Capítulo 11

2665 Words
Hoy es uno de los días más esperados por mi: Navidad, mi fiesta favorita del año. Normalmente celebramos solo los tres, la familia de mis padres viven lejos y es dificil viajar para estas fechas con la familia completa. Con mamá estamos en la cocina preparando manjares navideños, este es el único día del año que me encanta cocinar y hacer mucha comida. También he adornado casi toda la casa y he puesto música acorde, y es que Navidad tiene esa magia contagiosa que deja hermosos recuerdos en tu memoria, sus luces de colores y melodias que entregan paz y amor al mundo, los sabores y aromas característicos de esta época, y lo mejor de todo, reunirse con la familia y compartir la mesa de deliciosos platillos. Y este año tiene un plus especial para mi porque papá ha invitado a Franco, no viajará dónde su familia por un tema de trabajo y distancia. El cariño y la amistad que se tienen es fácil de apreciar al verlos en la sala conversando. El tono navideño de mi celular me interrumpe, dejo las galletas a un lado y miro la pantalla antes de responder. —Hola, Alex. —Hola ¿cómo va todo? —Ya casi ¿y tú? —Al fin encontré buenos contrincantes en los videojuegos. —¡Oye! admite que yo soy más divertida. —Y muy mala perdedora también. —Los dos reímos de su comentario—. ¿Están solos? —No, papá invitó a Franco este... —¡Uy ese Franco me sale hasta en la sopa! —me interrumpe. —¿Te molesta? — ...No —responde de mala gana. —No te agrada ¿verdad? —No me gusta como te mira... no confío en sus intenciones. Doy un vistazo a mi alrededor y me aparto un poco para asegurarme que nadie nos escuche. —Alex, ¿enserio me llamaste para decirme esto? —¡No, Amanda! solo quiero que estés atenta. —¡Vale! ya lo habías dicho. Franco no es como tú pien... —¿Qué? ¿ahora lo defiendes? ¡no me lo puedo creer! —¡Porque eres prejuicioso, Alex! —¿No eras tú la que decía que en hombres mayores no se puede confiar? —Claro, pero a Franco lo he ido conociendo. —Yo no me confiaría de... —¡Ya, Alex! no voy a discutir contigo justamente hoy. —Le paro la mano y Alex resopla resignado. —Si, tienes razón... perdona. Quería desearte una Feliz Navidad, mis padres te envían cariños y mi regalo me lo puedes enviar acá. Logra hacerme reír de nuevo, el enojo no me dura mucho con él. —Está bien, igual tú. Dale las gracias a tus padres de mi parte y te debo el regalo. Ríe divertido. —Adiós, Amanda. —Adiós, Alex. He disfrutado más que nunca la cena, estar con Franco ha hecho que este día sea memorable. Con mamá los obligamos a probar todo lo que cocinamos, aún no terminaban de degustar un bocado y ya les ofreciamos otro sin aceptar un no como respuesta. Fue divertido ver sus caras y gestos aprobando cada una de nuestras preparaciones, creo que nunca habían comido tanto. Ellos nos han contado anécdotas y travesuras de la infancia de cada uno, algunas tan graciosas que con mamá no podíamos parar de reír. Finalizada la cena y la sobremesa, nos encargamos entre todos de la limpieza, luego mis padres se van a la sala a beber ponche de huevo y con Franco nos quedamos en la cocina terminando, y él aprovecha la ocasión para acercarse a mi. —Estás tan hermosa esta noche... tus mejillas sonrojadas son adorables. —Con su sonrisa de lado, acaricia mi rostro con suavidad y se acerca con la clara intención de besarme. Mi corazón se dispara al instante, pero decido frenarlo porque nos pueden sorprender. —Franco, no... —hablo bajito y pongo una mano en su pecho para evitar que siga acercándose—. Nos van a ver. No me hace caso y me arrincona contra el lavaplatos, toma mi cara con sus manos y me besa ha escondidas, imposible no dejarse llevar por su dulce boca que sabe a licor por el ponche de huevo, no hace falta más para ponerme a mil en un segundo. Sus besos son mucho mas embriagadores que el alcohol. —Lo siento —se excusa—. Eres tan irresistible para mi. —Sonríe seductor y sale de la cocina dejandome con ganas de más, mucho más. Acostumbramos a intercambiar los regalos a medianoche, y aunque no son lo más importante, es emocionante y entretenido abrirlos. En eso estamos afanados, cuando de pronto, Franco, que está sentado a mi lado en el sillón de tres cuerpos, saca algo de su bolsillo y me lo da. —Esto es para ti. —¡Oh! ¡gracias! —Lo miro sorprendida y recuerdo que yo no tengo ninguno para él —. ¡Ay! yo no compré nada para ti. Amablemente, apoya su mano sobre mi hombro y me tranquiliza: —No te preocupes, sé que no puedes comprar uno. Le sonrío con prudencia y no parecer entusiasmada más de la cuenta, pero estoy a punto de saltar a su cuello. —Ábrelo, hija —interviene ansiosa mamá, que está sentada en el sillón individual a mi lado. Es una pequeña bolsita de gamuza con un listón rojo y dorado, saco el contenido y me quedo asombrada. >. Es un collar de oro con el símbolo del infinito, de él cuelgan dos corazones y cada uno tiene una inicial grabada: A - F. Es un modelo sencillo pero los detalles le dan un significado único y especial que solo sabemos los dos. No puedo esconder la enorme felicidad que siento y sonrío ampliamente complacida. Franco siempre me sorprende con algo nuevo, es imposible perder la capacidad de asombro con él y debo admitir que tenía razón cuando me dijo que aún no había visto nada. —¡Es hermoso, gracias! —Que bueno que te gustó. —¡Si, mucho! —¡Que bello, Franco! —exclama mamá y lee las inscripciones— A - F, son tus iniciales, Amanda Fernández. Franco y yo nos miramos cómplices y sonreímos al mismo tiempo, ambos sabemos que esas dos iniciales significan Amanda y Franco. —¿Te ayudo a ponertelo, hija? —¡Si, por favor!—Entusiasmada me cogo el cabello y me giro dándole la espalda para que pueda abrocharme la cadena. —¿Qué significa ese ocho invertido? —curiosea papá. —Es el símbolo del infinito —Franco le responde y luego me mira a los ojos con una expresión tan intensa que me traspasa y dice—: Infinitamente A - F Mi corazón queda ardiendo dentro de mi pecho, pero un aguafiestas decide interrumpirnos: el celular de Franco. Mira la pantalla confundido y responde como si no supiera quien lo llama, en el momento en que la persona al otro lado de la línea le responde frunce el ceño y se levanta precipitadamente pidiendo disculpas, se aleja a la cocina y alcanzo oírle de camino. —¿Cómo conseguiste mi número? Mis padres, sin darle mucha importancia, siguen apreciando sus regalos. Mamá se levanta y va donde papá para ayudarle con el prendedor de corbata, aprovecho la distracción y miro discretamente donde está Franco, trato de oír su conversación y complacer mi curiosidad, pero solo veo su espalda tensa. Con una mano en la cintura habla con tono seco, por instantes levanta un poco la voz, como si estuviera a punto de perder la pasiencia, y logro descifrar algunos fragmentos: ... En... quedamos... no... tú... culpa... después... deja de hacer... no... yo te... No logro darle un sentido a sus palabras, pero si logro notar que está muy molesto. No creo que sea una mujer o no le estaría hablando tan cortante, parece estar muy enfadado con la persona, no me gustaría estar en su lugar. Antes de colgar, Franco suelta: —¡No me llames! Suspira pesadamente y se pasa una mano por la nuca, es evidente el estado en el que se encuentra. Sin duda que este llamado misterioso llama mi atención, pero imagino que una persona como él debe tener ese tipo de problemas a menudo. No le doy mayor importancia, no dejaré que nada enturbie mi felicidad de hoy. (...) Ya han pasado dos días desde la cena de navidad y con mis padres estamos en el jardín disfrutando del día. Yo estoy dibujando como es mi costumbre, y llevo puesto el collar que me regaló Franco, siempre lo uso, solo me lo quito para dormir. —Amanda... —¿Sí? —Levanto la vista para mirar a mamá. —A tu padre le han regalado dos entradas para pasar el año nuevo en el hotel gala... —Ya... —Escucho con atención. —Es una cena bailable y estará nuestro cantante favorito, Umberto Tozzi y... —Sí, papá te dedicó una de sus canciones, la que se llama " Te amo" —interrumpo— ¿Quieren que vaya con ustedes? —Con tu padre pensábamos pagar tu entrada y pedir un extra en nuestra mesa. —Me mira con atención esperando mi respuesta y yo doy golpecitos con mi lápiz sobre la croquera, poco convencida. —Mamaaá —protesto—. ¡Será muy aburrido! solo habrán adultos y yo seré la única hija. —No puedes quedarte sola en casa —interviene papá. —¿Por qué no? ¡no tiene nada de malo! prefiero quedarme sola. No me gustan las multitudes y si hay solo adultos, menos. —Entonces nos quedamos en casa. Mamá me mira decepcionada y papá sigue leyendo su diario. No quiero que desperdicien esta oportunidad por mi culpa, tampoco me agrada la idea de quedarme sola en casa pero lo prefiero mil veces, antes que estar en un lugar donde sé que me aburriré hasta el cansancio y con personas que no conozco. —Ni siquiera está Alex para que pudieras quedarte con ellos ese día —reflexiona mamá. —Ya soy mayor de edad y puedo quedarme perfectamente sola. Además, el año nuevo no me gusta tanto. —Ya dije que nos quedamos —insiste papá. Insiste en tratarme como a una niña pequeña, creo que esta es una gran oportunidad de hacerle entender que es momento de dejarme crecer. —Papá ¿crees que esta será la primera vez que no podremos pasar una fiesta juntos? habrá momentos en que será inevitable y no me parece justo que desperdicien una oportunidad como esta, mamá no se lo merece ¡Y yo ya estoy grande papá! tengo 18 años, los sacrificios y privaciones ya lo vivieron cuando era niña, ahora les toca a ustedes disfrutar y a mi permíteme extender mis alas, no estaré toda la vida bajo tu cuidado. Mis padres me contemplan en silencio, luego se miran entre ellos y sonríen. Están sorprendidos de mis palabras, papá viene hacia mí y me abraza. —Tienes razón hija, me cuesta dejarte crecer porque para mi siempre serás mi pequeña. —Acaricia mi cabello con ternura y yo lo miro emocionada—. Pero veo que ya es tiempo de permitir que tomes tus propias decisiones. (...) —¿Anotaste el número del hotel? —Sí, mamá. —Recuerda, mesa seis. —Ya me lo dijiste mil veces. —Mantén tu celular encendido para poder llamarte. —Papá, las líneas se colapsan en año nuevo, no creo que podamos hablar. —De todos modos, tenlo encendido. —Está bien. Mamá me mira con tristeza y arrepentimiento. —¡Ya, mamá! que no se van a la china. Además, regresarán al amanecer. —¡No le abras a nadie, Amanda! —Invité a mi novio, papá —bromeo e inmediatamente me mira con el ceño fruncido—. ¡Es una broma! A mamá le causa mucha gracia y se echa a reír. —Ya vamos, Enrique. Si no, no saldremos nunca, hija te deje comi... —¡Ya sé donde está la cocina! Les doy un abrazo a cada uno y los empujo a la puerta, al fin logran salir de casa sin mí. Estuve tentada varias veces a enviarle un mensaje a Franco para vernos este día, pero no quiero que me mal interprete y crea que es una invitación para algo... más... íntimo. Ya son las 23.30 horas y estoy en mi habitación en lo de siempre, traje algo de comer y escucho música mientras dibujo. He estado muchas veces sola, incluso toda la noche pero hoy lo siento distinto, debe ser porque esta es la primera vez que mis padres me dan libertad para decidir. Concentrada en mi croquera, de repente escucho un golpe en la puerta de entrada, bajo la música y presto atención pero no se oye nada, vuelvo a mi dibujo y a los segundos nuevamente golpes en la puerta. Voy en silencio a la habitación de mis padres y me asomo por la ventana discretamente y bajo corriendo las escalares para ir a abrir. —El ingeniero Comercial, Franco Campos —le digo a penas le abro la puerta, mi saludo le divierte. —La cautivadora, Amanda Fernández. Ok, su cumplido fue mejor que el mío. —Pasa... —No, te vengo a buscar. —Se queda en el umbral de la puerta y yo lo miro de lado interrogativa—. Trae tu chaqueta, se hace tarde. Esta vez, Franco vino en su moto. Ya sé que debo hacer y me siento detrás de él con el casco puesto. Ya listos,hace rugir el motor antes de arrancar, el sonido ensordecedor y la vibración sigue siendo tan excitante e intimidador, potencia mis sensaciones al máximo. La adrenalina comienza a correr por mi venas y Franco dice: —A las nubes, a ver las estrellas. Comprendo enseguida a donde vamos y salimos a toda velocidad en dirección al mirador. Aún faltan 10 minutos para que comience el espectáculo pirotécnico. Hay más personas esperando y nosotros estamos un poco aparte del resto. Franco está muy apasionado esta noche, no ha dejado de besarme y decir cuanto le fascino, mientras juega con mi cabello enrollandolo en su dedo, algo que acostumbra hacer cada vez que estamos juntos. Poco a poco, sus caricias se vuelven más sensuales y sus besos más profundos, intenta ir un poco más allá y baja su mano lentamente traspasando el limite de mi cintura, lo detengo enseguida, pero mi corazón está a mil y mi cuerpo en ebullición. —Franco... —le advierto en un murmullo y lo miro a los ojos para que comprenda que hablo en serio. —Lo siento. —Cierra los ojos un poco avergonzado y luego sonríe—. Hoy estoy un poco más... apasionado. —Puedo darme cuenta. Es tan fascinante verle en ese estado. —Amanda, si yo he sido tu primer novio, eso quiere decir que tú nunca... —Deja la pregunta en el aire, comprendo enseguida a que se refiere. —No, nunca. Asiente, sus ojos son dos llamas. —Por eso te pones tan nerviosa cuando te toco. Sonrojada, agacho la vista sin ser capaz de responder, vuelve a juguetear con mi cabello. —Amanda, no te obligaré a nada. Solo pasará lo que tú quieras que pase... aunque debo admitir, que me encantaría que tu primera vez sea conmigo. Su declaración me llega hondo e inevitablemente lo miro otra vez, nuestros ojos se unen y mi corazón comienza su frenética carrera. Franco se da cuenta que sus palabras han causado efecto en mí y me toma entre sus brazos para besarme con vehemencia, mientras que a nuestro alrededor se escucha los gritos de la gente: ¡¡¡Tres!!! ¡¡¡Dos!!! ¡¡¡Uno!!! ¡¡¡FELIZ AÑO NUEVO!!!
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