Capítulo 5

2150 Words
Ya han comenzado las vacaciones de invierno, significa dos semanas para dedicarme a lo que me gusta y pasar más tiempo con mis padres y cocinar con mamá. Aunque no me gusta mucho la cocina, disfruto de su compañía y pasamos horas conversando de todo. Ahora que es invierno es mi lugar favorito y la mayoría del tiempo estoy ahí disfrutando su calidez, es grande y tiene una mesa que usamos diariamente. El comedor principal se usa cuando hay visitas. Preparamos unos deliciosos brownie para la hora de once, esta tarde fría está perfecta para una taza de café y un trozo de pastel y debo confesar que me encanta el chocolate. Disfrutamos de un grato momento familiar y luego me voy a mi cuarto y enciendo la estufa, mi mejor amiga en esta época de frío, me pongo algo más cómodo y cálido para no perder el calor y me dispongo hacer una de las cosas que más me apasiona, dibujar. Mis temas favoritos son los paisajes, la naturaleza en todas sus formas y los retratos. En la comodidad y calor de mi cuarto dibujo una chica con alas de ángel escuchando la música de mi reproductor, la melodía "unthinkable "(inconcebible) de "Alicia Keys" comienza a sonar e irremediablemente me acuerdo de él... Franco. Y es que siempre invade mis pensamientos, basta pensar en él o escuchar su nombre para que esa llama se encienda en mi interior y vuelva a evocar cada momento con él y las sensaciones que despierta en mi desde el día que lo conocí. Mi mente me repite que estoy alucinando pero ese argumento no me deja conforme, trato de encontrar una respuesta a mis preguntas y no lo consigo. Franco se ha instalado en mi cabeza y no tiene intención de marcharse, me acompaña durante todo el día. No creo que esté enamorada de él, tengo muy claro que los hombres mayores no son para mi y papá se ha encargado de repetirmelo innumerables veces, dice que es la única exigencia que tiene para mi. Sé que yo no he buscado ni provocado esta situación y he tratado de mantener la distancia que corresponde, pero Franco me seduce, intenta acercarse y atraerme, no importa que tan indiferente sea con él, su mirada y sus gestos buscan mi atención y esta llama en mi interior crece cada vez más y solo él la enciende, solo él. Estos días de vacaciones mis padres aprovechan para salir más seguido, incluso hay noches que no vuelven a casa. Parecen adolescentes enamorados y me gusta mucho verles así, les doy su espacio porque no tuvieron la oportunidad cuando eran jóvenes. Mi padre se dedicó a trabajar mucho y muy duro para conseguir lo que ahora tenemos. Su meta era darnos las comodidades que nos merecíamos y mi madre se dedicó a criarme, porque para ella lo más importante para una niña es tener a su madre cerca, tuvo esa carencia en su niñez y no quiso que yo pasara lo mismo. Quedó embarazada a los meses de casarse con papá y como la situación económica no era muy buena en ese tiempo, no querían tener más hijos hasta que las cosas mejorarán. Cuando se dio la ocasión, mamá ya no pudo embarazarse nuevamente. (...) Con Alex hemos acordado despedir las vacaciones de invierno haciendo algo juntos. Hoy se quedará a dormir en casa en la pieza de invitados. Ha traído sus video juegos y yo preparé algo para comer. Antes, me acompaña a mi habitación y le muestro mis últimos dibujos que le gustan mucho. Siempre se queda con alguno o me pide que le dibuje algo sobre sus videojuegos. Bajamos a la sala y mientras Alex conecta el aparato yo voy a la cocina a preparar palomitas, Alex me pregunta antes de ir: —¿Hiciste pizza? —No, pizza a esta hora no. Demasiadas calorías. —¡Que aburrida eres! Voy riendo a la cocina a prepararlas. Mis padres salieron a cenar así que llegarán tarde. Nos instalamos en el sofá y ya tenemos todo lo necesario; la estufa, mi manta preferida, algo dulce y nuestra compañía. Pasan varias horas riendo y hablando, nunca nos aburrimos juntos y como siempre al jugar, nos peleamos y es que oprimo sus controles cuando está a punto de ganar porque he perdido toda la noche. Terminamos en el suelo forcejeando, evitando que el otro nos haga perder y ríendo a carcajadas. —Amanda, eres muy mala perdedora ¿Lo sabías? —dice divertido, mientras seguimos sobre la alfombra. —¡Lo sé! ¡Odio perder! Escondo mi cara en la alfombra apoyando mi frente en mis antebrazos. En ese momento mi celular, que está en la mesita, comienza a sonar y me incorporo para responder la llamada, es un número desconocido. —¿Diga? —¿Amanda? —Sí, con ella ¿Con quién hablo? —Con Franco... Hola... En el instante que escucho su nombre, una descarga eléctrica atraviesa mi corazón y me quedo muda un instante totalmente confundida con este llamado. > —Franco... —respondo sorprendida—. Hola. —¿Cómo estás? —¿Yo?... bien... —uso un tono interrogativo para hacerle comprender mi desconcierto. Alex me analiza sin pestañear, le hago un movimiento negativo con la cabeza para hacerle ver que yo tampoco entiendo nada. —Me alegro..., yo... No sé que decirle, su llamada me ha pillado por sorpresa. Nos quedamos en silencio esperando que uno de los dos hable. Alex me mira con un gesto de interrogación, me encojo de hombros totalmente perdida y sin saber que hacer. —Yo quería... te llamaba... —Franco titubea y se aclara la voz antes de continuar— ...quería saber si ha llegado Enrique. ¿Qué? No le respondo de inmediato, tengo la sensación de que no ha dicho lo que realmente deseaba. —Eh no, aún... no ha llegado... —Está bien, gracias. —Me corta sin despedirse. Miro mi celular perpleja sin entender lo que acaba de pasar > —¿Qué rayos fue eso? —interroga Alex. —Era Franco... Quería saber si mi papá había llegado. —La confusión es evidente en mi cara y en mi voz, desde que apareció Franco en mi vida mi cabeza está llena de interrogantes. —¿Y por qué te llama a ti y no a tu papá? —No tengo ni idea, Alex. Lo mismo me pregunto. —Que raro, mejor ten cuidado con él. Tú sabes que en hombres mayores no se puede confiar. —Ay, tampoco me propuso que me fuera a la cama con él, no seas exagerado. —No sé, yo te digo solamente. Ya hasta lo tuteas... ¿No será que quiere algo contigo? Lo miro sorprendida y me echo a reír ante su ocurrencia. —¡No te rías, Amanda! ¡Te estoy hablando enserio! —Pero, Alex, ¿Te estás escuchando? ¡Es totalmente absurdo lo que insinúas! Para empezar, él es mucho mayor que yo. En segundo lugar, es él socio y amigo de la infancia de papá. Tercero, no me gustan los hombres mayores ¿sigo? —Amanda, era cosa de mirar tu cara. —Alex me mira dudoso, intentando descifrar mis verdaderos pensamientos. —Ya ¡no me mires así! mejor vamos a dormir. ¡Tengo que huir de aquí como sea! o se dará cuenta que Franco no me deja indiferente. Me levanto y él me imita pero antes de dar un paso, Alex me retiene por el brazo y me obliga a mirarle a los ojos. —Amanda, en serio. Ese tipo no te conviene. —advierte con recelo. No sé que decirle, lee en mi como un libro, me conoce tan bien. Debo evitar a toda costa que sepa lo que siento. > Alex no tiene intenciones de soltarme, y no me ha quitado sus ojos de encima. —Alex, ¿en verdad piensas que me gusta Franco? Asiente. —Mira, reconozco que lo encuentro muy guapo —continúo—: ¡Su belleza salta a la vista! eso puede llegar a ser intimidante y ponerme nerviosa, pero ¿De ahí a que yo sienta algo por él? Sabes que necesito mucho más que una cara bonita. > —¡Claro que lo sé! Te considero una chica inteligente, sé que no eres superficial. —¡Y así soy! él me intimida un poco, nada más. ¿Acaso tú no te pondrías nervioso con una mujer bellísima y sexy? Estoy segura que ni las palabras te saldrían solo tu baba. > me dice mi conciencia. —Puede ser... —No hay nada de que preocuparse. Ya, vamos a dormir mejor ¡tontito! Le digo con ternura pellizcandole la mejilla con suavidad. Alex, al fin me suelta y sonríe. > Me carga mentirle y esta es la primera vez. Pero no estoy dispuesta a compartir mi mayor secreto con nadie, ni siquiera con él. Lo siento Alex.  (...) Los días de invierno van pasando y poco a poco la primavera va mostrando sus primeros colores. Nuestro jardín muestra su mejor cara. Me encanta la primavera sobre todo porque florecen las violetas que tengo en mi cuarto una de mis flores preferidas. Me fascina su aroma intenso al igual que su color. En septiembre todo se llena de flores, fragancias, y los pájaros sacan sus mejores melodías. Paso mucho tiempo disfrutando del aire libre y dibujando lo que me rodea. Los días calurosos también llegan, unos más que otros, como el día de hoy, que más bien parece día de verano. Salí temprano del liceo y lo primero que hice fue quitarme el uniforme y ponerme algo más ligero. Unos jeans a la cadera y un top que muestra mi ombligo, ideal para usar el belly chain (cadena para vientre) que me trajo mamá de uno de sus viajes. No he visto mucho a Franco, eso no evita que piense en él, aunque ya es con menos frecuencia. Después del almuerzo hago mi tarea de investigación que tengo pendiente. Mamá está en el jardín cuidando de él y papá va saliendo con algunas herramientas para ayudarle, antes de salir me dice: —Amanda, cuando llegue Franco lo haces pasar al jardín. Después de ese día de lluvia le entregué una copia para que pueda entrar. —Bueno, papá. Mi corazón reacciona enseguida y la llama se enciende. Intento concentrarme en mi tarea, ya llevo como una hora y no he escrito casi nada. Estoy ansiosa, me levanto a tomar un vaso de agua y me apoyo en el lavaplatos respirando profundo para poder calmarme. Escucho que se abre la puerta de entrada a la casa y me vuelvo inmediatamente a mirar... a los segundos aparece Franco entrando a la cocina. Su mirada viaja desde mis ojos hasta mi cintura, se detiene en ella y se pasea por sus curvas, ese gesto se siente como verdaderas caricias, la comisura de su boca se eleva sutilmente, en una clara señal de que disfruta el panorama. Me mira nuevamente a los ojos de una manera tan intensa que me traspasa y nubla mi razón. Mi corazón se pone como loco y ya no es una llama lo que siento, es un volcán a punto de explotar. —Hola, Amanda... —su voz seductora es grave y profunda, produce un hormigueo en mi vientre. —Hola... —le respondo en un susurro, casi inaudible. Se acerca despacio y sin quitarme los ojos de encima, se para tan cerca de mi que debo levantar la cabeza para mirarlo a la cara. Lleva su mano a mi cintura desnuda y hace como una suave y leve caricia antes de apoyarla sobre ella, ese contacto intensifica aún más mi interior. Inclina su cabeza para darme un beso en la mejilla, pero está tan cerca de mi boca... siento su barba que tanto me gusta... y su aroma masculino invade mi ser sin mi consentimiento. Franco tensa la mandíbula conteniendose y hace que este momento dure y dure mucho, más de lo normal, mis ojos se cierran involuntariamente, los segundos van pasando y me parecen horas. Retira su cara con lentitud, su barba me roza la mejilla y parte de mis labios, la mano que tenía en mi cintura imita el mismo movimiento, la quita con delicadeza acariciando nuevamente mi piel sin dejar de mirarme y yo me convierto en llamas bajo su encanto seductor, quiero desviar la vista pero no puedo, sus ojos me han atrapado y se adueñan de mi. Su juego de seducción es difícil de resistir, estoy a punto de sucumbir... Ya no tengo dudas, acaba de dejar bien claras sus intenciones. Algo pasa entre los dos.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD