Desayuno

1729 Words
Salí de la ducha con el corazón aún acelerado, pero el agua había logrado calmarme un poco. Me envolví en la toalla y me quedé unos segundos procesando todo. —Seguro ya se fue…— murmuré para mí misma, intentando convencerme. Abrí la puerta con cuidado. La habitación estaba impecable. Mi cama, las sábanas… todo limpio, como si nada hubiera pasado. Ni una gota de sangre. Ni rastro de Abel. Me vestí rápido, con las manos todavía temblando. Entonces escuché risas. Risas claras, familiares. —¿Abuela? Casi me daba un infarto. Corrí hacia la sala y ahí estaba Abel, sentado frente a ella, riendo como si fueran viejos amigos. Me crucé de brazos, clavando mi mirada en él. —Te dije que te fueras— solté con dureza. Mi abuela me miró —Hija, ¿qué dices? Si Abelcito acaba de llegar. —¿Abelcito? ¿Ahora sí te visitan? Él me sostuvo la mirada, inocente, como si no rompiera un plato Me senté frente a él, seria, mientras como un pedazo de pan, lo mire sin apartar mis ojos de los suyos. —Ire por el café. Esperé a que mi abuela se levantara y se fuera a la cocina. Apenas la puerta se cerró, me abalancé sobre él, apuntándole con el dedo. —Señorita.... —No sé lo que hiciste, pero sé que ocultas algo. Dímelo Abel... Abel sonrió apenas, ladeando la cabeza. —Soy un hombre lobo… y jefe de la mafia. Lo miré unos segundos, incrédula, y solté una risa seca. Me senté —Tampoco te creas la gran cosa. Pero sé que estás metido en algún problema. Y no quiero problemas, Abel, mi abuela está delicada, Él se inclinó hacia mí, demasiado cerca, con esa sonrisa que parecía un reto. Tomó una fresa del plato sobre la mesa, observé sus movimientos. Deje de respirar.. Ho por Dios, me la ofreció. Antes de que pudiera negarme, la colocó en mi boca. —Jamás dejaría que algo te pase— susurró, sus ojos fijos en los míos. Mordí la fresa, pero la garganta se me cerró y tosí, apartando la mirada —Creo que iré a dar un paseo…— dije, levantándome con brusquedad. —Te acompaño— respondió él, sin dudar. Suspiré, resignada. —Haz lo que quieras Escuche su risa, —Hari.. Harica... Me di la vuelta, y el tenia mis zapatillas en sus manos... Se las quite rápido.. —Casi te ibas.. —No sigas, las estaba buscando..— me los coloque y el me abrió la puerta.. Lo miré y me apresure a salir.. —No puedes andar por estos lugares sola.. Tienes que cuidarte cuando yo no esté Lo mire, hasta que escuche unos pasos tras de nosotros. Giré apenas, lista para enfrentar lo que fuera, pero Abel apareció a mi lado con esa sonrisa despreocupada. —No te asustes— dijo suavemente —Solo soy yo. Fruncí el ceño. —Escuché pasos. —Los míos— respondió con calma —Por favor, no me niegues tu sonrisa. No me gusta verte tan seria. Así no eres tu Suspiré, tratando de relajarme. —Cuentame sobre tu vida. ¿Que te gusta? ¿Dónde vives? ¿Tu familia? —Mi tipo de sangre es ORH- —Que graciosa, pero es un buen dato. Ya se que somos compatibles— me gire rápido por su respuesta, —¡Aww!— murmuré, al tropezarme con algo baboso del piso. Tire mi cara para atrás, y mire el mentón de Abel. Luego sus labios, su nariz, sus ojos.. Sus cejas pobladas.. Maldición ¿Que me pasa? Jamás había sentido mariposas.. Creo que son parásitos más bien. —Estoy bien— hable bajo, y el se sentó al frente de mi... Tomando mis pies, pero se los quite rápido. Una de mis inseguridades son mis pies. No son muy bonitos que digamos, creo que ni regalando fotos de mis pies las ven.. Él se quedó en silencio. Su mirada se endureció, fija en mi —¿Qué tienes?— pregunté, poniéndome firme —Nada— negó rápido. Lo observé unos segundos, pero decidí no insistir. Luego aclare mi garganta, el bajo su mirada y luego me volvió a ver.. Suspire —Mi vida en casa…— empecé, sin mirarlo —Es algo rutinaria, no veo muy seguido a mi madre. —¿Por qué? —Ella... Mi madre me decía que el tiempo que duró en casa, lo pierdo. Que es mejor estar en la academia, y así tener más oportunidades.. —Entiendo— lo dijo casi entre dientes. —Desde pequeña viajaba mucho con mis padres, siempre de un lugar a otro. Pero después… mi padre murió. Sentí cómo mi voz se quebraba un poco. Bajé la mirada. —Tuvimos que emigrar. Fue duro. Pero allí descubrí algo que me salvó el baile. Abel me miró de reojo, —Te gusta bailar, ¿verdad? Asentí, con una pequeña sonrisa. —Es demasiado hermoso. Es… increíble. Como si todo lo malo desapareciera por un instante. Aunque ya no siento lo mismo. —¿Por qué?— preguntó, inclinándose hacia mí. Me encogí de hombros. —Cuando sientes la presión… cuando todo se convierte en exigencia… cuando pierdes y te culpan. Me gusta competir, pero siento que ya no es lo mismo.. Él me observo, luego me quito una hojita que tenía en la cabeza —Explícame. Sonreí, negando —No me pongas cuidado. —Vamos, continúa. Me gusta escucharte– insistió, con una voz grave Lo miré un instante, dudando. —Es solo que… es difícil. A veces el baile deja de ser libertad y se convierte en una carga. Abel asintió despacio. Mojo sus labios, luego me atrapó observandolo. Mire para otro lado rápido —Está bien. Pero si quieres hablar, estoy aquí Lo observé, tratando de calmarme —Mira que aún no confío en ti. Él rodó los ojos, con una sonrisa ladeada. —¿Qué debo hacer para que lo hagas? Me crucé de brazos. —Algo que demuestre que no me vas a vender, demuestra que eres bueno Él se inclinó más cerca, sus ojos brillando —Ser bueno aburre, siempre es bueno tener algo de adrenalina. Pero tienes razón. Te diré mi vida Lo miré seria, sin apartar la vista. —Continúa El silencio se extendió entre nosotros. Él parecía cómodo, como si disfrutara de mi presencia, yo, en cambio, sentía que cada palabra suya era un juego peligroso. Pero se siente bien. —Tu abuela te llama— hablo bajo, me levante con la ayuda de el. Mire para los lados. —¿Cómo la escuchaste? —Un don, escucho todo a mi alrededor. Hasta tu corazón.. Deje de respirar. —Respira por favor. No quiero quedar viudo sin siquiera tenerte aún. Me reí, no aguanté.. —Eres gracioso.. Pero no quiero problemas si llegas a tener alguna mujer por ahí ¿Estamos? El me observo mientras caminábamos, se detuvo.. —¿Mujer? Yo no tengo, ¿Alguien te molesto? Mire como sus ojos cambiaron a un rojo intenso, primera vez que veo esto. Note como su cuello está lleno de venas brotadas. Tiene la mandíbula marcada.. Juro que debería de darme miedo. Pero no... —Abel.. Nadie me molestó, además.. Dime algo, no es que me gusta el chisme. Pero.. Ya que estamos aburridos, y tú sabes ya somos amigos.. —¿Amigos? Hace rato me insultaste.. —Ay eso hacen los amigos chicos— entramos a la casa de la abuela, y la mesa estaba preparada.. Mi abuela con una sonrisa nos espera. —Ya casi se enfría.. Vengan desayunen.. Tome asiento y Abel solo me observaba serio, y con una mueca en sus labios. Y una ceja alzada —Abuela, su nieta me está dando miedo– susurro el traidor.. —¡Harica! Hija come por favor.. Asentí, lo seguí mirando.. Me cambié de asiento, y me puse a su lado.. Mi abuela negaba —Abel... —¿Mm? —¿Que ocurrió? —¿De qué? —Entre el mujeriego y tu.. Abel se atraganto, —Chico no te me vayas aún..— le empecé a dar golpes en la espalda —Casi me sacas un pulmón— dijo entre risas y tos.. —¡Harica pareces una perica hija! Come y deja a Abel.. Mire a mi abuela y Asentí. Luego a Abel, sonríe y el se echó para atrás.. Me acerque a el.. —Dime algo.. ¿Pelearon por una mujer? ¿Le mataste a alguien? O eran novios... —¿Novios?— gritó —Habla pasito que me van a regañar por tu culpa— le tape la boca. —¡Aww!— me lamió la mano.. —Eso es por decir que era novio de ese ser. Pero un momento ¿Dijiste mujeriego? Me senté bien, subí una pierna en la silla mientras desayuno, el observaba cada movimiento mío. Luego mire mi plató mientras le saco lo amarillo del huevo.. —La señora Luna vino molesta.. Pero que bella mujer, de verdad no entiendo porque se rebaja con ese hombre. Por favor, hay mejores— me giro para verlo, y el está con una ceja arqueada y los labios torcidos. Su nariz está abombada.. Lo señale.. —¿Sucede algo? ¿Tengo algo?— se empezó a limpiar la cara —¿Pelearon por una mujer? —Noo.. fue por otra cosa, y ya deja de hablar de ese ¿Si? Asentí y luego mire como mi abuela se fue a llevar algo.. Me gire a donde estaba el.. —Quien te viera tan delicada. Y eres terrible.. —¿Dijiste algo?— lo apunte —No.. Nada, que esa mujer es delicada —Bueno si. Pero aquí el punto, es que vino porque pensó que yo sé lo iba a quitar. Por favor, no es mi tipo. Y además está casado.. —¿Y como es tu tipo? —Sin comentarios— murmuré mientras desayuno, —Yo también tengo mi tipo de mujer— dijo y lo mire.. —¿Cómo es? —Sin comentarios... Rode mis ojos, —Si sigues así te los haré rodar de verdad.. —¿Disculpa?— tosi —Que te haré rodar, es un decir de por aquí. Cuando ves a alguien hacer eso— dijo entre risas. Asentí —ártatlanság— susurro Inocencia...
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