A lo lejos está mi amigo de don juan conversando con unas mujeres que se nota no son de por aquí. Ha de estar buscándome pareja y detesto eso.
—Alexandro, estas chicas necesitan cenar, pero no sabían que necesitaban reservación.
—Dime Alonso ¿Desde cuándo yo trabajo aquí? —le respondo.
—Ven hermano, déjame explicarte. Damas, no se desesperen en breve las ayudaremos —dice Alonso y me toma del brazo para hablarme a solas.
—¿Ahora qué?
—¿Te estás volviendo loco o qué? Esas mujeres están muy lindas, pero simplemente les he servido de traductor porque no hablan italiano, las pobres desean cenar en el restaurante y no sabían que necesitaban reserva ¡No sé por qué te comportas así!
—No me reproches, mejor deja de buscarme pareja y si es a eso que venimos, me voy a mi casa.
—Yo en mi vida nunca había visto a esas bellezas, las acabo de encontrar como te dije, no hablan italiano y yo intentando ser amable las ayudaba, ahora bien, tu estas muy negativo como si estuviera mal conocer una chica, este no es el caso, no he conspirado para ello, pero si se da algo de forma natural ¿Por qué resistirse? ¿Entonces ese es el hermano que tengo? ¿Un mal hablado? Te recuerdo que son damas y tu vienes de una mujer, al menos ayúdalas a cenar esta noche, habla con tu amigo.
—¿Seguro que no es un plan tuyo para que consiga una cita hoy?
—¡Te juro por lo que más quieras! Las acabo de ver aquí, nunca en mi vida las había visto.
—Entonces he quedado como un patán.
—Así es.
—Y sin razón.
—Si señor.
—Pensarán que soy una mala persona.
—Quizás un amargado, pero ayúdalas y tal vez le ofreces un trago y todo listo.
Tomo el teléfono, hablo el encargado del restaurante y en seguida el problema está resuelto.
—Hermano, en este hotel estás a la distancia de hablar para que te den lo que pidas, eres importante para ellos.
—Mi familia lo era, mis padres eran clientes repetitivos y solía venir con ellos. Ahora le diré a las damas que tienen una mesa para dos y ver que se me ocurre para corregir mi error.
Camino hacia las dos mujeres, algo apenado y con mil preguntas en la cabeza, una parte de mí quiere decirles que lo lamento y otra simplemente ignorar esa parte.
—Señoritas, una mesa para dos les espera, ya Alonso habla con el señor y las dejan pasar.
—¡Señor, muchas gracias! Soy Betty y ella es…
—No soy nadie, estoy aquí aun por mi amiga que tenía fe en usted, pero por la forma en la que se expresó yo no le habría esperado.
—No debí hablar así, pensé que era una broma de mi amigo, me disculpo, este restaurante es a la carta y el consumo se paga a parte de los gastos del hotel, su cena estará cubierta como una forma de pedirles disculpas.
—Muchas gracias, es muy amable —dice Betty, la otra joven parece molesta.
—Espero que la pasen bien, de nuevo, disculpen.
—Si anda por la vida con esa actitud tendrá que pedir muchas veces disculpas —comenta la chica de rojo.
Guardo silencio, Alonso nos aborda para indicarnos que entremos y ahí queda todo, ellas pasan a su mesa y nosotros a la nuestra.
—¿Qué pasará por la mente de la chica de rojo? No quiso decir su nombre y me hablo como si estuviera molesta por mi actitud de ahorita, creo que no es para tanto, no dije tantas cosas y les pagaré lo que consuman.
—¿Estás atormentado? Quizás el modo o la actitud en la que hablaste no le gustó, ambas están para chuparse los dedos, hombre.
—No noté nada espectacular.
—¿No? Pues vuelve a mirar, la de rojo es la tuya y ese vestidito oculta cosas —volteo la mirada.
—Su escote, ahorita no lo noté.
—Sigue mirando.
—¡Vaya! Si que está linda, le queda muy bonito la sencillez y sensualidad que lleva.
—Podrías invitarlas a que nos acompañen…
—Claro que no.
Los siguientes minutos cada momento que puedo observo a esa mujer, es realmente hermosa y ese rojo debe tener a todos aquí pendientes de ella.
—¿Sigues mirando eh?
—Es una mujer, es normal que la vea.
—No es normal, lo normal es que no tengas ojos para nadie más que para tu ex.
—Querrás decir para lo que ni ex ni es.
—Esa misma loca. Si la de rojo te hace ver tanto para allá, deberías invitarle una copa en un área privada.
—¿Qué dices?
—Hombre no tienes nada que perder, la invitas a una copa y si pasa algo más corre por cuenta de ella.
—Que fácil lo pones, mejor vamos a ordenar y cenar.
Llamamos al mesero y ordenamos la cena, de un momento a otro de forma natural digo una tontería.
—Mesero ¿Puede decirles a las chicas de allá que tomen lo que quieran?
—Si ¿Digo que usted envía el mensaje?
—No, no, mejor que ordenen lo que gusten y después ofrézcale la mejor botella de vino y postres, si pregunta diles que son una ofrenda de un amigo.
—Oye Ale, no te conozco ¿Y eso?
—Ni yo mismo sé qué estoy haciendo.
Me dejo guiar por la emoción y actúo como nunca, habitualmente no hago esas cosas. La mujer blanca de rojo, cabellera negra y al parecer de mucho carácter me dejo pensativo.
Narra Nydia:
No sé qué se cree ese italiano tan alto, blanco y fuerte, se creerá lo más codiciado del mundo o lo más hermoso, viene con su actitud y arrogancia como si el mundo girara entorno a él.
—Creo que te excediste con esos jóvenes, sólo nos hicieron bien, nos ayudan y tu como si fueras una diosa ahí contestando así.
—¿Crees que hable mal? No debí salir, ni sé ni cómo comportarme entonces, a mi me parece que ese hombre de la barba se cree superior o es egocéntrico.
—¿Por una sola oración que salió de su boca?
—Betty, uno se da cuenta de esas cosas.
—Betty nada, el italiano está guapísimo y los nervios te cogieron con hacerte la del rogar.
—¿Qué cosas dices?
—Ese hombre a usted le gustó y por eso se puso negativa.
—Por supuesto que no.
—Ok ¿Es atractivo o no lo es?
—Si alguien es de buen parecer, uno lo debe admitir.
—Es peor de lo que pensé, te encantó —asegura Betty.
Sus palabras me hacen pensar y cuando volteo la mirada para verlo, le encuentro mirándome, o estoy loca o es cierto que me mira.
—Nydia, podemos invitarles un trago en nuestra habitación en agradecimiento.
—Claro que no Betty, es una mala idea.