Capítulo 4
Valentín abrazaba con fuerza el cuerpo sin vida de su madre. La Omega, murió por una sobredosis de pastillas, no soportó continuar con esa vida de sufrimiento y martirio. Eran inmensamente ricos, era envidiada por cientos de omegas que anhelaban con llevar su alto estilo de vida, sin embargo, para su esposo no era más que un objeto sin derechos y sin valor. No tenía la fuerza para revertir su situación, no tenía la fuerza para pelear por su cachorro. Aunque su hijo Valentín ya era todo un hombre tenía muy en claro que la necesitaba, sin embargo no soportó más.
Cuando ingresaron los paramédicos dentro de la habitación, él no la soltaba, se aferraba más al cadáver de su madre mientras su mirada se mantenía en un punto fijo. No la soltó hasta que su padre hizo acto de presencia. El hombre, con voz autoritaria le exigió soltarla y dejar a las personas de emergencias hacer su trabajo. Obedeció a regañadientes, dejó un beso en la frente de la mujer y se levantó del piso, llevando en su mano la carta de despedida que la mujer dejó.
En la soledad de su habitación se permitió llorar desconsolamente mientras estrujaba la carta contra su pecho. Su madre ya no estaba, ahora se encontraba completamente soñó. En parte se sentía responsable, él no hizo nada ante el sufrimiento de la omega, conocía el tipo de trato que su padre le daba a la mujer. Pero la verdad es que no tenía el valor de enfrentarlo, después de todo el hombre sabía infundir miedo. Desdobla la carta con dedos temblorosos y se dispone a leer.
Querido Valentín:
Lamento tener que hacerte pasar por todo esto, se que al encontrar esta carta te sentirás deshecho y culpable. Pero quiero que entiendas una cosa, esta desición la he tomado yo, tú no tienes la culpa de nada, tampoco la tiene tu padre. Él se rige por las reglas de la manada, no a hecho nada malo, él solo me ponía en el lugar que como su omega me correspondía.
Te amo mi pequeño cachorro, aunque ahora eres todo un hombre que sin lugar a dudas puede valerse por sí mismo. Eres fuerte, serás un gran alfa y un excelente líder de nuestra manada. Se que no estaré para verte triunfar, pero confío que así será. Encuentra a una buena omega, que te comprenda y se esmere en hacerte feliz, que pueda darte hermosos cachorros y luzca con orgullo tu marca en su cuello, una mujer que te ame por sobre todas las cosas, así como yo amé a tu padre.
Se feliz, respeta a tus pares y a quién sea inferior a ti. El respeto no te hace débil, todo lo contrario, demuestra la clase de líder que serás. Te amo hijo mío, te amo tanto, lamentablemente mi corazón ya no soportaba más dolor, deseaba poder descansar eternamente y en ese descanso sin fin hayar mi propia felicidad. Llévame siempre en tu corazón y cuando sientas que las fuerzas se te agotan, entonces mira al cielo y siente que estoy ahí, entre las estrellas, dispuesta a protegerte de todo.
Te amará por siempre, mamá.
Ese día salió de casa, no tenía ganas de volver. No tenía ganas de ver a su padre, realmente, no tenía ganas de absolutamente nada. Por un momento se le cruzó la estúpida idea de acabar con su patética existencia, sin embargo se retracto rápidamente. Subió a su auto y condujo sin dirección, solo deseaba evadir la realidad por un instante, olvidar quien era y deshacerse de la culpa que le quemaba las entrañas.
El suicidio de su madre se veía venir, el único causante de ello fue su padre, quién se encargó de denigrar a la mujer día tras día. Se consideraba responsable, tenía tanta culpa como él, jamás hizo nada por defenderla, jamás hizo nada por defenderse. Estacionó junto al muelle, el sol se ocultaba en el horizonte y aprovecho esa instancia para llorar, por un momento sería débil, por un momento dejaría de ser el hijo que su padre soñaba, por un maldito momento sería él.
En el funeral de su madre no lloró, su rostro se mostraba inmutable, sin embargo, por dentro estaba hecho trizas. ¿A quién acudiría ahora? ¿Quién lo consolaría cuando las cosas no fuesen bien? ¿Quién le diría te quiero cada mañana al despertar? ¿Quién le pondría límites? ¿Quién le recordaría a diario, que dentro de él habitaba alguien bondadoso? Dio reiterados golpes contra el volante, una y otra vez, no se detuvo hasta que sus nudillos sangraron. El dolor físico quizás, podría ayudarle a olvidar un momento el dolor de su alma.
Los días transcurrieron monótonos y sin sentido, Valentín actuaba de manera mecánica y trataba de mantenerse entero. Llegó el día de partir, tenía todo empacado y las ansias por alejarse de su hogar eran inmensas. Su padre lo despidió con un par de palmadas en su ancha espalda y le entregó una tarjeta de crédito Black, sin límites de cupo.
—Este es mi regalo por ser admitido en la universidad más prestigiosa del país— le entrega la tarjeta—. Hazme sentir orgulloso, tienes que ser el mejor en todo ya sabes que no me gusta recibir quejas—, le palmea pesadamente el hombro.
Valentín recibió la tarjeta y antes de poder responder siquiera, el hombre se alejó dejándolo completamente solo. No tenía sentido esperar alguna muestra de afecto por parte de su padre, por lo que sin más, abandonó su hogar. Ya no había nada que lo encadenara a esa casa, su madre ya no estaba, por lo que no deseaba volver jamás.
Tenía que esforzarse al máximo, está era su oportunidad para desligarse completamente del monstruo al que debía llamar padre.