Capítulo 23: — ALEXANDER — El dolor era una resaca, pero también era una verdad a la que no podía hacer frente en el estruendo de la ciudad. Era la factura por la noche de mi fracaso, y me la cobraba cada músculo. Desperté envuelto en el olor agrio del whisky y en la pesadez del arrepentimiento. El recuerdo de Isabella arrodillada a mi lado, su rostro una mezcla de confusión y una extraña y odiosa compasión, me golpeó más fuerte que cualquier trago. Ella había regresado. Había visto mi colapso. Mi primera reacción, brutal e instintiva, fue el miedo a la exposición. Mi giro de cabeza, el acto deliberado de ignorarla que había ejecutado unas horas antes, no fue un arrebato impulsivo; fue un muro que levanté apresuradamente para evitar que viera la herida real. La única forma de sofocar l

