capítulo 9

2835 Words
A medida que avanzamos en nuestra pequeña escapada, el paisaje va cambiando, se llena de árboles y vegetación mientras vamos cuesta arriba alejándonos de la ciudad. Bajo mis palmas siento su calor y su cuerpo firme, me gustaría descubrir que hay debajo de su camiseta y cierro los ojos de solo imaginarlo. Este hombre me atrae tanto pero al mismo tiempo me asusta. Tiene experiencia, es maduro, protector, romántico y apasionado, él es todo eso y estoy segura que hay más por descubrir. Franco estaciona en un mirador habilitado para vehículos y delante del estacionamiento está para las personas. Me toma de la mano y nos acercamos al extremo, me quedo con la boca abierta mirando el paisaje ¡este lugar es maravilloso! tiene vista a toda la ciudad y al Océano Pacífico, perfecta inspiración para uno de mis dibujos. -¿Te agrada? -pregunta. -¡Mucho! no sabía que existía este mirador. -Está disponible hace poco, la secretaria de la oficina me lo comentó para que viniera a conocer la ciudad desde arriba. -Franco me da la vuelta para mirarnos a los ojos y me atrae hacia él-. Al fin puedo hacer esto... Su boca, suave y cálida, se encuentra con la mía, acaricia mis labios con los suyos con movimientos lentos disfrutando al máximo del momento, el éxtasis y el placer estallan en mi corazón y se expanden por cada rincón, instintivamente llevo mis brazos alrededor de su cuello y acaricio su cabello, el contacto lo estimula y sus manos se aventuran en mi espalda, una nueva descarga de placer estalla otra vez, su boca se vuelve más anhelante y exige más de mi, receptiva a su demanda, le respondo con la misma pasión. Parecemos dos locos que han pasado mucho tiempo encerrados y que han escapado juntos, ansiosos uno del otro. Después de una tanda de besos dulces, tiernos y apasionados, aplacamos nuestro deseo momentáneamente y hago la pregunta que ronda en mi cabeza desde que lo vi llegar en su moto: -¿Como supiste donde estudiaba y mi horario de salida? Sonríe orgulloso y responde: -¿Alguna vez has oído a tu padre hablar de ti? Al instante, cierro mis ojos abochornada. Franco continúa: -Me ha contado prácticamente toda tu vida. Basta que se mencione tu nombre y no para más. -¡No puede ser! -exclamo entre divertida y avergonzada. -Si quiero saber algo de ti, le hago sutílmente una pregunta y es suficiente para que me cuente memorias, anécdotas y hasta me muestre fotos. -Lamento que tengas que soportar eso. -Inevitablemente río imaginando a papá hablando hasta el cansancio de mi. -¿Bromeas? desde que llegué aquí, es mi tema favorito. Me regala la ternura de sus labios nuevamente y a continuación me giro para poder contemplar el paisaje, se apoya en el concreto y me toma por la cintura atrayendome hacia él para quedar a mi altura y posar, suavemente, su mentón sobre mi hombro. Franco tiene el poder de transformar un momento ordinario en extraordinario tan solo con su presencia. La vista es hermosa, puede verse la zona verde con la laguna artificial en medio, también la zona urbana con grandes edificios, todos con vista al mar, que se muestra imponente con los reflejos brillantes de los rayos del sol. Sorpresivamente, Franco comienza una melodía que reconozco de inmediato; es nuestra canción. ...¿Alguna vez te has sonrojado?... ...¿Sabes que estás en lo profundo? Te soñé casi cada noche esta semana... ... Quiero saber si este sentimiento fluye en ambos sentidos... ....Cariño, los dos sabemos que las noches, se hicieron principalmente para decir cosas que no puedes decir mañana... Cantándome al oído con su voz armoniosa, me da la sensación de que desea que le revele lo que tengo guardado en mi corazón ¿quién se puede seguir resistiendo? ya no quiero seguir luchando contra lo que siento por él, será lo que tenga que ser y lo voy a vivir al máximo. Me giro para mirarlo a los ojos y le hago saber lo mucho que me ha gustado su voz, sonríe complacido y se queda en silencio observándome expectante. No lo pienso por más tiempo y me lanzo al vacio en caída libre y sin protección. —Esta es la primera vez que estoy en una relación —admito un poco insegura.Me mira sorprendido. —¿Hablas en serio, Amanda? —pregunta incrédulo—. ¿Nunca has tenido un novio? Niego con la cabeza. —No, nunca. —¿Y eso por qué? Si eres preciosa. —Pasa el dorso de sus dedos por mi mejilla con su media sonrisa y contenplandome con admiración. —No lo sé, supongo que... —Hago una pausa meditando en una respuesta, nunca lo había pensado con detenimiento—. No he sentido algo lo suficientemente fuerte como para estar en una relación. —¿Nunca te ha gustado un chiquillo de tu edad? —Sí, sí me han gustado, solo que no ha pasado más allá de una simple atracción. Los considero inmaduros y bastante burlones. —O sea que soy el primero en estar contigo. —Sí. Sonríe sumamente complacido y sus ojos brillan con entusiasmo. —Soy afortunado, he sido él único capaz de atraer tu atención. —Alarga la mano para tomarme por la cintura y rodearme con sus brazos, apoyo mis manos sobre su pecho y nuestros rostros quedan a centímetros—. Al parecer, eres una mujer exigente. —No sé si exigente, más bien, no me dejo llevar por la apariencia. Pienso que hay otras cosas más importante como el carácter de las personas y su manera de pensar. —¿Y qué fue lo que viste en mí qué no viste en nadie más? Su pregunta causa un torbellino vertiginoso en mi estómago y el placer comienza a expandirse lentamente. —Contigo ha sido todo tan distinto e intenso. —Mi corazón comienza su confesión y Franco escucha atento cada palabra como si fuera a revelar la respuesta de todas sus interrogantes-. Me cautivó tu manera de ser, de mirarme y sonreír. Al principio pensaba que solo era atracción física, porque eres aturdidoramente guapo. Franco sonríe con diversión por mi último comentario, más no dice nada y sigue escuchando atentamente. —Poco a poco me di cuenta que era algo mucho más fuerte y profundo. Me costó darme cuenta porque me negaba a aceptarlo, pero tú te acercabas cada vez más y ya se me hacía imposible ignorar lo que sentía. —¿Y cuándo te diste cuenta? O más bien, ¿cuándo aceptaste que sentías algo por mí? —susurra con complicidad. —Ese día en la cocina cuando me tocaste por primera vez, enloquecí no sabes cuanto. —¿Por qué te callaste entonces? Tampoco respondiste mi mensaje —cuestiona decepcionado. —Porque tenía miedo, iba a desobedecer a mi padre y además... —dudo en continuar y agacho la cabeza para tomarme un respiro de sus penetrantes ojos. Franco no quiere renunciar a nuestra conversación y toma mi mentón para que alce la vista. —¿Y además qué? —insiste ansioso por saber más. —Tengo miedo de enamorarme de ti, de que solo estés jugando conmigo y luego salga herida. Me mira en silencio y acaricia mi rostro con suavidad como si mi piel fuera el pétalo de una rosa, frágil y delicada en sus manos. —Yo no estoy jugando contigo, Amanda. Si quisiera jugar no hubiera escogido a la hija de mi amigo y además socio. Yo también me resistía al principio, porque tener algo contigo era una idea loca y arriesgada, sin mencionar que traicionaría la confianza de Enrique, pero fue más fuerte que yo. En el minuto que estás frente a mí me olvido de todo y de todos. Sus palabras son una dulce melodía que podría escuchar hasta la saciedad. —Y dime: ¿en qué momento te fijaste en mí? —pregunto para satisfacer mi curiosidad. —Tú llamaste mi atención desde el primer día en que te vi, fue un flechazo instantáneo. —¿De verdad? —ahora yo cuestiono incrédula—. ¿Y qué te gustó de mí? no soy gran cosa. —No digas eso, Amanda porque no es verdad —me regaña con amabilidad—. Me gustó todo de ti, tu manera de comportarte, de sonreír, tu cabello largo, tu dulce mirada que parece analizarlo todo. Siempre me observabas como si yo fuera un misterio para ti y cuando te sonrojabas te veías tan encantadora. —¡Detesto sonrojarme! —Y a mi me encanta cuando lo haces. Sinceramente no esperaba que me sucediera algo así, es la primera vez que estoy con una mujer mucho más joven, todo ha sido distinto contigo, es un sentimiento diferente. —Yo sentía que se me iba a salir el corazón cuando te acercabas y que una llama explotaría dentro de mí. —Es increíble como estamos conectados. —Sonríe—. Yo sentía lo mismo al verte. Todo esto es nuevo para mí, porque a pesar que he estado con varias mujeres y que podría estar con la que desee... —¡Auch! —interrumpo acusando el golpe y desvío la mirada, esa información no es fácil de procesar para una chica inexperta como yo. Y además, sonó bastante arrogante, es su primer punto en contra. —Amanda... —dice con urgencia y toma mi cara entre sus manos—. No lo digo para jactarme, sino porque con ninguna de ellas ¡ninguna! he sentido lo que siento contigo. Es algo intenso, igual que una llama sin control. Yo no he tenido dudas, sé muy bien lo que siento y a la única que quiero es a ti. Mi corazón está a punto de estallar por tanta felicidad, no puedo creer la conexión que hay entre los dos. Nos miramos con una sonrisa llena de dicha y complicidad. Un sentimiento mutuo nos une y nos aleja de todo, crea su propio mundo, el de Franco y Amanda y no cabe nadie más. Al fin he bajado mis barreras y le dejo entrar. Cuando ya estamos a punto de subir a la motocicleta para regresar, nos interrumpe una voz detrás de nosotros. -¡¿Franco?! Alarmados, nos giramos al mismo tiempo para ver de quién se trata. Es un hombre de pelo claro, tez blanca y lindos ojos, apenas Franco lo ve le sonríe y le saluda amigable. -¡Rubén, hombre! ¿qué haces aquí en Altamira? -Se estrechan las manos y se dan un abrazo como si se conocieran de toda la vida. -Vine por un tema de trabajo y me recomendaron que pasara a conocer este mirador que inauguraron hace poco. -Al momento desvía los ojos hacia mí y me observa con sorpresa y curiosidad. Franco se da cuenta enseguida y pone su mano en mi espalda. -Te presento a Amanda, mi novia. Amanda, el es Rubén, un amigo de la infancia. Me saluda con un apretón de manos y yo le devuelvo el gesto, pero su expresión es de desconcierto. Mira a Franco y luego se queda analizandome como si no entendiera la situación. Me incomoda su insistencia >. Rubén vuelve a mirar a Franco y los dos intercambian un lenguaje codificado del que yo no soy parte. Tiene un gran signo de interrogación dibujado en la frente, pero el ceño fruncido de Franco le dice que es mejor no preguntar, Rubén entiende el mensaje y cambia de actitud y sigue hablando: -¿Y tú que haces por acá? --Ya no vivo en Córcega, hace unos meses que estoy radicado aquí en Altamira. Nuevamente la mirada confusa de Rubén apararece en su rostro, como si se hiciera miles de preguntas y yo tengo una extraña sensación... una sensación que no puedo identificar. Debe estar juzgandonos y eso no me gusta. Los tres ya estamos bastante incómodos con este inesperado encuentro. Rubén decide marcharse, intercambian sus números telefónicos y se despiden cordialmente, una vez que se ha marchado, desalentada, le confieso a Franco: -Tu amigo estaba muy sorprendido de verte conmigo, creo que mi uniforme le causó impresión... Guarda silencio un momento, sigue molesto por lo que acaba de pasar, lo noto en su expresión. -Rubén es un poco... conservador -responde breve y se acerca a su motocicleta para sacar los cascos. -No debe estar acostumbrado a verte con alguien tan joven como yo, y si él siendo tu amigo reaccionó así... no quiero ni pensar como lo harán los demás. Franco percibe mi temor y viene hacia mí, me toma por los hombros y me mira a los ojos. -Amanda, ¡que importa lo que piense Rubén o los demás! lo que importa es lo que tú y yo sentimos, la opinión del resto sobra. Lo único que me interesa, eres tú ¿entiendes? Sólo tú... -insiste en lo último-. No quiero que le des importancia a la opinión de los demás ¿de acuerdo? -Me sigue observando esperando mi respuesta. -Está bien -respondo con una sonrisa-. Pero ¿quieres explicarme desde cuando soy tu novia? -Desde la primera vez que te vi con tu vestido verde, cariño -bromea recuperando su expresión encantadora habitual-. Solo que tú no lo sabías todavía. Le sonrío complacida y me acerco a la motocicleta para tomar uno de los cascos, Franco se queda pensativo dudando un segundo y luego llama mi atención: -Amanda. -¿Sí? -Me volteo hacia él para oír lo que tiene que decir. -¿Quieres estar conmigo y ser mi novia? > Una gran sonrisa se dibuja en mi rostro, las palabras de Franco me hacen tan feliz que ahora soy yo quien toma la iniciativa, lo agarro de su chaqueta y lo atraigo hacia mí, se le escapa un pequeño gemido seguido de una sonrisa la que borro con mis labios. - ¡Si! ¡claro que quiero estar contigo y ser tu novia! Llego a casa y apenas entro en la cocina lo primero que escucho es a mamá: -¿Dónde estabas Amanda? ¡te he estado llamando! -Eehh... yo... -balbuceo. Saco mi celular de la mochila rápidamente para revisar... ¡ups! hay siete llamadas perdidas de mamá, diez de Alex y cinco mensajes también de Alex. ¡Perdí totalmente la noción del tiempo!-. No me di cuenta que tenía mi teléfono en silencio. Como hoy salí temprano, me fui al centro a mirar unos materiales para mis dibujos y perdí completamente la noción ¡es que habían tantas cosas increíbles! -Le hago un gesto de súplica con las manos para disculparme. -¡Avisa, Amanda! tú nunca llegas tarde y estaba tan preocupada. -¡Ay mamá, lo siento de verdad! -me disculpo más por mentirle que por llegar tarde, últimamente se me ha vuelto un hábito, un mal hábito. -Hace rato andas en las nubes -me regaña sin perder su tono benevolente-. Ya, ve a cambiarte antes de que llegue tu padre, no le va a gustar nada si se entera que fuiste al centro sin avisar. -¿Y dónde está mi papá? -Franco le pidió que se hiciera cargo de la oficina esta tarde, tenía cosas personales que hacer. -Ah... -le digo vagamente y me voy rápido a mi habitación, mi expresión de felicidad no se puede disimular y mamá es muy hábil descifrando mis sentimientos. La escapada de hoy con Franco ha tenido el poder de inspirarme. Después de terminar el famoso trabajo que hicimos con Alex, saco mis acuarelas y mis pinceles. Por hoy, dejare de lado mis lápices grafito, los que uso normalmente para dibujar. Preparo el Block, el agua y papel absorbente y luego cierro mis ojos visualizando el hermoso paisaje de esta tarde. Enseguida esa sensación tan agradable que siento al crear, fluye en mi. Inspirada, comienzo el fondo en tonos azules, grises y verdes. Aplico luces y sombras y remarco detalles con el pincel más fino, el resultado me sorprende a mi misma ¡ha quedado muy parecido! cada vez que vea esta acuarela recordaré nuestra primera salida juntos. Las siguientes semanas me dedico a dibujar los momentos con Franco desde el día que lo conocí, voy contando nuestra historia con dibujos. Dibujar me aporta una sensación de placer y poco a poco mi libro de bocetos se va llenando con nuestra historia, el que mantengo guardado en un cajón bajo llave. Plasmo nuestro primer encuentro, nuestra primera conversación, nuestro acercamiento en la cocina, la escapada en moto, las miradas, las sonrisas, los abrazos. Cada momento vivido entre nosotros están ahí para recordarme que esto es real y no un sueño.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD