El domingo amaneció con una luz pálida filtrándose por los grandes ventanales del penthouse, pero dentro del departamento, la atmósfera era espesa y cálida. Nina se movía por la cocina en silencio, envuelta únicamente en un suéter de lana gris que pertenecía a Dominic. Le quedaba enorme, las mangas cubrían sus manos y el dobladillo apenas rozaba la parte alta de sus muslos, dejando al descubierto sus piernas largas y desnudas. Tenía el cabello recogido en un moño alto, un tanto desordenado, con mechones rebeldes cayendo sobre su nuca y sus sienes. El aroma del café recién hecho y el tocino crujiente llenaba el aire. Nina estaba concentrada frente a la estufa cuando sintió el calor de un cuerpo sólido tras ella. Dominic apareció como una sombra poderosa, con el cabello húmedo tras la duch

