Nuestros ojos siguen unidos y no logro dominarme. Intento conectar mi cerebro con mi boca sin mucho éxito.
—Mi papá está... en... en.... allá... —Le indico el lugar con la mano, las palabras huyen de mi.
Da un breve vistazo al jardín a través de la ventana y sus ojos regresan a mi, asiente en silencio y me sigue observando fascinado, yo sigo muda. Después de unos minutos reflexiona.
—Creo que debería ir a saludarlo...
El tono masculino de su voz me provoca una descarga placentera. Asiento a modo de respuesta y Franco camina hacia la puerta del jardín, antes de salir me lanza una última mirada y yo me quedo aquí sola, completamente paralizada, no sé por cuanto tiempo. Soy un mar en plena tempestad, un mar imposible de controlar. Las emociones y sentimientos que él me provoca me dominan. Al rato, la puerta se abre y mamá entra.
—Hija, ¿Terminaste tu tarea? —me pregunta lavándose las manos apresurada.
—...No.
—Tendrás que llevar tus cosas a tu habitación, tu papá invitó a Franco a cenar.
Le responde el silencio y mamá mira en mi dirección con curiosidad.
—Amanda...
—Ah... —Vuelvo a tierra con dificultad y fijo mis ojos en ella.
—Ahora, hija, ve y me vienes ayudar. Tengo que cambiarme de ropa.
—Sí... voy...
Tomo mis cosas y subo a mi habitación. Estoy ida, he perdido el sentido de la realidad, intento calmarme y respiro profundo para volver a la normalidad. Me pongo un sweter delgado que cubra mi cintura y miro mi reflejo en el espejo; mis mejillas están rojas, odio que me ponga en este estado tan vulnerable y sin control de mi misma. Siempre he sido una chica centrada y tranquila, nunca corro riesgos y el miedo me mantiene en mi zona de confort. Pero Franco, revoluciona mi mundo, me lleva al precipicio y me insta a saltar. Bajo a la cocina, papá y Franco aún están afuera, ayudo a mamá a preparar la mesa. Solo pensar que debo enfrentarme a él nuevamente me pone terriblemente nerviosa ¡estoy temblando! no sé como debo comportarme ahora. Cuando regresan, Franco le sostiene la puerta a papá para que pueda entrar con las herramientas, sus ojos inmediatamente van a mi encuentro y me analiza, me giro dándole la espalda incapaz de enfrentarlo y papá guarda las herramientas en un pequeño cuarto que tiene habilitado en la cocina.
—Franco, puedes ponerte cómodo, me iré a cambiar y bajo enseguida.
—Por supuesto, Enrique. Aquí te espero.
No sé donde está Franco, pero estoy segura que está pendiente de mi porque siento su mirada insistente que quema mi espalda. Intento controlar los temblores que me recorren sin mucho éxito y me repito sin cesar >.
—Yo también necesito un cambio de ropa —dice mamá—. No tardo, Franco. Si necesitas algo se lo pides a Amanda.
—Sí, no hay problema. Ve tranquila.
> le grito en mi mente, obviamente, eso no causa ningún efecto.
—Amanda, rebana un poco de pan por favor. Lo dejé encima del mueble.
—Bueno, mamá... —le respondo lo más natural posible. La ansiedad vuelve a subir hasta el tope dentro de mi.
>
Lo miro de reojo, está cerca de la entrada observandome en silencio. Saco un cuchillo del cajón y me acerco al mueble donde mamá puso el pan. Franco avanza inmediatamente hasta mi y me paralizo en seguida. Debo evitar a toda costa que se de cuenta del estado en el que estoy por su culpa. Se para a mi lado y me mira insistente, como si buscara una respuesta. Respiro profundo rogando en mi interior que mi mano temblorosa no me delate, estiro el brazo para tomar el pan que está frente a él, pero mis esfuerzos son inútiles, mi cuerpo me traiciona, Franco desvía su mirada y hace un gesto de sorpresa, agarra mi mano en el aire antes de que tome el pan y la queda mirando fijo.
—Estás temblando —afirma sorprendido.
— . . .
Siento su calidez y la firmeza de este contacto. Se vuelve hacia mi pero yo no lo enfrento, no resisto su mirada.
—Amanda...—insiste mientras sus ojos me buscan y me queman.
— . . .
Con su otra mano toma mi barbilla y me obliga a mirarle a los ojos. Su expresión está llena de expectación suplicante. Espera un mínimo gesto de mi parte que le confirme que no me deja indiferente, que deseo esto tanto como él, pero estoy inmóvil, si me muevo un milímetro habré perdido este juego. Se escuchan pasos bajar la escalera, me suelta de mala gana y se aleja de mi, yo me quedo mirando el pan con el cuchillo en la mano sin saber que hacer. Papá entra en la cocina y hablan animadamente, mamá baja a los minutos después y entro en pánico, si no corto el pan se dará cuenta que algo anda mal conmigo, desde que entró de regreso del jardín tengo un comportamiento extraño y ella no tarda en darse cuenta cuando algo me pasa. Rebano el pan pero mis movimientos son torpes debido a mis temblores, en una fracción de segundos, en que papá está revisando distraidamente en uno de los muebles, Franco me quita el cuchillo y rebana el pan para dejarlo sobre la mesa. Agradezco tanto ese gesto de su parte y me acerco a la llave para beber un vaso de agua para calmar el incendio abrazador que tengo dentro de mi pecho.
Nos sentamos a la mesa y a pesar del calor, tomo un café caliente esperando que relaje la tensión que tengo acumulada. Mis mejillas deben estar rojas porque me arden. Tampoco logro comer nada, es imposible pasar bocado con este nudo en la garganta. Todo transcurre normal excepto por las miradas de Franco que se han vuelto mucho más intensas e inquisidoras. Buscan una respuesta a una pregunta no verbal. De pronto, mi padre fija su mirada en mi café con curiosidad > Franco nuevamente se adelanta a la jugada y le dice:
—Enrique ¿te comenté que compraré una moto?
—No, no me lo has mencionado —responde sorprendido y siguen conversando del tema.
Segunda vez que Franco me salva de quedar en evidencia. Termina la cena y pasan a la sala para seguir conversando, yo me quedo en la cocina ocupándome de limpiar, algo que mamá me agradece porque la tarde de jardinería la dejó agotada. Necesito estar a solas y ordenar mi confusión y el mar de emociones que me embarga. No pasa mucho cuando Franco anuncia que debe retirarse y se dirige a la cocina para despedirse de mi. La ansiedad y los nervios vuelven al tope máximo >. Se acerca a mi lado y me susurra con suavidad:
—Amanda, yo... no quería incomodarte.
— . . .
—¿Estás más tranquila?...
No respondo. Si le digo que si, sería confirmarle que causa efecto en mi.
—Amanda, por favor... Si tú me dic...
No le dejo terminar la frase y lo miro directo a los ojos.
—Adiós, Franco.
Me observa decepcionado, él esperaba que confesara pero no me atrevo, tengo miedo. Ni siquiera sé lo que me está pasando.
Asiente triste.
—Está bien... adiós —responde y sale de la cocina, luego se despide de mis padres y se va.
Subo a mi habitación sin despedirme como hago cada noche antes de dormir, me encierro en mi cuarto y no salgo más. Más tarde, mamá va a tocar mi puerta, debe extrañarse que no me despedí de ellos como acostumbro, no le respondo y fingo estar dormida, del otro lado se escucha su voz suave:
—Debe estar dormida ya.
Sus pasos se alejan y la puerta de su habitación se cierra, agradezco que mis padres siempre respeten mi privacidad. A duras penas me coloco el pijama y sobre mi cama doy vueltas sin lograr dormir. Desde que se fue Franco, mis pensamientos giran entorno a lo sucedido esta tarde. >
Tengo miedo de lo que me hace sentir, es tan intenso... no quiero perder el control y dejarme llevar, siento que si dejo salir este sentimiento me obligará hacer locuras que más tarde voy a lamentar. No puedo estar con un hombre mayor, corro muchos riesgos y tampoco sé cuales son sus verdaderas intenciones conmigo ¿Y si solo está jugando? Es una probabilidad muy alta. Y lo que es peor ¿qué dirían mis padres? ¿Y Alex? Jamás estarían de acuerdo y a mi padre le daría un ataque. Son muchas las cosas que nos alejan, no puedo arriesgarme de esta manera, sería como exponerme voluntariamente al sacrificio. Estoy totalmente paralizada por el miedo. Perdida en mis infinitas preguntas y cuestionamientos mi celular avisa la entrada de un mensaje, es de un número desconocido, lo abro y hay un enlace de video a YouTube y bajo el enlace dice Franco. Mi corazón estalla y comienza a latir con fuerza al ver su nombre y siento una punzada en el estómago. El enlace me dirige a una canción "Do I wanna know de Arctic Monkeys" la música comienza y leo la traducción:
...¿Te has sonrojado?...
... No tienes idea, ¿sabes que estás en lo profundo?...
...Te he soñado casi cada noche esta semana...
... ¿Cuántos secretos puedes guardar?...
...Quiero saber, Si este sentimiento fluye en ambas direcciones...
... Triste es verte ir, estaba esperando que te quedaras...
...Cariño, ambos sabemos
Que las noches fueron hechas para decir las cosas que no podemos decir el día de mañana...
...Arrastrándome de vuelta a ti...
...¿Pensaste en llamarme cuando tuviste un momento?...
... yo siempre lo hago...
... Así que ¿tienes las agallas?...
... Siento interrumpir, es solo que estoy constantemente a punto de intentar besarte...
...Pero no sé si sientes lo mismo que yo...
...Podríamos estar juntos si tú lo quisieras...
Mi corazón late a toda velocidad, mis sienes y mi carótida siguen su compás frenético, mi cara y mi pecho están ardiendo. Con esta canción acaba de confirmar cuáles son sus deseos hacia mi. Me rindo al fin ante la evidencia;
Estoy loca por él.
Esta llama ardiente que me consume, cada vez que le pienso, escucho su voz o lo veo, no es otra cosa que pasión, una locura intensa, impetuosa...
Un deseo vehemente.
Pero a pesar de lo que siento, no respondo a su mensaje.