracias— le digo, asiente y se retira. El señor Jayson sale de una puerta contigua y detrás de él Hayle. Ella es la hermana menor de Monique, la rival de Olivia, así que no necesito averiguar que estaban haciendo dentro de esa sala, ya que ella es igual que la tal Monique, tal como dijo Olivia, -es una mujer sinvergüenza y muy vulgar-. Aunque, ay amiguita, creo que tú no te quedaste atrás, ¿cómo pudo ocultarme lo del dichoso Liam? En fin... Jayson levanta su rostro y rápidamente se acomoda su corbata, —Señorita Benson— dice sorprendido, lo que no parece la tal Hayle. —He venido a entregarle estos documentos, es sobre el inversionista, se necesitan reacomodar las fechas...— él toma enseguida la carpeta con los documentos. —Si, esta bien. Gracias— dice realmente apenado, —puede retirarse.— asiento y salgo frente a la mirada altiva de Hayle.  Las horas pasan y me despido de mi jefe. Aun sigo pensando en Olivia, ella es menor que yo, pero por las experiencias que ha tenido pareciera que hablo de una mujer mucho más grande. Se que es un tanto inocente aún con las cuestiones de hombres, eso a pesar de que suele decir que sabe como manejarlos, pero definitivamente mostró no ser capaz de llevar una vida fiel con un hombre que la consentía en todo. Lo que me recuerda a que no vi en todo el día al señor Mark, tal vez aún esta dolido o enojado con lo que le hizo Olivia. De todas formas, nadie mencionó nada del incidente, ¿no sería yo la única que no fue invitada? Cuando bajo del taxi me dispongo a entrar al edificio, pero enseguida me intercepta...¿Olivia? —¿Qué haces aquí?— le pregunto sorprendida, pues no creí verla dentro de algunas semanas. Olivia me toma del brazo y me conduce al elevador, —No me regañes. —¿Qué?— no entiendo nada. —Que tenías razón, ¿feliz? —Razón en ¿qué?— le digo y ella rueda los ojos. —En Liam, en que es un interesado, en ¡todo!— y se le quiebra la voz. Me siento mal por ella, aunque me da gusto que ya este lejos de ese vividor. —Olivia— digo en consuelo y la abrazo, —Cómo crees que eso me causa felicidad, tu desgracia no es para ponerme a bailar feliz, aunque no te puedo negar que me alivia que ya no vayas a ver a ese tipo. —Lo sé, es un imbécil. Pero más imbécil soy yo por no haberme dado cuenta— y empieza a sollozar. —Calma, Olivia— la rodeo con mi brazo izquierdo y salimos del elevador. Cuando entramos le mando a sentarse a la sala y le llevo un vaso de agua, —¿quieres contarme?— ella asiente con la mirada clavada en el vaso de agua que sostiene firmemente con sus dos manos y suspira. Pasamos horas hablando, creo que le sirvió mucho porque ya se ve más tranquila, de hecho algunas veces cambiamos de tema y hasta sonrió. También me contó sobre la mujer que vio en el parque, pero no estoy segura que empiece a trabajar con alguien así de importante como me la ha descrito, pues Olivia no tiene ningún estudio universitario y tal vez así como la acepten, la echen enseguida y hasta la pueden humillar.  —¿Entonces tú crees que debería esperar? —Así es Olivia, primero busca otro tipo de trabajo, puedes mientras estudiar algún curso de administración o computación, así ya es algo que puedes ofrecer cuando llames a esta mujer. —Esta bien, pero en qué podré trabajar. —¿En qué eres buena?— le pregunto y ella parece meditarlo. —Cuando era adolescente estuve trabajando en verano en una librería, ahí hacia de todo; cobraba, limpiaba, ordenaba el almacén, de mensajera y hasta hacía p********a. —Wow, multiusos— y reímos las dos. —No digo que me explotaran, lo que pasa es los dueños era un matrimonio ya mayores, así que no me molestaba hacer de todo, ellos se portaban muy bien conmigo, de hecho me llegaron a regalar libros. —Ya veo. Bueno, pues entonces a buscar un empleo con tus características y habilidades. Encendí mi computadora portátil, hicimos una hoja de vida y empezamos a mandar correos. Algunos nos contestaron enseguida, pero la respuesta siempre era -rechazada- así que optamos por llamar a unos anuncios del periódico, y eso bastó para concertar unas citas. Nos dormimos tarde, pero al fin Olivia tendría sus primeras entrevistas de trabajo. Al principio no le agrado mucho, puesto que de las tres entrevistas, una era en un supermercado, ahí acomodaría la mercancía. La otra era en una agencia de servicios de limpieza y la última en una boutique, aunque yo creo que esta última le va mejor.                                                                              ___Olivia___ La noche pasó rápido, hoy tendría que salir al mundo para empezar a trabajar, bueno, apenas serían las entrevistas, pero estoy segura que me darán el trabajo. —Nancy, ya me voy. —Espera, tienes que comer algo, además aún es temprano. —No te preocupes, estoy bien— pero me gano una mirada reprobatoria. —¿Qué?— digo encogiéndome de hombros. —No seas tan vanidosa, tienes que comer bien, mira, ten— me da pena, pero aún así acepto el dinero que me esta tendiendo. —Gracias. —Sólo promete que vas a comer algo. —Lo prometo. Te veo en la noche— y salgo rápidamente. «Ay amiga, si supieras que no iré a las entrevistas. Mejor dicho iré a una clase de encuentro que seguro me gano el "empleo"». Camino rápidamente por la acera, quiero estar lo suficientemente lejos de Nancy, necesito hacer esto a mi forma y esta era ir a algún restaurante lujoso. Tomé dinero de la bolsa de Nancy antes de que despertara, al fin que luego se lo repondré. Entro a un centro comercial, me dirijo a los baños y me meto a un sanitario. Empiezo a sacar de mi bolso la ropa que vestiré para atrapar a un ricachón, ya no sería tan exigente, pues estoy desesperada, ahora soy capaz de aceptar a un anciano. Al salir me observo en el espejo, acomodo mis senos para dar un efecto más grande, aliso mi cabello suelto y me pinto los labios de color rojo. Salgo caminando como la diva que soy; mi perfecta figura se puede apreciar por el vestido entallado color guinda y con una abertura en la parte trasera de la falda, me contoneo hasta llegar a un taxi, le doy la dirección y enseguida llego. Cuando bajo le pago al conductor y me dirijo al lujoso restaurante de estilo Italiano, pido una mesa y me dirigen a ella. El mesero se acerca enseguida y me ofrece la carta, pero sólo pido un martini, él asiente y se va. No dispongo de tanto dinero, así que espero hacer rápido mi jugada. Hay algunos hombres cerca, así que acomodo la silla de modo que mis piernas se vean al momento de cruzarlas, y funciona, uno de los hombres voltea a verme, ya que dejo una panorámica amplia de mi muslo. Le sonrío y él hace lo mismo. Después se levanta de su asiento y se acerca. —Hola— dice mientras se acomoda el saco. Lo observo un momento, no es alguien demasiado grande, tendrá acaso unos cuarenta años; su cabello castaño perfectamente peinado y unos ojos verdes que desprenden ferocidad lo hace atractivo. —Hola— digo lo más sensual que puedo. —¿Puedo sentarme? —Adelante— le digo inclinándome un poco para que mis senos lo reciban. El sonríe apenado y se sienta. Hablamos un poco, me invitó algunas bebidas, y vaya que lo agradecía, pues así le cobrarían a él la que pedí antes de su llegada. Creo que después de todo mis planes están saliendo bien. Estamos bebiendo demasiado, sé que es temprano, pero tengo que hacerlo para seguir aquí con él. Sus compañeros se han retirado, el ambiente es tranquilo con una melodía de piano muy suave ambientando el lugar, las luces son tenues haciendo muy íntima nuestra plática. Debajo de la mesa me quito una de mis zapatillas, después alzo mi pie hasta llegar a su entrepierna, estamos acalorados y necesito ya engancharlo con algo. Él jadea al instante de sentir mi maniobra, yo le sonrío inocentemente. —¿Te gustaría ir a otro lugar?— le digo con mi voz melosa. —Claro— dice conteniendo cierta emoción en su voz. —Mesero— llama pidiendo la cuenta. Nos ponemos de pie, él me ayuda retirando la silla y me ofrece su brazo, lo tomo y giramos para emprender marcha. El mesero llega y mi nueva conquista llamada Paul le entrega una tarjeta. —Iré al sanitario— necesito sacar todo el líquido que he consumido. Y con respecto a saldar la cuenta de las bebidas ya no es un problema, lo malo que por no obedecer a Nancy con comer algo se me han subido las copas. Camino directo al baño y entro, cuando término estoy viéndome en el espejo y escucho gritos fuera del baño. ¿Qué esta pasando? Salgo rápidamente y ahí, junto a mi conquista hay una mujer que supongo es la esposa de Paul, le esta haciendo una escena de celos. Que vergüenza. Necesito quedarme aquí, pero mi plan no va a funcionar, pues la mujer ya ha clavado su mirada en mí, y lo peor es que la mía me delata como la culpable. Se encamina como un animal furioso con paso firme hasta donde estoy y retrocedo. Afortunadamente Paul la sujeta y me dirige una mirada de disculpa, después saca a su mujer ante las miradas de la gente que no dejan de verme a mi también con pena. En resumidas cuentas he fracasado. Decido salir con la cabeza gacha y las mejillas rojas de vergüenza. Pero antes de que pueda atravesar la mitad del salón un mesero me detiene. —Disculpe, señorita, esta es la cuenta.— me quedo atónita. ¿Qué la cuenta no la había pagado Paul? —Esa cuenta la saldaría el señor que se fue con esa mujer— trato de sonar indignada, pero el hombre sólo alza una ceja como insinuando 'que tonta'. —La esposa del señor prohibió que pagara la cuenta, dijo que lo hiciera usted.— ¡¿qué?! Me quedo perpleja, ¿qué haré?, no traigo suficiente dinero, y si le hablo a Nancy se molestará conmigo por hacer todo lo contrario a lo que se supone haría. ¡Rayos! —Disculpe, pero yo fui una invitada del señor Paul, así que ... —Usted consumió las bebidas, usted está aquí, así que tiene que pagar. Quiero decirle que no tengo dinero, pero eso es aún más vergonzoso, ¿qué haré, qué haré? —Si me disculpa,— digo haciéndolo a un lado con actitud molesta. Pero definitivamente no me espero lo que vendrá; enseguida veo que los empleados del restaurante se dirigen miradas raras, pero de todas formas  puedo salir del establecimiento. Apenas camino dos metros lejos de ahí, —Usted viene con nosotros— y me sujetan sorpresivamente por los brazos dos grandes hombres que parecen de seguridad privada. Esto no puede ponerse peor. O tal vez sí. Llegamos a una habitación, creí que me llevarían a una sala de interrogatorio, pero no. Entramos por la puerta trasera del restaurante y me hacen sentar en una sala de espera, pero aún me siguen cuidando esos dos hombres. Observo todo, es tan elegante, hay cuadros representando unos viñedos, hay una pintura en particular, esta es grisácea con tonalidades en dorados y plata. Me levanto para apreciarla más de cerca pero... —No se levante— me dice uno de los grandes y fornidos hombres con un tono de voz severo. —Sólo quiero ver esa pintura más de cerca. —Le dije que no se levante— y se acerca amenazante hasta mí, me sujeta de un hombro y me hace sentar de una forma brusca. —¡Ey, cuidado!— me quejo, pero parece no importarle, vuelve a posicionarse cerca de la puerta por la que entramos y se cruza de brazos. Lo miro molesta, pero luego se escucha un ruido y volteo. La puerta interior que parece da a una oficina se abre y sale otro sujeto, pero este es más escuálido, con cabellos grisáceos y lentes con una armazón grueso de color n***o. —Háganla pasar— les dice a los dos hombres y  a mí ni me dirige una mirada. Me toman de los brazos y casi me arrastran hasta aquella habitación. Lugo atravesamos otra y otra hasta llegar a una muy lujosa oficina. Es todo tan moderno con un estilo elegante. Trato de deleitarme con la calidad de los asientos que se encuentran ahí, con el escritorio de madera que parece roble y una computadora en él. La silla que se encuentra detrás del escritorio se gira, y con ella una mujer... —Olivia— dice un poco asombrada. —¿Giulia?— y enseguida los hombres me sueltan al ver que conozco a la dueña del restaurante. —Déjenos solas— les ordena a los hombres y estos no dudan en acatar su orden. —Por favor, toma asiento. Cuando estoy sentada aún la sigo mirando extrañada, que vergüenza, sabrá que no tengo dinero para cubrir lo que consumí. —Y bueno, — coloca sus brazos sobre el escritorio y entrelaza sus dedos, —me han contado lo que sucedió. —Giulia, yo... —No hace falta que digas nada, ayer me dijiste que no tenías trabajo, a lo que deduzco que no tienes dinero— yo asiento con toda la pena, pero es cierto. —Aquel hombre no pagó lo que supongo te invitó, pero de eso no hay problema,— sonríe como si estuviera gozando de un chiste privado, —soy buena cobrando, a mí nadie me estafa. Y aunque su voz es tranquila puedo percibir un tono de voz amenazante, pero es que es tan sutil al utilizar sus palabras que confunde sus verdaderas intenciones. —Yo...yo pagaré, lo prometo, te pa... —No hace falta, ya te dije, aquel sujeto lo hará, de eso me encargo. —Pero, entonces qué... ¿Que hago aquí?— digo casi en un murmuro y ella sonríe. —¿Has pensando en mi oferta? —Bueno...yo iba a llamarte hoy, pero no se sí estoy capacitada para trabajar con alguien como tú— digo un poco apenada, pues recuerdo las palabras de Nancy, sobre prepararme con algún curso. —No es tan difícil el empleo que te ofrezco, necesito que seas asistente de mi asistente. Estaré fuera unos meses y necesito que no se descontrole la empresa. —Pero, ¿esta segura que soy capaz? —Averigüemoslo, ten— me entrega unos documentos, —aquí están los datos de la empresa, preséntate mañana a las nueve de la mañana, menciona que vas recomendada por mí. Estarás a prueba un mes y después veremos si te quedas. ¿Qué dices? —Le agradezco, pero...¿puedo preguntarle algo? —Claro. —Porqué, es decir...¿porqué me esta dando esta oportunidad? No mal intérprete mis palabras, es sólo que usted podría contratar a alguien más capacitada... Giulia sonríe, —Bueno, es curioso como algunas personas despiertan cierta confianza en otras, y digamos que eso me pasó a mí. Así que sin más— y se levanta tendiéndome la mano, —no llegues tarde mañana. Me despido y me conducen a la salida. Debo admitir que es de las cosas más extrañas que me han pasado, pero debo sentar cabeza y hacer las cosas bien. Mañana me presentaré a la entrevista y me olvidaré de nuevas conquistas. ____________________________ Sigue leyendo...
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