Cuando abro los ojos tenemos postres y una botella de vino en la mesa, nosotras no hemos pedido eso, pero lo han servido. Primero pienso que es un error, luego el mesero nos dice que un amigo lo envía y lo más lógico es que haya sido el italiano que ahorita nos ayudó a pasar. —Nydia, vengo en breve, quiero agradecer al joven Alonso su hospitalidad. —No cambias niña, ve, yo me las arreglo. —No tardo, sólo diré gracias, no hay que ser mal educada y menos con un chico tan amable. Comienzo por pensar que Betty puso sus ojos en Alonso, pero ella los pondría en el primer italiano que le guiñe el ojo, tiene una obsesión con los hombres de este país, ella cree que son lo mejor de lo mejor y yo creo que simplemente son hombres, todos son malos, todos traicionan, todos hieren… bueno no todos, es

