Subí en la limusina y luego lo hizo Alexander. A pesar de que las cosas habían salido bien, tenía una intranquilidad en mi corazón. —¿Qué te sucede? ¿Por qué ese semblante? —No lo sé, siento que Aracely no es tan simple como quiero creer. Solo espero que no dé muchos problemas porque estoy en una etapa de mi vida en donde lo único que deseo es tener un embarazo tranquilo. —No te preocupes que si ella te ocasiona problemas, estaré ahí para detenerla. No permitiré que nadie te quite la tranquilidad. —El problema es que si tú llegas a creer en las mentiras que ella pueda inventar en mi contra. —No pienso hacerlo, cariño. Ten por seguro que siempre te voy a creer a ti por encima de cualquiera. Sonreí ante las palabras de Alexander. Cuando nosotros llegamos a la casa, fuimos directo a des

