Dolor

1268 Words
Abrí los ojos con pesadez. La luz entraba por la ventana y me cegó por un instante. Me incorporé lentamente, confundida, hasta que ví un cuerpo tapando la claridad de la luz. Zarp estaba allí, de pie, mirándome en silencio. Salté de golpe, recordando todo. —¡Tu! un grito se escapó de mi garganta cuando el dolor del pie me atravesó —¡Ahhh! ¡Mi pie!— grité, llevándome las manos al tobillo. Mi cuerpo se paralizo, y el miedo me cego. Él se acercó rápido, intentando sostenerme. —Tranquila, Harica, te ayudo— murmuró. —¡No me toques!— le lancé una almohada con fuerza —¡Vete de aquí! Zarp me sujetó por los brazos, firme. —Escúchame, no puedes moverte así. Me revolví entre sus brazos intentando soltarme. —¡Sabía que este lugar no era normal! ¡Aléjate, aléjate! Eres un animal —¿Animal?— gruñó él, sus ojos brillando —Ya viste lo que soy. Y no tenías miedo anoche. Tu misma lo dijiste Lo empujé con todas mis fuerzas. —¡Eres un animal! ¡Aléjate de mí! —Esta bien, Pero cálmate ¿Si? Zarp levantó las manos, como si quisiera mostrar calma, —Ah.. Maldición Volvió a acercarse cuando me vio tocar mi pie. Me quedé helada al ver la venda apretada alrededor de mi tobillo. Mi respiración se cortó. Oculté mi rostro entre las piernas. —Mi pie… —Vas a recuperarte— dijo él, su voz grave pero baja Negué —¡No! ¡Vete! ¡Quiero que te vayas! Zarp se acercó, tomo mi rostro, cerró sus ojos con fuerza y al abrirlos eran oscuros. —¿Para qué? ¿Para que venga ese? ¿Y a él sí lo aceptes? Le lancé un zapato con rabia. Lo empuje —¡Idiota! ¡Imbécil! ¡Mujeriego! ¡Traidor! ¡Adúltero! ¡Por tu culpa estoy así! Él lo atrapó en el aire, sorprendido, y soltó una risa seca. —Nadie me había tratado así. —¡Porque eres un puto animal, Zarp! ¡Eres un perro! ¡Por eso eres un perro!— le grité, con la voz quebrada. Me reí entre lágrimas, la rabia mezclada con miedo. Zarp me miró, subió una ceja —Estás loca… ¿No estabas molesta? Me puse seria, bajando la mirada. —No me entendiste. Olvídalo. Lárgate. —No— respondió él, firme. —¡Vete, Zarp! Es en serio, no quiero verte. Además… ¿qué te pasa con Abel? Él es un amigo. Zarp soltó una carcajada sin gracia —¿Amigo? Él también es un hombre lobo. Y es peor… —¡Mientes!— le grité, Él negó despacio, acercándose un paso. —Yo te dije la verdad. Él te lo ocultó. —¡No!— negué con fuerza, mi voz quebrándose —No te creo. El silencio se volvió pesado. Mi respiración era agitada, el dolor del pie me irritaba Zarp me miró un instante más, sus ojos oscuros, no se le ve ni la parte blanca.. pero finalmente se giró hacia la puerta. —Me voy…— murmuró, su voz baja, casi un gruñido —Antes de que te alteres más. Lo vi salir, y el aire se volvió más ligero. Me quedé un rato sola, con los ojos ardiendo de tanto llorar. El silencio de la cabaña aturde. Y apenas me giré, la puerta se abrió y entró Zarp con una bandeja en las manos. Lo miré con rabia. Rode mis ojos dándole la espalda —¿Ya te comiste a mi abuela?— solté, con la voz quebrada. Él rodó los ojos, —Y se supone que tú eres Caperucita roja. Asentí con ironía, dándole la espalda. Zarp dejó la bandeja en mi cama. —Pues déjame decirte que eres idéntica. ¿A quién se le ocurre venir a este lugar y menos andar en el bosque sola? Me giré rápido, pero él ya estaba tomando mi pie. Hice una mueca de dolor. —¡Suéltame! —Tengo que hacerte un masaje— dijo serio. Negué con fuerza, apartándolo, y miré hacia otro lado, ignorándolo. Él suspiró. —Pensé que te agradaba Luck. Lo miré de reojo, —¿Quién es Luck? Zarp se encogió de hombros. —Nadie importante. —¿Quién es?— insistí. Él me empujó la bandeja hacia mí. —Come algo. Duraste muchas horas inconsciente. Lo miré con rabia. —¡Por tu culpa, idiota! Zarp sonrió apenas. —Tan linda que eres… y tu boca parece de camionero. Pero me gusta Sonrió haciendo que sus holluelos se marquen. Rode mis ojos —Y tú tan serio que eres… y eres un mujeriego— le respondí con fuerza Él levantó las cejas. —Touché. —Idiota... Se acomodó a mi lado, Pero me aleje más —Luck está triste. —¿Quién es Luck?— repetí, molesta. Zarp tomó una cucharada de cereal y se la llevó a la boca. —¡Eso es mío!— grité. —Pero dijiste que no querías. Además, Luck tiene hambre. Me giré fuerte, con rabia. —¿Quién es Luck? —El lobo blanco— respondió tranquilo. Me quedé mirando hacia otro lado. —¿El… habla? Zarp asintió. Suspiré, acomodándome en la cama, mientras hacía una mueca por el pie. Él volvió a tomar mi tobillo, hablando bajo. —Luck está triste. Lo miré fijo. —¿Cómo que está triste? Mira, Zarp… si mientes otra vez… Me quedé callada de golpe, llevándome la mano a la boca. —Tu… tu Luck me empujó al lago… y luego tú… Zarp levantó las manos. —No fui yo. Fue Luck. Me giré con rabia, Él me atrajo hacia el. Trate de soltarme pero fue inútil —¡No me toques!— grité, forcejeando. —Muy tarde— susurro en mi oreja Me alejé, respirando agitada. —Mira, Zarp… no sé cómo haces las cosas tú. Pero a mí me respetas. No soy una cualquiera. Y si me crees como la primera chica que llega a la escuela y todos la quieren, o el primer juguete… estás equivocado. No soy así. Mejor date la vuelta y ve con tu mujer. No soy para ti. Él soltó una risa seca. —Eres todo lo que necesito. Y no porque seas el juguete nuevo. Es porque eres mi mate. Cuando la luna une a dos personas, es porque esa persona es la mitad de la otra. Y también es todo lo que se necesitan. No hace falta conocerse… porque la química que tienen es única e inigualable. Jamás había sentido esto por alguien más. Es como comer algo agrio y dulce a la vez. Lo miré con incredulidad. —Estás loco. No soy nada tuyo. Ni siquiera amigos. Desde que te vi siempre me miras con desprecio. Y además, hasta tu lobo, o lo que sea, siempre ha sido odioso. Para ser sincera… aún me cuesta creer lo que vi. Siento que me están grabando, o que es una burla. Zarp transformó su mano en garra, sus dientes en colmillos. Me tapé la boca, aterrada, luego lo señale —Ok… entiendo. Eres un animal humano. Él se levantó despacio, serio. —Ahorita vengo. Tengo algo que hacer afuera. Lo vi salir, presiento algo. El aire se volvió pesado otra vez. Mi pie dolía, mi corazón latía rápido, y mi mente no podía dejar de repetir lo que dijo. Pero por alguna extraña razón no dejo de pensar en Abel.. Holaaa... Jajaja Harica me recuerda a la canción de atrapada en dos amores..
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