No digas eso

1468 Words
—Abel está en la manada dijeron los guardias.. —¿Vino por su mamá?— pregunte tratando de sonar calmado.. —No. Alfa fue a visitar la cabaña de la viuda Sentí cómo mi pecho se tensaba, la rabia subiendo como un fuego lento. Cerré la puerta de golpe. Quedé solo —¿Lo escuchaste?— gruñí bajo. Luck respondió dentro de mí, su voz áspera, burlona —Si tú no la quieres, otro sí la va a querer. Apreté los dientes. —Ella es mía. Abel no tiene derecho. —¿Ahora sí? El ya lo dijo, Zarp. Que es de ella. Y tú callaste. Además creo que Abel miente. No puede ser mate de los dos. Creo que está jugando —¿Por qué no me dijiste nada?— escupí entre dientes. Luck rió, un sonido seco en mi interior. —Porque estaba pensando las cosas. Y con Alia rondando, había que tener cuidado. Además cariño tu no la quieres —No le tengo miedo a Alia— murmuré, mi voz ronca —Y no la quiero. Pero tampoco quiero que Abel juegue con ella. Y deja de llamarme así —¿Te importa la humana?— preguntó Luck, con un tono venenoso. Negué, aunque mi respiración se agitó. —Entonces él jugará con ella— sentenció mi lobo. Me quedé en silencio. No sabía qué hacer. El vacío me golpeaba, mis manos tiemblan.. Esperé un rato, hasta que la noche se espesó. Caminé hacia la cabaña. El olor de Abel ya no estaba. Se había ido. Golpeé la puerta. La abuela abrió, sus ojos serios, penetrantes. —Alfa— dijo con respeto, pero sin suavidad —¿Su nieta está? —Ella está en la habitación. Asentí, dispuesto a entrar, pero su mano me detuvo. —Espere. Quiero saber algo ¿De quién es mate mi nieta?— su voz era firme, sin titubeos. La miré. El silencio pesó entre nosotros. —¿Abel? ¿O usted?— preguntó, con dureza. Aparté la mirada, el frío recorriéndome la espalda. —Soy yo— murmuré. Mi voz salió como un filo. —Su nieta es mi mate. No de Abel, pero pronto dejará de serlo La abuela se tapó la boca, —Puedo pasar a verla— dije, bajo, casi un susurro —Prometo no decirle nada, de este mundo Ella me observó unos segundos que parecieron eternos. Finalmente asintió. Entré. El aire dentro de la cabaña era caliente. Mis pasos resonaron hasta la habitación. Cada latido era una tortura —¿Hola? ¿Puedo? Abrí lento y estaba allí. Dormía. Su respiración tranquila. Se había quedado dormida sin cubrirse ni nada. —Es perfecta.. —Abel la quiere— susurré Me quedé en la orilla de su cama, sin atreverme a acercarme más. Luck gruñó dentro de mí, con odio y deseo mezclados. —Mírala, Zarp. No lo hagas por favor Me senté frente a ella. Mis ojos recorrieron sus manos, frágiles, su cabello húmedo, su cuello desnudo. El aire se me cortó cuando vi los pequeños morados apenas visibles en sus costillas. La cubrí con la manta, apretando la mandíbula. —¿Cómo se lo hizo?— murmuré. Luck gruñó dentro de mí. —¿Y si fue Alia? Negué con dureza. —No. Esto ya lo había visto antes. También lo tiene en las piernas. ¿Quién le hizo esto? Ella se movió, girándose. Vi sus labios, sus facciones suaves. Algo en mí empezó a cambiar, un calor extraño que no quería aceptar. Me levanté. Sus ojos se abrieron de golpe, me vio y retrocedió rápido. Se golpeó la cabeza contra la pared. —¡Ah!— gimió. Sin pensarlo la sostuve, mis manos firmes. —No me toques— me empujó con fuerza —¡Sal de la casa! Cubrí su boca, —Si sigues gritando, te dejaré en el lago. Me miró seria, sin miedo aparente. Sus ojos me atravesaron. Bajé mi mano poco a poco. —¿Por qué haces las cosas tan difíciles?– pregunté, mi voz baja, Ella guardó silencio, luego se levantó. —¿Quién eres? ¿Qué eres? —¿A qué te refieres?— respondí, sin apartar la mirada. Bajó la vista. Mis manos estaban tensas, las garras visibles. Su voz se quebró. —Quiero irme de aquí. No quiero estar aquí. Primero Abel… y luego tú. ¿Quién más viene? Rodé los ojos, con fastidio. —Te los haré rodar— dijo ella, con rabia. La miré fijo. —¿Qué dijiste? Negó rápido. —Abel… es un decir de aquí. ¿Acaso no puedo decirlo yo también? La empujé contra la pared, con suavidad.. Apreté su cintura —No lo vuelvas a decir. Es malo. —Está bien… no lo haré— susurró. El silencio nos envolvió. Hasta que ella se apartó rápido —Eres un idiota— me escupió de pronto –Frío, serio… y además un mujeriego. La mire —¿Mujeriego?.. —¡Sii!— afirmó ella.. Frote mi rostro —Quiero hablar contigo— dije, mi voz baja, firme. Ramita me miró con los ojos entrecerrados. —Primero dime en dónde estoy. ¿Por qué tienes garras? ¿Por qué tus ojos cambian? Abel también es así. Y todos me llaman “humana”. ¿Qué significa? —¿Quieres la verdad? —Si.. Un aullido rompió el silencio. Ella corrió a cerrar las ventanas, nerviosa. Me acerqué, la tomé por los brazos y la senté en la cama. Ella me apartó rápido, como si mis manos quemaran. —¿Por qué me electrocutaste? Solté una risa sin querer —No te hice nada. —Claro que sí. Tus manos me electrocutaron. Abrí los ojos, sorprendido. —¿Sí? Me empujó con fuerza. —Ya habla. Prometo no decir nada. Rodé los ojos, cansado. Ella me miró de reojo. —¿No me vas a decir lo que dijiste hace un momento?— pregunté. —Usted dijo que no lo dijera…— respondió, bajando la voz. Me levanté, pasándome la mano por el rostro. —¿Qué me pasa? Aléjate un momento. —Vete de mi casa— me soltó, seria. Reí, con ironía. —¿Me estás ordenando? Se cruzó de brazos. —No te estoy ordenando. Te estoy advirtiendo. Me reí más fuerte. —Mides como uno cincuenta y cinco, pesas como una ramita seca… ¿y te comparas con el alfa? —Los mejores regalos vienen en frascos pequeños— me respondió, desafiante. La apunté con mi dedo. —¿No me tienes miedo? Negó con calma. —Si quisieras hacerme algo, ya lo hubieras hecho. —Conste que te lo advertí— murmuré, y sin pensarlo la tomé y la subí a mi hombro. —Te falta entrenamiento de cómo cargar a una dama— se quejó. Reí bajo. —Sé cómo hacerlo. Ella también rió, con descaro. —Me han cargado más hombres que tú has estado con mujeres. Créeme. La bajé al suelo. Mi pecho rugio, la tomé por sus mejillas. Baje mi mirada, me incline un poco. Estoy rozando su mejilla. Hasta que tocó la tierra húmeda, el frío la envolvió. Se giró, y aproveche para escabullirme —¿Dónde me trajo este?— la escuché murmurar. Me oculté entre los árboles. La vi caminar, confundida. —Listo, ya mañana viene la mujer— dijo para sí misma —Porque acá no hay internet, pero hay cámaras vivientes. Un aullido salió de mi, ella se puso en alerta y empezó a correr sin dirección. Escuchó mis pasos. Se giró, pero yo ya estaba frente a ella, gruñendo, bajo —Corre... Susurré,.pero ella no me entendió —Siéntate— Me ordenó, seria. Mire para otro lado, ella se cruzó de brazos, firme. Finalmente, Luck se sentó feliz. Ama ser una puta mascota —Zarp…— empezó a llamarme, caminando. —Aww Se cortó el pie con una piedra. Me oculté tras un árbol. El lobo desapareció. Salí yo, con una bermuda, mirándola, mi cuerpo no respondia al verla así. Me arrodille frente a ella Sus ojos se abrieron grandes. —¿Lobito?— susurro. Y se desmayó, mientras me observa La sostuve para que no se lastimara al caer —Salió bien— murmuré Luck gruñó dentro de mí. —Bien mal será, chico. —Ay, ya estás hablando como ella— le respondí —Ven, mejor vamos a llevarla a la cabaña. La cargué en silencio, sintiendo su calor contra mí. Fría por fuera, pero dentro de mí algo empezaba a arder. Nose lo que me pasa. Ya no puedo estar alejado de ti. Mi corazón murió por los humanos y despertó por una. No tolero la idea de que alguien más te vea como yo te veo a ti..
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