No sé cuanto tiempo ha transcurrido. Franco me mantiene aferrada a su pecho rodeándome con sus fuertes brazos y a la vez me acaricia con tanta delicadeza, me hace sentir segura y protegida. Su aroma se impregna en mi, es su esencia el combustible que aviva mi fuego y ahora todo cobra sentido para mi. Agotados por el frenesí, apoya su frente sobre la mía y me sigue acariciando con ternura, no ha dejado de hacerlo.
-Que locura... tú y yo... -su voz es un susurro, como si quisiera que nadie nos oyera.
-Si, lo sé... ¿por qué crees que te evité a toda costa?
En su rostro se dibuja una sonrisa seductora, cómplice.
-Eres dura de pelar, Amanda.
Escondo mi sonrisa satisfactoria en su cuello, encantada de haberle opuesto resistencia. Aprovecha la cercanía de su boca con mi oído para confesarme en suaves y deleitosos murmullos:
-Me volvía loco tratando de adivinar tus sentimientos... buscaba algún gesto que me dejara avanzar, y cuando te veía nerviosa y te sonrojabas, pensaba que era la señal que buscaba pero luego te mostrabas fría e indiferente.
-Entonces ¿qué te hizo cambiar de opinión? -Lo miro de reojo y apoyo mi mano sobre su pecho que sube y baja con su suave respirar, es firme y cálido, el contacto es alucinante.
-Cuando te vi temblar... -Sonríe recordando ese momento-. Creí que al fin tenía la señal que buscaba y di el primer paso, pero tú retrocediste diez, entonces di la jugada por perdida y desistí... hasta que te vi con tu amiguito ese... me volví loco de rabia, me costó trabajo contenerme y no sacarlo por el cuello de encima de ti.
Me enderezo para poder mirar su rostro de frente y comprendender mejor su comportamiento de hace unos minutos.
-Estabas tan alterado... ¿por qué reaccionaste así?
Cierra los ojos con una mezcla de rabia y vergüenza.
-Sentí que a él le abrías puertas que a mi me cerrabas y enloquecí de celos, de rabia, impotencia... Y usted señorita Amanda -dice con una sonrisa burlona-. No es, precisamente, "la pequeña niña de papá frágil e inocente" que todos piensan. Tienes tu carácter escondido y no dudas en dejarlo salir cuando es necesario.
-¿Así que te parezco una niña?
-Claro que no, jamás te he mirado como una niña, me sorprendió tu reacción.
-Pensaste que al verme frágil e inocente, ¿me seducirías fácilmente?
Niega con la cabeza.
-No, tú me hiciste arrastrarme a ti -acusa.
-Y no era esa mi intención -me excuso y agacho la cabeza avergonzada, Franco toma mi rostro entre sus manos para que lo mire de nuevo.
-¡Lo sé, Amanda!... Sé que tenías miedo. -Me besa con ternura, el calor de sus labios acallan mis inseguridades.
-Y si ya habíamos discutido, ¿por qué volviste? -le pregunto una vez que hemos dejado de besarnos.
-Me jugué mi último as bajo la manga.
-Y ganaste...
Sonríe triunfante y me aferra contra su pecho otra vez. Nos quedamos en silencio escuchando solamente el latido de nuestros corazones, que, poco a poco comienzan a calmarse y recuperar su latido normal. Estamos casi en penumbras, no nos hemos dado cuenta que el día ya se acaba. De pronto, el eco de su voz grave y profunda, vibra al interior de mi cuerpo apoyado sobre el suyo.
-Amanda... ¿me dirás todo lo que sentías?
Espera mi respuesta paciente, pero temo revelarle todo y quedar vulnerable ante él, no quiero darle el poder absoluto sobre mi. Pronto, nota mi inquietud.
-Hey. -Nuevamente me obliga a mirarle a los ojos sosteniendo mi cara con ambas manos-. ¡Tranquila! sin presiones. Contigo quiero ir poco a poco... eres tan distinta a todas las demás... -Hace una pausa y me mira intensamente, a los segundos pronuncia-: Y ya me has dicho suficiente con tus besos y caricias.
Mi cara enrojece de vergüenza y me escondo en su cuello. Jamás había estado con un hombre de esta manera, pero no tuve tiempo para pensar en ello, Franco ya había tomado lo que quería de mi. Después de unos minutos, suspira.
-Será mejor que me vaya, o sino tus padres...
No termina la frase y me incorporo intrigada, está incómodo.
-No me siento bien mintiéndoles ¿sabes? he traicionado su confianza... sin embargo... esto que siento por ti es más fuerte que yo.
Estoy extasiada saboreando cada palabra que sale de su boca. No tiene idea hasta que punto lo es para mi también, de lo contrario, no estaría aquí entre sus brazos desafiando la autoridad de mi padre. Aún no me fío completamente de él y guardo mis sentimientos en mi corazón.
-Ni yo -respondo-. Ellos me protegen tanto, sobre todo papá que su única regla es que evite a hombres mayores. Estará muy molesto si se llega a enterar.
-Estoy consciente de eso y no quiero que tengas problemas por mi culpa...
-Ya soy mayor de edad -lo interrumpo-. Y quiero tomar mis propias decisiones.
Sonríe complacido. Hago un movimiento hacia adelante y él me ayuda a bajar del mueble, caminamos abrazados hacia la puerta. Antes de salir, se para frente a mi y me toma de ambas manos, en su rostro sigue esa sonrisa que me gusta tanto y que lo hace aún más atractivo. Nos decimos todo con los ojos que expresan dicha y complicidad. Hemos creado nuestro propio lenguaje silencioso. Me besa una última vez y me retiene un momento en un abrazo para oler mi aroma, me siento en las nubes, volando en un mundo que nunca antes había experimentado, todo es mágico con él.
-Adiós, Amanda.
-Adiós, Franco.
Un gran suspiro de desilusión se me escapa cuando sale por la puerta y mi corazón sale corriendo detrás de él abandonandome a mi suerte. Me recuesto en uno de los sillones de la sala para recordar el intenso momento que acabo de vivir en sus brazos. Franco, es el primer hombre en mi vida, cada parte de él intensificaba la experiencia; sus brazos fuertes rodeándome, su espalda amplia y protectora, su voz grave y armoniosa, sus grandes manos que me recorrían con suavidad... cierro los ojos con satisfacción. Es increíble todo lo que ha provocado en mi, tan solo con sus besos y caricias. Pero mi cabeza aún sigue llena de dudas ¿realmente siento algo por él? pensaba que solo era una fuerte atracción física.
Franco me trató con tanta ternura y pasión al mismo tiempo, estoy tan confundida... >. Perdida en mis cuestionamientos, mamá entra y me ve tendida sobre el sillón.
-Hija ¿qué haces ahí? -pregunta ella.
-Me quedé dormida. -> me reprocha mi conciencia.
-Es que han trabajado tanto con Alex estos días ¿él se fue ya? -inquiere colgando sus cosas.
-Si, hace un rato. -Me levanto del sillón arreglándome el cabello-. Debía salir con sus padres.
Nos dirigimos a la cocina a preparar la cena, siempre disfruto este momento junto a ella. Ve mis cosas esparcidas por todas partes, el trabajo sobre la mesa, y migas en el suelo. Son los restos de mi pelea con Alex.
-¿Que pasó aquí? ¡Una batalla campal! -exclama.
Una sonora carcajada sale de mi boca. > me digo a mi misma pensando en Franco. Me dispongo a guardar mis cosas mientras mamá pone agua a calentar y saca las cosas que trajo para la cena y papá entra en la cocina.
-¿Vino Franco?
Mi corazón pega un salto y levanto la cabeza sorprendida en su dirección > me obligo a recuperar el control.
-¡Ah! sí, papá. Te esperó un rato y se fue, no dejó recado... -Mi alarma de mentiras suena otra vez y siento que tengo un cartel escrito en la frente que dice >.
-Si pequeña, me llamó para avisarme, te vio trabajando y no te quiso molestar.
Franco, otra vez me cubre las espaldas, es tan protector. Disfrutamos de nuestra cena mientras hablamos de nuestro día. Al terminar, limpiamos la cocina entre todos y como cada noche mis padres se van a la sala y yo me despido antes de subir a mi cuarto. Enciendo mi reproductor y pongo la canción que me envió Franco, se repite una y otra vez ¡no me canso de escucharla! Sigo con esa sensación agradable de estar en sus brazos. Preparo mis cosas para mañana y me doy una ducha antes de dormir, seco mi cabello y me voy a la cama. Mi mente sigue funcionando a toda máquina, temo a mis sentimientos por él, no es que tenga miedo de enamorarme o de vivir el amor con todos sus colores, es Franco... él es un hombre mayor y experimentado, con miles de tretas para atrapar a una mujer, sobre todo a "una niña ingenua e inexperta" como yo, eso dijo en la cocina... >. Se me escapa una risa burlona seguida de un suspiro. Es obvio que no me ve como una niña pero ¿sentirá algo por mí o solo es una atracción física? No puedo evitar pensar que tal vez está jugando conmigo y me está seduciendo y manipulando para llevarme a su cama, aunque no todas sus caricias eran sensuales, muchas de ellas estaban cargadas de ternura y
sus ojos parecían sinceros ¡él parecía tan sincero! Estoy en un punto clave del camino donde debo decidir avanzar o retroceder y no tengo muy claro si él desea continuar con esto o si estaré a la altura de sus expectativas. Me obligo a mi misma a dejar de pensar porque cada vez me enredo más en mis propias preguntas, me acurruco entre las frazadas y mi mente vuelve a ese momento de éxtasis con Franco. Acalla todas mis dudas y temores y poco a poco me voy durmiendo en una dulce sensación de bienestar como cuando estaba entre sus brazos.
(...)
¡La mañana de hoy brilla más que nunca! Estoy feliz cantando y bailando mientras me preparo para ir al liceo. Franco no me ha mandado ningún mensaje, tampoco ha pasado tanto tiempo, aún así lo extraño, pero estoy tan dichosa por lo vivido el día anterior que poco caso le hago y bajo a desayunar.
-¡Buenos días! -saludo alegremente entrando en la cocina y tomando mi lugar habitual.
-¡Bueenos diiiasss! -responde papá cantando e imitando mis pasos de baile.
-Papaaá -protesto avergonzada- ¡yo no bailo así!
-¡Buenos días! --exclama entonadito mamá- Veo que dormimos muy bien anoche.
-¡Estaba tan relajada! que dormí profundamente.
>.
-Y eso que ya habías dormido sobre el sillón.
>
Le sonrío inocente, y nos sentamos a desayunar, al rato papá me ofrece:
-¿Te llevo al liceo, pequeña? Debo ir a la oficina, ayer no pude hablar con Franco.
-Bueno papá.
Mientras mi corazón reacciona con entusiasmo ante ese nombre, nos despedimos de mamá y nos vamos. Papá me deja en la parada que está cerca de mi liceo, me despido con un beso en la mejilla y bajo del auto. Estoy lista para comenzar mi jornada. En mi sala de clases veo a Alex hablando con algunos compañeros, les saludo a todos y me voy a mi lugar. Hoy no tengo ganas de hacer vida social, solo quiero pensar en una sola persona. Mientras espero al profesor, me pongo mis auriculares y como si anoche no hubiera tenido bastante, escucho la canción que me dedicó Franco, me transporta a nuestro momento mágico de pasión y ternura. Cierro mis ojos y vuelo hacia la tarde de ayer, a los segundos siento que alguien se sienta a mi lado y me quita un audífono, es Alex.
-¿Qué escuchas? -me pregunta poniéndose el auricular.
Se queda atento oyendo la canción y me mira extrañado, no acostumbro a escuchar este tipo de música.
-¿Y eso?
Me encojo de hombros.
-La encontré por ahí y me gustó.
En eso entra el profesor y nuestra jornada comienza, lo bueno es que hoy salimos más temprano. Cerca de las 15 horas terminan las clases y salgo junto con Alex.
-Amanda ¿terminaste el trabajo?
-¡Ay Alex! No pude -le digo con pesar-. Me quedé dormida toda la tarde ¡Lo siento! hoy lo termino sin falta.
-No importa, ya está casi listo.
Va a hacerme otra pregunta pero justo a la salida lo espera su papá que lo llevará al dentista, saca la lengua hacia un lado y cierra los ojos fingiendo estar muerto, me río divertida y nos despedimos con la mano. En la parada me precipito rápidamente a mi bolso para sacar mi celular y revisar los mensajes... nada, sin señales de Franco. Se me escapa un suspiro de frustración, me cruzo de brazos y me quedo esperando el autobús masticando de mala gana mi desilusión. A lo lejos escucho el rugido ensordecedor de una motocicleta que se viene acercando. Suplico internamente para que pase pronto, me molestan los ruidos tan fuertes. Observo ansiosa la carretera, no se ven señales del bus y la motocicleta en vez de seguir su camino se detiene justo frente a mi, sin apagar el motor. Lo miro disimuladamente, es un tipo con chaqueta de cuero y jeans negros, hace un movimiento para sacarse el casco y rápidamente giro la cabeza para que no me descubra observándolo, por el rabillo del ojo veo que se inclina para buscar algo en su moto y luego se endereza y se gira hacia mi mirándome con insistencia. >
-¿Te llevo? -me grita.
Detesto a esos tipos que se creen con derecho a todo. Molesta, lo enfrento para decirle que se puede ir a la china con su moto, pero me encuentro con una media sonrisa que reconozco muy bien. Mi corazón pega un brinco como si realmente estuviera saltando y gritando de emoción dentro de mi. Franco me hace un gesto interrogativo levantando un casco para que lo pueda ver. Mi sonrisa es tan amplia que me duelen las comisuras de la boca y ahí mientras lo observo en su moto sonriendo encantadoramente, me doy cuenta que ya no tengo retorno. Me acerco rápidamente a su lado sin hacer ningún gesto cariñoso ni articular palabra alguna. Sonreímos y solo Nuestros ojos hablan y se comunican en nuestro lenguaje silencioso.
>.
Me coloco el casco y Franco abrocha el seguro bajo mi mentón, con un movimiento rápido me subo detrás y me indica donde poner los pies. Me aferro a su espalda con todas mis fuerzas, mi corazón late frenético, el miedo de andar en moto por primera vez se mezcla con la euforia de verle y estar tan cerca de él de nuevo. Antes que comience la marcha le pregunto:
-¿Donde vamos?
-¡Ya lo verás!
El motor ruge y vibra entre mis piernas, el sonido es intimidante y excitante a la vez. Me aferro un poco más a su espalda y mi corazón busca una salida para escapar >. Y juntos desaparecemos por la carretera.