Ya han pasado un par de meses y el clima ha cambiado. Con la llegada del invierno los días son más cortos y fríos y yo sufro con eso, me cuesta regular mi temperatura corporal y mis manos siempre están frías. Julio, no es uno de mis meses preferidos.
En casa paso más tiempo sola y eso me agrada. Ahora que Franco se está haciendo cargo de la oficina, mis padres disfrutan al fin de momentos juntos. Yo no suelo acompañarles porque me aburro mucho y quiero dejarles pololear tranquilos. Además, ya soy mayor de edad y no necesito supervisión constante, así que me viene bien, me gusta pasar tiempo a solas y perderme en mis pensamientos, dedicarme a mis pasatiempos favoritos como la pintura, el dibujo y la lectura. Aunque no he tenido mucho tiempo por las clases. Algunas veces, cuando se puede, viene Alex y pasamos tiempo juntos, más que nada los fines de semana.
A Franco siempre lo veo, viene a casa seguido pues a mi padre y a él les gusta ponerse al día acá porque pueden disfrutar de una rica cena que prepara mamá o de una copa, algo que en la oficina no pueden hacer. Yo no sé porqué tengo una sensación tan extraña cuando él está presente, me pone nerviosa e incómoda, me mira de manera insistente y pareciera que sus ojos quisieran decirme mil cosas, su mirada es profunda, me quema y me hace sonrojar, pero es muy discreto, lo hace cuando mis padres no están mirando. Siempre está pendiente de lo que digo y de lo que hago, me incluye en las conversaciones o me pregunta sobre cualquier tema. ¿Será que se siente atraído por mi? ¡Que absurda eres Amanda! Creo que estoy imaginando cosas. Lo más seguro es que quiere tener gestos amables con la niñita de su socio y amigo de la infancia ¿Por qué el podría sentirse atraído por mí? Pero a pesar de que me repito esto una y otra vez, todo mi ser reacciona cada vez que me mira con esa sonrisa, algo se enciende en mi interior, es como una llama ardiente que quiere explotar. Cuando se despide, su mano la posa en mi mejilla y se inclina hacia mí lento y roza mi cara suavemente, se siente como una caricia y mi corazón se acelera como loco,. Por un instante sólo somos él y yo. No entiendo lo que me pasa, esto nunca lo había sentido. Me han gustado chicos y he besado algunos, pero nadie había provocado esto en mí antes, es como una descarga de endorfina, oxitocina y dopamina, sobre todo oxitocina la hormona del placer. Tengo una lucha en mi interior por su causa, una parte de mí me dice que algo pasa y la otra me repite que deje de soñar y de inventarme historias.
(...)
La tarde de hoy está particularmente fría. Anunciaron lluvias y ya se ve en el cielo las nubes grises y las primeras gotitas comienzan a caer. Me apresuro a llegar a casa para no quedar empapada. Al bajar del bus corro a mi casa, la lluvia está un poco más intensa. Pongo la llave en la cerradura apresuradamente, vengo agitada y con frío y mis manos están a punto de perder su función, cuando entro me quedo de una pieza al ver a Franco sentado en el living esperando tranquilamente.
—¡Franco!... ¿estás solo? —le pregunto con sorpresa.
—Sí, estoy esperando a Enrique. Quedó atascado en un taco, con esto que anunciaron lluvias, todos quieren llegar pronto a casa.
—Sí, es un lio allá afuera... —Me acerco a saludar y el se levanta de inmediato—. ¿Quieres tomar algo caliente mientras esperas?
—¡Un té me encantaría!
—Enseguida lo preparo.
Dejo mis cosas en uno de los sillones y voy a la cocina a preparar el té. No me gusta que Franco me vea con uniforme, me siento una niñita a su lado. Pongo a calentar el agua y saco la cajita con infusiones y tés que guarda mamá. Estiro el brazo para alcanzar dos tazas del estante de arriba y mi falda se sube al empinarme, mi altura no me ayuda mucho. Me acomodo mi uniforme y me giro hacia la mesa, el corazón casi se me arranca por la boca cuando veo a Franco apoyado en el marco de la puerta mirándome en silencio. Disfruta del espectáculo, lo veo en su sonrisita satisfactoria y la llama se enciende en mí. Ya comienzo a reconocerla. ¿Por qué me mira así?
—Me asustaste...
—Disculpa, no te quería interrumpir.
—¿Quieres... tomar el té aquí o te lo llevo a la sala? —pregunto nerviosa.
—Prefiero aquí, es más cómodo.
Pongo lo necesario sobre la mesa y el agua ya está lista. Sirvo y nos sentamos a disfrutar de algo caliente. Como acto reflejo pongo mis manos en la taza para entrar en calor.
—¿Cómo va el liceo? —pregunta con naturalidad y confianza.
—Bien... aburrido eso sí, pero me va bien ¡menos en mate!
Se ríe y toma un sorbo, no puedo evitar mirar su boca.
—Seguramente eres muy popular y tienes varios pretendientes... —Me mira con curiosidad, le sonrío nerviosa y sorprendida a la vez.
—¿Yo popular? ¡Nada de eso!... y pretendientes menos.
Se extraña de mi respuesta.
—¿Cómo? ¿Una chica tan preciosa como tú no tiene pretendientes?
—No creo que los chicos del liceo me consideren "preciosa" —respondo bajando la mirada a mi taza de té un poco avergonzada de admitirlo delante de él.
—Es que son chiquillos inmaduros y no saben apreciar a alguien... como tú.
¿Alguien como yo? ¿Qué quiso decir con eso?
La sonrisa es evidente en mi rostro, las comisuras de mi boca duelen pero no logro relajar el gesto. No sé como tomarme ese comentario ni que responder y sólo atino a quedarme callada, Esa llama dentro de mí vuelve a encenderse con intensidad ¿qué es?
—Entonces... —Vacila unos segundos y me mira otra vez—. ¿No tienes novio?
—No, no tengo novio...
Veo una gran sonrisa y toma otro sorbo para disimularlo. Siento que mi respuesta le gusta, no sé que debo esperar de esta conversación, ya estoy demasiado nerviosa y esta llama se hace cada vez más intensa. ¿¡Qué rayos me pasa con él !? No debería estar sintiendo esto. Todos sus gestos y movimientos avivan lo que siento acá dentro y que aún no logro identificar. Intento desviar la conversación para no quedar en evidencia delante de él.
—¿Cómo entraste?
—Tu padre me dijo donde estaba escondida la llave de repuesto para que lo espere adentro y no mojarme con la lluvia.
—Ah, mi papá te tiene confianza.
—Sí, mucha... Lo único que me prohibió fue... su hija —admite como si lo lamentara.
No puedo evitar sonrojarme hasta el pelo, el brillo de sus ojos es tan intenso que agacho la mirada nuevamente a mi taza.
—Discúlpame, Amanda, no quería incomodarte.
No quita su mirada de mí como si yo fuera la cosa más adorable que ha visto. Necesito huir de aquí o corro el riesgo de arder por combustión espontánea.
En eso se abre la puerta y entran mis padres ¡Qué alivio! aún tengo la cara roja y el pecho ardiendo. Nos saludan mientras conversan del clima y el caótico trayecto. Yo aprovecho para escabullirme a mi cuarto y antes de subir echo un último vistazo a la cocina, ahí donde está Franco. Me está mirando como si lamentara el fin de nuestra conversación y mi escape a mi habitación. Sobre mi cama y con la mirada perdida, miles de emociones y pensamientos pasan por mi mente. Intento respirar hondo para lograr calmarme.
¿Qué debo pensar de todo esto? Era evidente que coqueteaba conmigo ¿o yo lo soñé? me parece inaudito que un hombre como él se fije en mí, no entiendo porqué me pone en este estado, estoy totalmente confundida...

...Estoy terminando de lavar los platos, me giro y Franco está justo detrás de mí observándome otra vez.
—Franco... pensé que te habías ido.
No me responde y se acerca poco a poco, se para frente a mí y toma un mechón de mi cabello y juguetea con el mirándome fijamente, no resisto su mirada y miro mis zapatos. Mi corazón late tan fuerte y nuestras respiraciones agitadas se van uniendo al compás. Toma mi barbilla y me obliga a mirarlo a los ojos que bailan en mis pupilas. Soy fuego bajo sus manos, bajo su mirada intensa. Se acerca y yo entreabro mi boca sin querer, nuestros alientos se mezclan, aspira mi aroma con gusto y besa lentamente mi labio inferior. Lo dejo hacer antes de responderle y hacerle ver que estoy dispuesta a entregarme, entiende el mensaje y me toma por la cintura aferrándome a su cuerpo y me besa con toda su pasión.
¡Toc! ¡Toc!
Unos golpes en la puerta me despiertan y me traen de vuelta a la fría realidad.
—¡Amanda, baja a cenar!
Tardo un segundo en responder.
—...Ya, mamá... ya voy.
¡Rayos, me había dormido!
Me siento en la cama y me tomo la cabeza con una mano y cierro los ojos tratando de volver a la realidad. Aún siento sus suaves labios sobre los míos y una inusitada e intensa satisfacción.
¡Estoy enloqueciendo!