—Buenos días. —Bostezo entrando en la cocina.
—Buenos días cariño. Te tengo listo el desayuno.
—¡Mmm que rico! así da gusto levantarse temprano —manifiesto con entusiasmo sentandome a la mesa al lado de mamá.
—Por ser el día de tu graduación —me dice con cariño y sonríe.
—¡Gracias mamá!
—¿Ya tienes todo listo?
—Si, anoche preparé mi ropa.
—Estarás con Alex supongo —curiosea y yo la miro con cara de obviedad—. ¡Claro! ¡claro! para que pregunto, si andan para todos lados juntos. No me extrañaría que un día de estos se hicieran novios.
—¡Mamaaa! —exclamo escandalizada—. Estamos hablando de Alex.
—¿Y? he visto esas miraditas.
—¿Qué miraditas? yo no le doy ninguna miradita.
—No lo decía por ti.
—No mamá, estás equivocada... —Me quedo dudando, creo que ya había escuchado ese comentario antes.
—Por cierto ¿cuándo se va al sur?
—Creo que el próximo fin de semana.
—¡Y te quedas sin Alex todo el verano!
—Sí, como todos los años. ¡Ah mamá, antes de que lo olvide! ¿mi papá firmó los papeles para la matricula?
—Sí, están listos.
—Que bueno, tengo que llevarlos el Lunes. Ya casi no veo a papá en casa.
—Han tenido mucho trabajo en la oficina, como ahora Franco quiere ampliar el rubro, está concertando varias entrevistas con los clientes y futuros clientes.
—Ah claro. —Bebo un poco de jugo y me quedo pensativa. Eso lo sé muy bien, últimamente no nos hemos visto mucho con Franco, me llama y me escribe todos los días, pero... no es lo mismo. Se me escapa un suspiro y bebo otro sorbito para disimularlo.
—Franco preguntó por ti ayer.
Casi me atraganto con el jugo, carraspeo y fingo ingenuidad.
—¿Franco? ¿qué... te dijo?
—Quería saber si podía asistir a tu graduación.
Sonrío para mis adentros y me preparo una tostada.
—No, son solo dos invitaciones por alumno —digo con decepción—. Pero
puede ir al terminar la ceremonia.
—Eso le dije pero justo recibió una llamada confirmándole una reunión para la tarde.
—Lástima.
—¡Que encantador ese Franco! es inteligente, profesional, responsable, atento ¡todo un caballero! —mamá se deshace en elogios.
La miro asombrada y sonrío desimuladamente. Sé por experiencia como es Franco, desde que estamos juntos está lleno de detalles conmigo, es complaciente y preocupado y podria añadir mucho más. Son todas las cualidades en un solo hombre. Estoy a cien metros sobre el suelo cuando llaman a la puerta, mamá se levanta a abrir y yo termino de desayunar.
—Buenos días, señora.
—¡Oh! Buenos días —exclama mamá con sorpresa.
—Aquí vive la señorita... ¿Amanda Fernández?
Inmediatamente se despierta mi interés y escucho con más atención, no me levanto a averiguar de que se trata porque sigo en pijama.
—Sí, vive aquí.
—Le enviaron esto... me firma abajo por favor.
—Está bien...
—Que tenga buen día.
—Igualmente, gracias.
Curiosa, espero que regrese mamá. Ella entra en la cocina con un inmenso ramos de rosas, me levanto de mi silla maravillada. ¡Hay una rosa de cada color!
—¡Mira lo que llegó para ti!
—!Oh! ¡Son bellísimas! —Las cojo sin poder creer tanta belleza ante mi ¡amo las rosas!—. ¿Quién las envió?
—Parece que no trae tarjeta, a ver... —Mamá busca algun sobre entre las flores—. !Ah mira! la encontré.
Me apresuro a leer la tarjetita que viene dentro del sobre:
"No sabía cuál era tu color favorito
así que te mande una de cada color"
Feliz Graduación.
F. C.
Río como una tonta, quisiera gritar y saltar de felicidad pero sería demasiado evidente.
—A ver, dame eso... —Mamá lee la tarjeta en voz alta y pregunta intrigada—. ¿Quién es F. C.?
—No sé —Le hago un gesto negativo con la cabeza sin dejar de sonreír.
—¡Que detalle tan bonito! ¡Amanda, tienes un admirador! —Sube y baja las cejas con diversión.
Pongo las rosas en agua y me las llevo a mi cuarto, me quedo contemplandolas durante un buen rato. Antes que se marchiten quedarán plasmadas en mi croquera especial, esa que tengo con dibujos de los momentos vividos con Franco. Cogo mi celular y le envío un mensaje.
Amanda dice:
Por cada rosa
te daré un beso
Franco dice:
Me fascina la idea, voy mandarte flores mas seguido, lamento no estar ahí contigo, cariño.
Amanda dice:
No te preocupes
lo compensamos después.
Franco dice:
Tenlo por seguro, que disfrutes este día. Voy entrando a una reunión, te mando un beso.
Amanda dice:
Otro para ti, suerte <3
Me duelen las comisuras de la boca por tanto sonreír mirando la pantalla de mi celular y a pesar de que cada uno tiene lindos detalles con el otro y nos tratamos con cariño, ninguno de los dos ha dicho Te Amo.
(...)
Hemos vuelto de la graduación, en mi habitación me quito los zapatos de tacón y masajeo mis pies, no acostumbro a usarlos. La pasé muy bien junto a Alex, nos reímos de cada tontería que decía mientras nuestros padres fotografiaban cada uno de nuetros movimientos. En el cóctel de despedida, compartimos nuestros últimos momentos con nuestros compañeros y profesores. Desde ahora, cada uno tomará un rumbo diferente.
—¡Amanda! ¿Te quieres tomar un té? —mamá grita desde las escaleras.
—¡Si, mamá! ¡bajo enseguida! —le grito de vuelta.
Entro en la cocina y están los dos mirando mis fotos, quieren escoger una para enmarcarla. Reunidos en la mesa, hablamos de mis planes a futuro, los que aún no tengo claro. Este año me dedicaré a buscar una carrera que sea de mi agrado. Siento tanta ternura al mirar a mis padres, están dichosos y me miran con cariño y orgullo, su pequeña niña a crecido mucho y ya comienza una nueva etapa en su vida. Pasamos un largo rato hablando de las opciones y de la ilusión que le hace a papá que trabaje con él, enseguida le respondo que no es opción para mi. Escucho atenta sus consejos, dicen que debo buscar lo que me haga feliz y disfrute con ello. En medio de nuestra conversación llaman a la puerta y papá se levanta abrir... ya es un poco tarde para visitas.
—¡Franco! pasa, pasa.
Mi corazón da un brinco al escuchar su nombre.
—Hola, Enrique, gracias.
Y la euforia aumenta al escuchar su voz.
—Ven, estamos en la cocina.
Los dos aparecen en el umbral de la puerta y al instante nos miramos y sonreímos. Se acerca a saludar a mamá y luego a mí.
—Felicidades a la nueva graduada.
—¡Gracias! —Le sonrió feliz.
Se inclina a saludarme y discretamente lleva su mano a mi mejilla y la pasa suavemente, como el acostumbra a acariciarme cuando no puede hacerlo abiertamente. Ha inventado una excusa de trabajo para llegar a casa, papá le muestra las fotografías y mamá le ofrece un café. Hablamos de cómo viví ese momento y qué planes tengo a futuro. Cuando llega el momento de marcharse, sutilmente me hace un gesto con la cabeza para que le acompañe a la salida. Se despide y yo le sigo con el pretexto de acompañarlo a la puerta. Mis padres se quedan discutiendo que fotografía mandarán a encuadrar. Apenas le abro la puerta me abraza y me arrastra un poco hacia fuera para besarme con ansias.
—¡Franco, nos pueden ver! —le susurro.
—¡Te extrañé, cariño! —Me roba otro beso y dice—: tus padres se irán de viaje este fin de semana, no vayas con ellos, quiero llevarte a conocer un lugar. —Me mira seductor desde su altura, muy cerquita a mi.
—¿Y tú como lo sabes?...¡ah, claro! papá —me respondo a mi misma, asiente divertido. Franco, siempre va un paso adelante—. ¿Puedo saber a dónde iremos?
—No, es una sorpresa —contesta enrollando su dedo en mi cabello.
—¿Y me dejarás así, en ascuas?
—Si, así tienes más deseos de verme. —Me guiña un ojo y me besa por última vez—. Adiós, cariño.
—Adiós, guapo. —Lo contemplo mientras se marcha.
(...)
Hace media hora que se fueron mis padres. No se extrañaron que no quisiera acompañarlos pues acostumbro a no hacerlo. Espero a Franco con impaciencia y un mensaje en mi celular me saca de mis pensamientos.
—Estoy afuera.
Tomo mi chaqueta y salgo corriendo. No veo su moto estacionada pero escucho la bocina de un auto y dirijo mi mirada hacia el, lo veo adentro haciéndome señas. Llevamos unos treinta minutos de viaje y hemos salido de la ciudad. Se divisan casas más aisladas y rodeadas de vegetación. Franco nota mi estado de expectación y sonríe diciendo:
—Ya falta poco.
Llegamos delante de un portón n***o, alto. Se abre automáticamente y al entrar veo su motocicleta. A continuación, una casa enorme con ventanas que llegan al suelo y al lado izquierdo muchos árboles, vegetación y hasta un hermoso y abundante jardín.
—¿Dónde estamos? —pregunto llena de expectación.
—Ven...
Bajamos del auto y me lleva de la mano por un sendero de concreto pulido hasta la entrada de la casa, abre la puerta y entramos, el lugar es espacioso y la decoración es fina y elegante como él.
—¿Esta es tú casa? —le pregunto absorta.
—Si —Asiente con la cabeza y las manos en los bolsillo.
—Es... grande y hermosa ¡me gusta! —Contemplo todo a mi alrededor, a mi izquierda hay una sala con sillones, cuadros y muebles a tono y un ventanal con vista al jardín. En frente, una puerta que al parecer lleva a la cocina—. ¿Por qué no me habías traído antes?
—¿Para que pensaras que quería aprovecharme de ti y salieras huyendo? ¡No gracias!
me río abiertamente y niego con la cabeza
—Bueno, reconozco que tienes razón. Que un hombre experimentado como tú me invite a su casa de soltero es para asustarse.
Ahora él se ríe abiertamente.
—Entendí que debo tener mucho tacto contigo. Eres una mujer difícil de atrapar, escurridiza.
Eso me lo tomaré como un cumplido.
—Y supongo que eso representa un problema para ti, no debes estar acostumbrado al rechazo.
Asiente.
—Si, admito que nunca me han rechazado, tú fuiste la primera...
Satisfacción. Una enorme y placentera satisfacción es lo que siento en este momento. Franco continúa:
—Lo bueno siempre es difícil de alcanzar y yo soy perseverante cuando realmente deseo algo. —Me observa con sus intensos ojos que me traspasan el corazón.
Fuego. Un ardiente y envolvente fuego es lo que siento ahora, hasta mis mejillas arden. Me escabullo avanzando hacia el comedor pero él me retiene por los hombros.
—Esa parte al final.
Me muestra cada rincón de su casa, incluida su habitación con la cama desecha. Este lugar es realmente hermoso.
—Pensé que siempre habías vivido en Córcega —indago curiosa.
—Si, soy de allá.
Lo miro interrogativa sin comprender que hace viviendo aquí. Se queda meditando y luego responde:
—Es herencia de mis padres.
—¡Oh! lo siento, no quise...
Me hace una señal con la mano para tranquilizarme.
—No te preocupes, es un tema superado.
—¿Tienes más familia?
—Una hermana mayor, pero vive lejos con su familia en el sur.
—Entiendo.
—Cuando eramos niños nuestros padres nos traían de vacaciones.
—Debe traerte muchos recuerdos este lugar.
—Muchos...
—Entonces ¿por qué decidiste vivir aquí? un lugar lleno de recuerdos.
Suspira.
—Quería cambiar de rumbo...
Responde brevemente. Lo noto incómodo hablando del tema, prefiero no insistir.
Entramos en el comedor, inmediatamente miro a Franco sorprendida y él sonríe complacido. Hay velas, flores y una cena esperando.
—Franco, pero que...
Tira de mi hasta que mi cuerpo entra en contacto con el suyo, su aroma y calor me envuelven al instante. Pone una mano en mi espalda y con la otra me acaricia el cabello hasta llegar a las puntas.
—Te dije que te compensaría no haber podido asistir a tu graduación.
—Estás lleno de sorpresas, Franco. —Lentamente me voy acercando a su boca.
—Y aún no has visto nada.