Al llegar a la mansión fui directo a mi habitación, deseando quitarme los zapatos y olvidarme de todo lo que había pasado en el día. Pero para mi sorpresa, al abrir la puerta, ahí estaba Ethan, sentado en el borde de mi cama como si tuviera algún derecho sobre mi espacio. —¿Qué haces aquí? —le pregunté con frialdad, dejando claro que no me agradaba su presencia. Él sacó su móvil y lo levantó frente a mí, mostrándome una foto. Sentí un sobresalto en el pecho. —¿Quién te mandó esa foto? —pregunté incrédula, con un nudo en mi garganta. —Eso no importa —replicó con dureza. —Lo que importa es por qué te estabas besando con Jack. No pude evitar soltar una risa sarcástica, aunque por dentro me hervía la sangre, no tenía derecho a cuestionarme. —Esto es una locura, Ethan. No tienes ningún

