—Mmmm... si... ¡Dios mío! —Si... mmmm... El placer es incomparable... una deliciosa que consume mis sentidos. —Damascus... es... mmm... delicioso. —Artemis. —gruñe en respuesta. Vale. No sé que le enoja de mi, me ha traído a un restaurante londinense que me ha resultando un manjar en el paladar. Me gusta la comida y la compañía también me ha sentado de maravilla. Estoy disfrutando cada platillo como nunca. ¿Alguna vez he comido algo tan delicioso como esto? ¡No lo creo! Siento que estoy comiendo en el cielo de la comida y no me arrepiento de nada, no hay nada en absoluto que me pueda hacer cambiar de opinión o alejarme de estos platillos. —Artemis... Ni siquiera la voz desconsiderada de un perfecto hombre que a regañadientes me ha dejado pedir los platillos que he que

