Pensaba que estas vacaciones de verano serían increíbles porque pasaría más tiempo con Franco... ¡error!
Él está a full en el trabajo y mis padres programaron un viaje al norte a visitar la familia de mamá y hace casi un mes que estamos acá. Papá se quedó unos días y volvió a trabajar a Altamira, pensé seriamente esconderme en su maleta... pero no cabía en ella. Además, no quise arriesgarme a perder el voto de confianza si me ve haciendo algo tan infantil como eso.
He pasado largas horas explorando los alrededores y no hay mucho que ver, el norte es más bien seco y árido, tampoco tengo con quien compartir, excepto por mi tía y mi madre. Todos mis primos ya son adultos.
Dibuje unos cuantos paisajes costeros era lo más lindo de ver. Bajo una parra estamos las tres, bebiendo limonada casera que ha preparado mi tía para refrescarnos en este caluroso día, otra característica del norte. Saco mi celular del bolsillo que acaba de notificarme un mensaje.
Franco dice:
Estoy loco por verte ¿cuando regresas?
Amanda dice:
También quiero verte, pero mamá aún no decide cuando regresar ='(
Franco dice:
Mi falta de ti la compenso trabajando.
Amanda dice:
Eso no lo dudo, mientras tanto te envío esto (selfie gesticulando un beso)
Franco dice:
Mmm que beso tan tentador, lo agregaré a mi lista, recuerda que me debes los besos de las rosas.
Amanda dice:
¿Me los cobrarás todos?
Franco dice:
Por supuesto, uno por uno...
>.
Franco dice:
Vuelve pronto cariño.
Amanda dice:
Pensaba esconderme en la maleta de papá, pero no cupe.
Me responde con caritas divertidas.
—¿Con quién te ríes tanto, niña? —pregunta mi tía divertida, inmediatamente levanto la vista sobresaltada.
—Eeh... —vacilo sin saber que decir, estoy a punto de quedar en evidencia, y la aguda mirada de mamá está fijamente sobre mí. >— ¡con Alex!
—¿¡Todavía eres amiga de Alex!?
—Si... —Le sonrio nerviosa.
—Viendo la cara que pones al hablar con él, me doy cuenta que esa amistad va fijo para matrimonio. —Exagera disfrutando de su broma.
—¡Ayy noo, tía! —protesto—. Todos me dicen lo mismo.
—¿Ves, Amanda? —Mamá participa de la jugarreta.
Cruzo los brazos y me apoyo en mi asiento enfurruñada. Me molesta escuchar siempre lo mismo porque Alex es como mi hermano, jamás podría pensar así con él.
—¡Oye! hablando de matrimonio —continúa mamá—. Con Enrique estamos planeando celebrar nuestro aniversario número veinte.
—¡Eso es estupendo, hermanita! —responde mi tía —. ¿Cuando quieren celebrar?
—En primavera, cerca de la fecha en que nos casamos.
—Ah, falta bastante para Septiembre.
—Por eso te aviso con tiempo, para que se organicen y asistan todos.
—¡Con gusto estaremos ahí contigo!
—Me llamas para confirmar cuantos irán, queremos arrendar un espacio apto para estar cómodos.
—¡Ah! va con todo la celebración —exclama mi tía con mucho entusiasmo.
—¡Claro! de eso se trata.
—¿Le ha ido bien a Enrique con su nuevo socio?
—Si, Franco es el hijo menor del mejor amigo del padre de Enrique cuando vivían en Córcega. Han trabajado mucho para hacer crecer el negocio, no entiendo de esas cosas, Franco siempre utiliza unos términos complicados.
—Se llama gestión estratégica, mamá —Le aclaro con cariño y ella me sonríe.
—Parece que es muy inteligente ese nuevo socio.
—¡Mucho! además de encantador y guapo hasta decir basta.
—¡¡¡MAMÁ!!! —exclamo sorprendida y escandalizada a la vez.
—¡Ay, hija! no te asustes, sabes que quiero a tu padre, pero las cosas hay que decirlas como son.
Las tres nos echamos a reír de buena gana.
(...)
Hace una hora que organizo mis trabajos que tengo esparcidos sobre la cama, desecho los que ya no me gustan y los demás los guardo en una carpeta. Es un día bastante caluroso así que me puse un vestido ligero con volados y sandalias, sin que falte el collar que me regaló Franco.
—¡Amanda, ya nos vamos hija! —grita mamá desde las escaleras.
—¡Bueno, mamá!
Llegamos hace un día del norte y mis padres se extrañaron tanto que aprovechan la primera oportunidad para salir, subo el volumen de la música y a los minutos suena mi celular.
—Papá... —respondo.
—Amanda, olvidé que pasaría Franco a buscar unas declaraciones de impuestos, pásaselas por favor.
—Ok ¿dónde están?
—Sobre mi escritorio, ya le avise a Franco que estarás tú, va en camino.
—Bueno, yo se los paso.
—Gracias, hija. Adiós.
—Bueno, adiós.
Con la excitación y la impaciencia recorriendome, corro al espejo para mejorar mi apariencia. Estoy tentada a maquillarme un poco, pero recuerdo que no importa como esté arreglada, Franco siempre me mira con admiración. Unos minutos pasan y él ya está aquí tocando la puerta de mi habitación. Me acerco para abrir y al instante nuestros ojos se encuentran, intensos y deseosos. Sin decirnos una palabra, nos dejamos llevar por este deseo vehemente que nos consume cada vez que nos vemos. En un acto de impaciencia, me levanta por la cintura y me aferra con fuerza hacía él, yo le respondo rodeandolo con mis brazos y mis piernas para fundirnos en un intenso abrazo al mismo tiempo que nos besamos deseosos, avanza conmigo hasta mi tocador y debido a la urgencia chocamos contra el, Franco hace espacio para sentarme encima y caen algunas de mis cosas, la pasión sube como la espuma.
Estar tanto tiempo sin vernos nos pasó la cuenta.
Su cuerpo ardiendo bajo mis manos y su pecho que sube y baja sin cesar, son una danza voluptuosa que me invitan a dejarme llevar sin pudor, y sus gemidos roncos son la melodía que me va enloqueciendo cada vez más. Franco nota mi estado y sube sus manos suavemente por mis piernas, con mi vestido como su cómplice que le abren paso sin imponer límites, y como si quisiera llevarme al límite de mis deseos, entre caricias y besos me susurra al oído palabras dulces... ardientes... y llenas de deseo...
—Te extrañé, preciosa... me vuelves loco... —Sus manos se aventuran temerarias un poco más arriba, se detiene en mis caderas esperando mi consentimiento para avanzar—. Te deseo tanto, cariño... —manifiesta su petición implícita acariciando en los bordes que imponen mi ropa interior, estoy en un punto decisivo de no retorno, y a pesar que siento el mismo deseo que él, algo dentro de mi corazón no me permite entregarme por completo, necesito más tiempo.
—Franco... —musito poco convencida. Él, persiste en su odisea por deshacerse de la ropa que estorba su deseo—. Espera... aún... aún no.
En un esfuerzo sobrehumano, cierra los ojos y se domina apretando la mandíbula con fuerza. Su corazón late frenético, puedo oír su palpitar. Pongo mi mano sobre su pecho en un esfuerzo por calmarlo, detesto dejarle en este estado.
—Perdona... —me excuso avergonzada, él abre los ojos de inmediato y mueve la cabeza negativamente.
—No te disculpes, te dije que no te obligaría a nada. Estar contigo es mas importante que un momento de placer.
Sus palabras me conmueven profundamente, le sonrío aliviada y alzo mi mano para acariciar su mejilla como muestra de gratitud, sé que no es fácil para él. El silencio no es para nada incómodo entre los dos, es placentero. Aprovecho para detallar cada parte de su rostro masculino, perfecto, y sé que él está haciendo lo mismo por la forma en que me mira.
—¿Por qué tienes tanto miedo, Amanda? —suelta de repente—. ¿No estás segura de lo que sientes por mí? —Me contempla receloso, puedo advertir que teme lo que pueda decir.
—No, Franco. No es eso —lo tranquilizo y le confío con sinceridad—: No es fácil para mí la primera vez. Es algo tan íntimo entre dos personas y no me lo quiero tomar a la ligera, quiero estar segura del paso que voy a dar.
Sus ojos se llenan de ternura y admiración.
—Eres tan distinta, Amanda. Profunda y fiel a ti misma. Siempre te muestras tal cual eres y eso me cautiva de ti. Te voy a esperar lo que sea necesario. —Me acomoda el vestido y mi cabello, este gesto es tan encantador en él. Pasa su mano por mi rostro y juguetea con un mechón.
—¿Por qué siempre haces eso? —le pregunto curiosa.
—¿Qué cosa?
—Eso. —Hago un gesto con la boca indicando su dedo enrollado en mi cabello. Inmediatamente sonríe con satisfacción.
—Me fascina tu cabello largo, es tu s*x appeal.
—¿s*x appeal? ¿Qué significa?
—Significa atractivo físico y s****l. —Me guiña un ojo coqueto.
—Oh, ya entiendo. Como tu barba lo es para mí.
Sonreímos mutuamente halagados. Me ayuda a bajar del mueble y juntos colocamos mis cosas, que están esparcidas por el suelo, en su lugar. Un brillo travieso aparece en sus ojos.
—¡Los estragos de la pasión!—exclama con diversión.
—Menos mal que paramos a tiempo, si no, esta pieza ¡arde en llamas!
Ríe abiertamente levantando mi cepillo y lo deja donde estaba, yo hago lo mismo con el libro que estoy leyendo antes de dormir. Sus ojos bajan hasta mi cuello.
—Que lindo se te ve nuestro collar —dice al mismo tiempo que lo toma con sus dedos.
—Me gusta mucho, siempre lo llevo puesto.
—Precisamente esa era mi intención, que lo lleves siempre contigo. —Luego, se gira y observa detenidamente mi habitación—. Primera vez que entro aquí...
Lo miro en silencio un poco avergonzada, la decoración es tan infantil...
—Este lugar te representa tanto... ordenado, cada cosa está en su lugar... las flores te van... —Una clara referencia al estampado de las cortinas y el cubrecama a juego, avanza otro poco hasta llegar al borde de la cama—. La decoración me resulta femenina y delicada, con un toque romántico. Un verdadero placer a la vista, así como tú. —Sus ojos risueños buscan los míos y continúa en su reflexión—: tu sencillez te hace aún más bella.
Sus palabras son una dulce melodía para mis oidos, me acerco a su lado y Franco señala los papeles esparcidos sobre mi cama:
—Y luego está... esto. Como esta cama desordenada y llena de ideas, asi está tu cabeza llena de preguntas y miedos. —Da golpecitos con su dedo en mi sien. Esta vez no puedo evitar reír sonoramente.
—Franco, ¿desde cuándo eres psicoanalista? ¿estás seguro que la ingeniería comercial es lo tuyo? creo que te has equivocado de carrera.
Las comisuras de su boca se expanden con diversión.
—Para ser Ingeniero comercial, también se necesita alta capacidad de análisis, así que mi cerebro ya está entrenado.
¿Hay algo qué no sepa hacer? hasta ahora no he visto más que cualidades en él. Franco se inclina y toma uno de mis dibujos examinandolo con curiosidad.
—¿Esto lo haces tú? —pregunta.
—Si...
—¡Wuau! eres buena... ¡bastante buena! ¿lo sabías? —exclama revisando los dibujo uno por uno.
—Más o menos... —le contesto insegura.
—¿Cómo que más o menos?... —Sus ojos repasan cada detalle del dibujo que tiene en sus manos—. Tú papá tenía razón, creí que exageraba un poco y es que cuando se trata de ti no escatima en elogios, pero veo que se quedó corto. ¿Los copias o los inventas tú misma?
—Algunos los invento, pero la mayoría los copio de lo que veo.
—¡Si, este es igual a tu jardín!deberías plantearte seriamente estudiar Bellas Artes.
—¿Tú crees?
—Por supuesto, en la carrera de Bellas Artes te dan las herramientas para que saques todo tu potencial y talento ¡Amanda, lo que haces es muy bello!
—Gracias, tus palabras me animan. No sabía que carrera estudiar.
—Me alegra poder orientarte en tu futuro, es una decisión importante. Y creo que, definitivamente, este es tu camino.
—¿Sabes qué? Voy a mostrarte algo que también te gustará.
Se queda intrigado observándome ir al cajón donde guardo bajo llave mi croquera con bosquejos y regresar con ella.
—Ten.
—¿Y esto?
—Ábrela... serás él primero en ver lo que hay dentro.
—Será un honor. —Abre la croquera y se queda deslumbrado mirando el primer dibujo y luego sigue ojeando los dibujos uno a uno—. Amanda... ¡somos nosotros! has dibujado cada momento que hemos vivido juntos. —Su rostro se ilumina con entera satisfacción.
—¿Te gusta?
—¡Por supuesto que me gusta! es más, ¡me encantan! Dibujaste tan bien detallado que parecen una fotografía en blanco y n***o. ¿Me permites quedarme con tu croquera?
Complacida hasta lo sumo, le sonrío de oreja a oreja.
—Bueno, pero primero déjame completarla... ¿supongo que seguiré teniendo momentos para dibujar?
—Necesitarás muchas más croqueras. Yo me encargaré de eso.
—¿De las croqueras o de darme momentos para dibujar?
—De ambos —responde con autosuficiencia y me guiña un ojo. ¡Como me gusta que haga ese gesto tan coqueto!
Esto se siente como amor, pero ninguno de los dos habla al respecto. Tal vez, Franco no siente lo mismo que yo, y por miedo a su respuesta, prefiero callar este sentimiento.
(...)
Han comenzado las clases en el preuniversitario y Alex ha regreso de sus vacaciones en el sur. Las cosas en la oficina prosperan gracias a la gran capacidad profesional de Franco, y el prestigio y confianza que representa mi padre, fruto del esfuerzo de años de trabajo. Se han complementado de manera excelente y en muy poco tiempo han hecho crecer su clientela y las áreas demandas por estos. Asesoran en materia contable, tributaria y laborales, la carga laboral ha aumentado y disminuido su tiempo disponible, pero trabajan a la par para pronto convertirse en una empresa consolidada y poder contratar más personal y delegar tareas.
Por mi parte, he ido adaptándome poco a poco al preuniversitario. El horario de clases es intermitente y no siempre salgo a la misma hora. Con Alex coincidimos en algunas clases, ha optado por medicina y yo estoy pensando seriamente seguir el consejo de Franco y estudiar Bellas Artes.
(...)
—¡Amanda, espera! —Alex corre hacia mí por el pasillo de la sede educativa.
—Hola, Alex.
—Hola ¿vas a lenguaje?
—Si.
—¡Que bien! Vamos juntos. Ayer te estuve llamando —comenta mientras entramos a la sala.
—Lo siento, estaba ocupada...
—Tampoco respondiste mis mensajes.
—Lo iba a hacer, pero se me olvidó... es que me quedé dormida —respondo sin interés y saco mis cuadernos para la clase.
—Ah... —Decepcionado, se sienta a mi lado—. Podríamos juntarnos en la tarde y jugar videojuegos... ¡Te daré la paliza de tu vida! —desafía entusiasmado, dejo de anotar en mi cuaderno y lo miro a los ojos.
—No puedo, Alex. Tengo que estudiar. —El silencio se hace de piedra.
—Estas estudiando mucho últimamente. —Su tono suena a reproche.
—Si, lo hago. Estoy totalmente concentrada en ello, Alex. Mi futuro depende de eso.
—Será otro día entonces.
Asiento sin decirle nada más, Alex me contempla confuso, no comprende mi actitud... ni yo tampoco. El profesor entra y me dedico la clase completa a tomar apuntes y escuchar con atención sin hacer caso de las miradas de Alex intentando decirme algo gracioso. En el horario de término, guardamos nuestras cosas en silencio y uno de los estudiantes, llamado Bruno, se acerca a mi para hablarme.
—Hola, encanto.
Lo miro brevemente y le respondo con un seco:
—Hola.
—¿Vienes conmigo a tomar algo?
¿Qué? Algunos tienen una personalidad sorprendente. Alex observa la escena desde su lugar.
—No, gracias.
—Dale, encanto. Te divertirás conmigo, ya lo verás.
Usa un tono exageradamente seductor e intenta tomarme por el brazo confianzudo. Me echo hacia atrás para exquivarlo, inmediatamente, Alex se interpone entre los dos.
—¡Te dijo que no! —le grita.
—¡OK, OK! —Bruno levanta las manos en señal de rendición y se marcha.
—¡Idiota! —digo entredientes.
—El efecto Amanda —bromea.
—¡Cállate! —Divertida, le doy un golpecito en el brazo y salimos juntos de la sala.
Ya es casi hora de almuerzo y tengo mucha hambre, saco un chocolate de mi bolso mientras voy a casa a comer.
—¿Tienes más clases? —pregunta Alex.
—No, esta era la última ¿y tú?
—Tengo biología.
Le doy un bocado a mi chocolate y Alex hace lo mismo, me mira divertido esperando que siga la jugarreta, pero no sé lo que me pasa, estos juegos ya no me divierten y me irritan.
—¡Alex! —exclamo frunciendo el ceño molesta.
Su rostro se transforma automáticamente, la sorpresa y decepción se leen con facilidad, me arrepiento enseguida y pongo una mano en su hombro.
—Disculpa... Es que he estado estudiando mucho y estoy un poco estresada.
Justo en ese momento recibo un mensaje, echo una mirada rápida... es Franco.
Franco dice:
Te estoy esperando...
Disimulo con mucha dificultad mi entusiasmo y miro a mi amigo fingiendo indiferencia, no se ha perdido ningún movimiento.
—Alex... me tengo que ir ¿hablamos después?
Sin decir nada, asiente con cara de cachorrito abandonado y yo salgo a toda carrera a encontrarme con él hombre que ocupa todos mis pensamientos. Franco me espera a dos cuadras de la sede por precaución. En el momento en que lo veo apoyado sobre su moto, siento una descarga de adrenalina y al llegar a su lado, lo rodeo con mis brazos y sin esperar el saludo lo lleno de besos. Una sensación placentera se apodera de mi, como si al fin respirara nuevamente. Franco me corresponde el abrazo deleitandose en mis besos.
—¡Me encantan estos saludos! —dice fascinado.
—¿Pudiste escaparte del trabajo?
—Si, pero no por mucho tiempo, estoy en mi horario de almuerzo y debo regresar.
—¡Oh! eso es triste.
—Vine a traerte esto... —saca una caja de atrás con un lindo moño colorido.
—¿Qué es eso? —pregunto impaciente.
—Es para ti, ábrelo...
Levanto la tapa y me encuentro con un verdadero tesoro para mi. Está lleno de materiales de todo tipo para dibujar, levanto la vista incrédula.
—Para mi artista favorita.