La tensión podía sentirse en el ambiente. Así que esta era la mujer que había abandonado a Alexander de manera vil. Ella miró mi barriga con total desprecio, iba a darme la vuelta, no obstante, Alexander se puso delante de mí como si fuera un escudo. —No entiendo lo que estás haciendo aquí. Mejor vete y déjame en paz. —¿Acaso esa mujer es tu amante? —Ese no es tu asunto, solo vete y no se te ocurra cruzarte en mi camino. No quiero verte ni en pintura. Alexander tomó mi mano con fuerza y luego de eso nos fuimos de aquella tienda. A pesar de que él venía detrás de mí protegiéndome de la mirada de esa tipa, podía sentir como sus ojos penetraban el cuerpo de mi marido y se posaban en mi espalda. —Alexander, tengo miedo. —Shhh, no tienes por qué tenerlo —él me tomó de los hombros y me mi

