¿Día perfecto?
Sí como no.
¿Obtener lo que me merezco?
Definitivamente obtuve mucho más que eso, ¿cuento de hadas?, mejor dicho cuento de terror. Ese imbécil casi me atrapa, estuve más de seis kilómetros corriendo, creyendo que me atraparía y asesinaría; bendita resistencia que tengo gracias a que me entreno cada día.
Ahora ya he perdido todo. Sigo caminando por la carretera, pues la mansión donde vivía queda a las afuera de la ciudad. Necesito tomar un taxi, pero no pasa ninguno, ya que se supone que las personas que viven por acá todas tienen auto. «Estúpidos ricachones».
La obscura y fría noche está llegando, necesito caminar más rápido y llegar a la civilización. Saco una suéter grande color azul marino con algunas líneas blancas, este suéter lo he tenido desde que tenía 8 años, así que definitivamente no podía dejarlo con ese idiota de Mark; me lo regalo mi madre biológica, así es, mi madre murió unos meses después de regalármelo.
Yo no sabía, mi padre no sabía y sólo ella sabía que tenía cáncer, nos lo ocultó para que no sufriéramos y así cada día que pasamos a su lado fuera lo más maravilloso que pudiera existir, pues cada día lo hizo único para mi padre y sobre todo para mí, su hija.
Me coloco el suéter, me quito la cadena que mi madre me heredo cuando era una niña, este tiene un dije en forma de una hoja, dentro de ella se encuentra una mini foto de mis padres y, yo junto a ellos cuando solo era una niña; lo guardo en un bolsillo secreto de esta, pues uno nunca sabe con qué clase de gente te toparás.
Veo unas luces de un auto acercarse, es mi oportunidad, necesito hacerme ver. — ¡Oigan, deténganse!— grito, levantando los brazos y agitándolos, pero el auto pasa de largo, — ¡Malditos!— exclamo furiosa y les hago una señal obscena con mi dedo medio.
El auto se detiene y se echa en reversa unos metros. Solo espero que no sean unos tipos raros que quieran sobrepasarse.
— ¡Cállate, prostituta!— escucho que me gritan y una mujer rubia saca su cabeza por la ventanilla del asiento t*****o, —Ja ja ja ja— se burla la estúpida, pero ahora veo que son esas idiotas envidiosas. Después aceleran y se pierden en la distancia. «¿Por qué tenía que encontrarme con ellas? Además, ¿acaso vienen de la mansión de Mark?»
Esto no podría ir peor...
La noche ya ha llegado, esto me empieza a dar miedo, estaba esperanzada de encontrar una gasolinera, pero pareciera que aquí no existen esas mierdas.
Suspiro frustrada, ¿qué pasará conmigo? ¿debería regresar con mis padres?, no, claro que no, definitivamente no; necesito planear algo. Soy una mujer muy orgullosa, no puedo regresar a la casa de mis padres con la cola entre las patas, el orgullo destrozado y que mi padre sobretodo me recuerde por el resto de mi vida que me equivoqué.
¡Ya sé!, iré a vivir con Liam, sé que me acogerá, después de todo él y yo tenemos algo más que sólo sexo.
Estoy sumida es mis pensamientos cuando veo una luz resplandeciente que se va tornando anaranjada, después humo empieza a hacer presencia. — ¿Pero qué rayos es eso?— me digo a mi misma y acelero mi paso, creo que no ha sido tan lejos de aquí, pues cada vez me acerco rápido a esa escena.
Me detengo en un barranco, observo hacia abajo, hay un auto volcado entre maleza y troncos de árboles quebrados. «Ojalá que sean las estúpidas esas» pienso y río maliciosamente. —Muajajajaja— después me doy cuenta que parezco una completa desquiciada riéndome frente a un accidente, así que opto por callarme y voy directo al auto.
Me acerco temerosa, bajo el barranco y resbalo cayendo de nalgas, pero me incorporo rápidamente, pues el fuego de la parte delantera del auto está creciendo. Necesito hacer algo.
Observo bien y es un auto caro, lo deduzco por los rines y por esa figurilla llamativa que solo algunos Bentley poseen. ¿Habrá alguien aún con vida?
Desvío mi mirada hacia unos arbustos y ¡ahí está!, es un hombre que se encuentra sobre el suelo y tiene el rostro ensangrentado. Aunque hay un problema más, pues hay una línea de lo que parece gasolina cerca de él y se está incendiando, ¡necesito alejarlo!
Corro hacia el hombre rogando por que no vaya a explotar el vehículo, lo tomo de los brazos y tomo suficiente aire. Lo estoy conteniendo, necesito mucha fuerza para poder arrastrarlo, — ¡Aaaaarrh!— grito para obtener fuerza y la obtengo.
Arrastro al hombre entre las pequeñas piedras del suelo, siento que me dará un calambre, — ¡ayyyyaaayaya!, calambre, calambre— suelto un poco al hombre y me sobo el brazo derecho. Después sigo la maniobra para alejarlo.
He logrado apartarlo lo suficiente, me duele la espalda, mi abdomen y mis manos. Me inclino al cuerpo y noto que no está respirando, ¡rayos! necesito hacer algo rápidamente, así que empiezo a resucitarlo aplicando el RCP que aprendí cuando era una adolescente.
Empiezo con las compresiones, —1, 2, 3...— llego hasta 30 y ahora doy dos respiraciones de boca a boca. «Tiene unos labios suaves y carnosos. ¡Ay. Concéntrate Olivia!»
Hago eso continuamente hasta que el hombre reacciona un poco. «¡Eso es!» Festejo internamente.
El desconocido mantiene los ojos cerrados pero su semblante ya no es de inconciencia —Tengo frrrr— intenta hablar.
—Shh— lo silencio indicándole que sé lo que quiere. Así que me quito el suéter y se lo coloco al hombre. —Estarás bien— le digo dándole ánimos.
Término por cubrir bien al hombre, mientras hago presión en la pierna izquierda de él, pues tiene una hemorragia, parece que un cristal la atravesó.
«Espero que nos encuentren pronto, sino este hombre morirá.
Como desearía haber tomado un celular entre todas las cosas que me dejó Mark llevarme.»
Veo hacia el auto en llamas, tal vez ahí se encuentre el celular de este hombre, pero es peligroso si intento acercarme... ¿qué hago?, piensa, piensa.
Me levanto con firmeza, después me vuelvo a poner en cuclillas, —Necesitas oprimir aquí— le indico al hombre tomándole sus manos, él asiente con un ligero movimiento de cabeza y hace poca presión ya que no tiene suficiente fuerza en este momento para hacerlo, —Eso servirá— lo digo más para mí misma y me retiro corriendo al auto.
Cuando llego al vehículo me detengo de golpe por el calor infernal que despide, suspiro tomando valor y me adentro por la puerta abierta del conductor, está muy caliente, pero no importa, tengo que buscar rápidamente algo con lo que me pueda ayudar. Desvío la mirada por un costado del asiento y me percato que entre la palanca de freno y un pañuelo rojo está un dispositivo. Sin pensarlo dos veces lo tomo y corro lo más lejos que puedo, la llamarada está más alta y ya ha roto los cristales del auto.
Cuando llego junto al hombre imploro por que el dispositivo que tomé sirva. Es un celular muy grande, parece antiguo pero sé que son de eso dispositivos de alta frecuencia. «Tal vez este sujeto sea un espía u otro empresario ricachón...mmm sí tal vez sea sólo un ricachón.» Pienso mientras reviso el dispositivo.
Empiezo a teclear los botones y marco por ayuda, enseguida me contestan y doy nuestra localización, espero que lleguen pronto, eso sin contar que no se sí sólo fue un accidente o alguien quiso matar a este sujeto, y si es así aún estamos en peligro de que alguien venga a terminar el trabajo.
***
Pasan unos minutos, no sé cuántos exactamente, ¡pero sé que son minutos!, el móvil se apagó pero afortunadamente pude llamar por ayuda, estoy desesperada, el hombre se ha quedado dormido, pero aún respira.
Presto atención al rostro del sujeto, veo que es alguien atractivo a pesar de toda esa sangre en él, tiene el cabello n***o y suave a pesar de que está un poco húmedo por la sangre, sus facciones son muy varoniles aunque sus ojos no los puedo apreciar, pero quiero creer que tiene una mirada intensa. «¿Pero qué cosas pienso?» En verdad soy una maldita zorra, debería estar pensando en cómo prevenir algún ataque por si viene algún mercenario.
Lo mantengo junto a mí, sigo oprimiendo su herida de la pierna y pienso en el peligro en que se encuentra, también pienso en que si no hubiera escapado de Mark yo estaría ahora convaleciente y tal vez a mí nadie me hubiera ayudado.
Escucho un sonido, al parecer es la sirena de una ambulancia mezclada con la de los bomberos.
— ¡Oh si, gracias dios!— exclamo emocionada. Giro a ver de nuevo al hombre, tengo aún mis manos sobre su pierna, me encuentro llena de sangre, él está descansando, pero aun así le hablo —Ya ha llegado la ayuda, ya verás que todo ira mejor...— y de repente siento una opresión de tristeza en mi pecho, —aunque sea sólo para ti.
Cuando por fin llegan, el auto está casi incinerado, hizo una leve explosión, pero aun así fue peligroso; nos atienden, me hacen preguntas y les digo que yo sólo pasaba por aquí y lo encontré.
Me suben a la ambulancia, toman mis signos vitales, a pesar de que les dije que yo no iba en el auto, pero aun así me atienden.
Vamos en la ambulancia rumbo al hospital, algo bueno si lo miro de lado amable, pues ahora ya voy en un vehículo gratis y hasta la civilización.
***
—Siiiii— afirmo con fastidio a la pregunta que me hace la enfermera, después me indican que el médico ya me dio de alta, —gracias— le digo a la enfermera que me entrega mi bolso, — ¡hasta nunca!— grito antes de salir del hospital, pues me molestan esos lugares.
Antes de que pueda cruzar la puerta de salida me detengo, me gustaría saber qué ha pasado con el hombre herido, sin pensar más doy media vuelta y me acerco a una de las camillas donde vi horas antes estaban atendiéndolo muchas personas.
Al llegar ahí no hay nadie, me acerco a una enfermera y le pregunto: —Disculpe, señorita, el hombre que estaba ahí...— y apunto con mi dedo pulgar a la camilla.
La enfermera mira hacia allá y se queda pensativa, después voltea a ver a su compañera y le pregunta, está otra le dice algo pero no logro escuchar.
La primera enfermera me vuelve a ver y suspira con pesadez, —Ha muerto— dice muy quedo y yo sólo hago una mueca de tristeza, creo que así es la vida, conoces a alguien, te hace compañía y después sólo ya no está en este mundo.
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Después de caminar sin rumbo fijo me doy cuenta que lo mejor hubiera sido dormir aunque sea esta noche en el hospital. Pero como ya es muy tarde ahora tendré que conseguir un teléfono para llamar a Liam.
Voy caminando por la acera, a la distancia veo un teléfono público, — ¡siii!— exclamo emocionado y corro hasta él.
Pero antes de llegar veo que una mujer con un vestido muy corto color rojo y de imitación tomar el teléfono; llego hasta ella y me pongo detrás para esperar mi turno.
—Si p**i, ajam p**i— escucho que habla la mujer de dudosa reputación con un tono chillón al momento que masca una goma, después voltea a verme de reojo y abre demasiado sus ojos como si se le fueran a salir, yo sólo la veo con miedo y rareza. — ¿Se te ofrece algo rubiecita?— me pregunta la mujer.
—Ammm, sí. Quiero hablar por teléfono— le digo con amabilidad y con una sonrisa.
Escucho como masca su goma, es algo estresante, nshnak, shcknan. Maldita, ojalá ya acabe. Pero en lugar de eso se toma su tiempo y yo sólo espero parada a un lado de ella escuchando la historia de cómo el gordo Mike le exigió una rebaja por sus servicios.
Cuando por fin deja el teléfono puedo marcar a la única persona que sé me ayudara, «Nancy» . Ella es secretaria en la empresa de mi ex prometido, cuando él me presentó ante todos como su novia formal, ella fue la única que a pesar de mi pésimo carácter me soportó, así que la estimo, sé que me ayudará.
El teléfono suena, espero que se encuentre en casa, ya que tengo dos meses sin hablar con ella, siempre le doy largas que saldremos, y no es que me caiga mal, pero su estatus no le permite darse lujos a los que yo estoy acostumbrada, así que es difícil conseguir un lugar adecuado para las dos.
El teléfono vuelve a sonar, pero no contesta, le llamaría a Liam, pero él nunca contesta números desconocidos. Tal vez lo mismo pase con Nancy, ay no sé, en realidad no se mucho de ella, me doy golpes mentales por jamás haber intentado interesarme más en la única amiga que tengo.
El teléfono vuelve a sonar, si no contesta me acabaré el poco dinero que traigo.
Pero antes de que me dé por vencida contesta.
— ¿Hola?— gracias a dios.
—Hola, Nancy—. Hablo conteniendo la alegría.
— ¿Olivia, eres tú?— pregunta, confundida.
—Sí, soy yo. Disculpa que te despierte— y claro que estaba dormida, es la una de la madrugada.
— ¿Qué pasa? ¿Te encuentras bien?
—Sí, pero necesito que vengas por mí—. Le digo finalmente.
—No te preocupes, solo dame tu ubicación.
Le doy la ubicación luego de preguntársela a la mujer de antes del minivestido, y así espero junto al teléfono a la llegada de Nancy.
Me abrazo a mi misma, entonces es cuando recuerdo el suéter. «¡Rayos!, todo por ayudar.» Aunque bueno, ese hombre ha muerto, así que no debo de arrepentirme por haberle dado un poco de ayuda en su agonía.
Un auto color blanco se detiene, solo espero que sea Nancy y no otro hombre que crea que me estoy prostituyendo.
—Olivia— y siento como mi corazón se detiene por la alegría.
—Nancy— digo rápidamente y no lo pienso dos veces, subo al auto y abrazo mi bolso contra mi pecho. —Muchas gracias, Nancy, no sabes que horrible noche he pasado.
Nancy toca mi hombro en consuelo y emprende camino sin preguntar nada.
Cuando llegamos a su departamento puedo sentir un poco más de alivio, pues no dormiré en la calle.
—Y bien— dice Nancy tocando uno de mis hombros, — ¿Me contarás lo qué pasó?— yo sólo suspiro frustrada, me siento triste...aunque no tanto. En realidad creo que estoy triste por todos los lujos que perdí, porque por Mark, bah, es un imbécil. Cuando empiezo a contarle todo a Nancy se me cruza una sensación de culpabilidad, pero es por ella, ya que no me tomé la molestia de invitarla a la boda, aunque ahora sé que fue lo mejor, ya que no tuvo que ver la vergüenza por la que tuve que pasar cuando se empezaron a reír todos de mí por mi desgracia.
—Nancy— la tomo de sus manos y ella me mira sorprendida, —discúlpame por ser una maldita p***a contigo, sé que siempre has estado ahí para mí y yo en cambio me he portado muy mal contigo—.
Ella niega con su cabeza al momento que sonríe.
—Tonta— me dice dando un golpecito en el hombro, —sabes que eres mi amiga, te considero mi única amiga, pues tú fuiste la única que me ayudó cuando llegué a esta ciudad. Ya que empecé a trabajar en la empresa de...— y hace una pausa apenada, —de Mark, pero yo no tenía un lugar donde quedarme, ya que tenía que viajar muchas horas cada día de mi hogar al trabajo. Ahora me siento bien en ayudarte, yo conozco tu carácter, pero así te acepto— y sonríe mostrándome una sinceridad, después nos abrazamos y ya no me siento sola, sé que tengo a alguien y al menos es alguien bueno. Creo que son de las pocas ocasiones en que agradezco haber hecho algo bueno por otra persona, porque ahora estoy recibiendo la gratitud de ella. Y claro que recuerdo como la ayudé, yo le conseguí un departamento en la ciudad, pague la mitad del costo y ella pago el resto, aunque debo admitir que lo hice porque quería un pretexto para dormir fuera de casa algunas veces y todo para en realidad quedarme con Liam. No es un departamento muy lujoso, de hecho ella se empeñó en pagarme el dinero, quise negarme pero al final terminó de pagarme ya que es muy económico en realidad y ella ahora le va muy bien en la empresa. Ella es alguien muy trabajadora y honesta, no entiendo como puede ser mi amiga.
Cuando es de noche me quedo a dormir en el sofá-cama de la sala, ya que el departamento solo tiene una recamara, pero no puedo pedir más, a lo que me lleva a recordar lo que he perdido. Tenía todo, tenía demasiado, hasta de sobra y ahora todo se reduce a esto, dormida en un sofá que no se compara nada a mi gran cama.
Cierro mis ojos, pero no puedo conciliar el sueño, no después de ver la cólera del Mark, esos ojos que me decían que lo había lastimado y después la forma en la que intentó cazarme.
Oh por dios, quisiera regresar el tiempo y ser más precavida con mi relación con Liam. Aunque tal vez es una oportunidad para vivir una experiencia nueva a lado de otro hombre y olvidarme de Mark.
La mañana me recibe, no dormí mucho, así que no pierdo tiempo y empiezo a cambiarme.
— ¿A dónde vas tan temprano?— me pregunta, Nancy. Ella ya está cambiada para irse al trabajo, pero aun dispone de tiempo para almorzar.
—Voy a ver a...— y me callo enseguida. Ayer le conté lo qué pasó y quien había sido el otro hombre, lo que no le conté era de mi plan de irme a vivir con él. —Bueno, iré a ver a Liam, le diré que lo nuestro ya se descubrió y que podremos vivir juntos.
Pero Nancy niega con su cabeza, —No lo hagas, por lo que me contaste, ese sujeto solo quería el dinero que le dabas.
—No, Nancy. Tú no lo conoces, él y yo tenemos algo más que solo sexo.
—Hazme caso, ese tipo de hombres solo son unos parásitos, cuando vea que tú ya no tienes el dinero que tenías con Mark te dejará.
Me molestan las palabras de Nancy, así que me cruzo de brazos y la veo a los ojos. —Nancy, por favor ahórrate tus sermones, ya verás que no será así, — tomo mi bolso y abro la puerta, —un día te lo presentaré, hasta luego—. Y cierro la puerta.
Nancy me alcanzó unos metros fuera del departamento y me prestó dinero a pesar de mi grosera actitud «que buenas es», así que tomo un taxi y le doy la dirección al conductor para que me lleve al edificio donde se encuentra Liam. Aún es temprano, pero el recorrido transita por el edificio Syrah, que es la empresa de Mark. Veo los brillantes azulejos y como la fachada hacen que se vea imponente la empresa. No hay muchas personas transitando, puesto que apenas son las siete de la mañana.
Cuando llego a mi destino pago la tarifa al taxista y bajo. Me adentro rápidamente por el lobby y llego al ascensor, oprimo el piso y asciendo.
Apenas se detiene en el último piso donde se encuentra el pent-house se abren las puertas metálicas y salgo disparada a tocar la puerta.
Enseguida me abren y aparece Liam vestido solo con unos boxers.
—¡Liam!— exclamo emocionada y me arrojo a abrazarlo.
—Liv— dice apartándome un poco. Yo lo miro aun con entusiasmo, pero enseguida se me borra esa poca alegría cuando veo su rostro, es como si quisiera decir algo, pero le costara hallar las palabras adecuadas.
— ¿Qué pasa?
—Yo...bueno...— balbucea un poco mientras pasa sus dedos por su cabello, —no sé cómo decirte esto. Pero ya no podemos vernos.
— ¡Qué!— exclamo sorprendida, pero enseguida las palabras de Nancy resuenan en mi cabeza "Es un parasito, solo quiere tu dinero".
—Lo que pasa es que me he enamorado, quiero hacer las cosas bien, ya no quiero ser amante de nadie. Voy a emp...
Pero coloco mi mano delante de mí deteniendo su habla, —Para, por favor.— y siento como se me quiebra la voz al momento que mis lágrimas se desbordan. Creo que esto si me dolió, inclusive más que lo de Mark.
—Perdóname— dice y asombrosamente me cierra la puerta en la cara.
¿Qué haré?
Ya no tengo a nadie, estaba esperanzada con empezar una nueva vida con él, ahora qué haré.
Es aquí cuando empieza lo realmente difícil de mi vida.
¿En qué trabajaré?
¿Dónde viviré?
¡¿QUÉ VOY HACER?!
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