Capítulo 17 La jornada en la oficina había sido más larga de lo que marcaba el reloj, porque cada minuto ahí dentro se multiplicaba con las miradas inquisitivas, las sonrisas tensas y el murmullo constante que nunca terminaba de apagarse. Intenté concentrarme en las carpetas que tenía sobre el escritorio, en los informes que debía ordenar y en las cifras que parecían hablar un idioma que aún no dominaba, pero lo único que lograba era escuchar el eco de mi propio corazón repitiéndome que no pertenecía a ese lugar. Cuando por fin recogí mis cosas y crucé el pasillo hacia el vestíbulo, lo último que esperaba era verlo a él. Alexander estaba allí, de pie, como si me hubiera estado esperando desde hacía horas, como si esperarme fuera lo más natural del mundo. Llevaba la chaqueta perfectamente

