Betty

2181 Words
Me digo a mí mismo un montón de cosas para superar el hecho de que no me aman como yo amo, pero siempre vuelvo a esa relación tóxica que sólo beneficia a quien menos ama y sufre el que más entrega. Mi teléfono no deja de vibrar, Nolita y yo hemos hecho negocios juntos y siempre usa como excusa alguna cosa con el restaurante suyo en el cual he invertido dinero para acercarse a mí, es tanto así que me siento utilizado, le da por buscarme, nos acostamos y ella regresa a su vida normal sin querer compromisos o ataduras, yo siempre tratando de que vivamos juntos y nos casemos y ella huyendo a esa idea. Estoy casi seguro de que no me ama o al menos no como yo la he querido, pero hace unos días que no quiero escucharla, no quiero tomar sus llamadas, no pretendo ser utilizado y es raro el sentimiento porque no la necesito como otras veces, es como si ya estuviera cansado de esperar y sin proponérmelo he tomado la decisión de pasar la página. Como somos de débiles los hombres, prefiero no tomar la llamada para que no se me ocurra correr a su rescate y volver a cometer el error de mil veces caer. —¡Abre la puerta de una buena vez! —gritan desde afuera. —¿Quién es? —pregunto. —Ahora no me conoces ¡Qué bueno! ¡Abre ya o la derribo! Si no estoy equivocado debe ser Alonso, le digo que saldré para que me deje en paz y sigue con la insistencia. —Pasa ¿Qué quieres? —¿Así recibes a tu mejor amigo? La verdad es que no me importa, yo vine por ti y te sacaré de aquí. —Sabes que no iré a ninguna parte, lo menos que quiero es salir. —Ya veo en tu mirada la desconexión con esa loca, no voy a perder la oportunidad de que salgas y vivas una rica aventura ¿Hace cuanto que no estás con una mujer que no sea para usarte? —Me hieres. —No sé si lo hago, perdóname, sólo intento hacer que entres en razón ¡Vamos! —En todo caso, no soy hombre de andar en antros, aunque diga que sí, tú me conoces. —Lo sé, pero podemos cenar en el Continentale, sé que amas ese hotel. —¿Me llevarías a donde he ido con ella? —A esa mujer le bajaste la luna y las estrellas, no se me ocurre un lugar que no la hayas llevado, así que dejando eso de lado, te propongo que cenemos en un restaurante, te sentirás a gusto, es buen ambiente, hay comida… —¿Y después? Porque algo me dice que no se queda ahí… —Sabes que se dan las mejores fiestas en la disco del hotel… es más bien un lugar de gente así fina como tu con bebidas y música, si quieres te sientas en la barra y tenemos un trago social. —Lo pones tan llamativo que hasta hambre me ha dado. —Es porque de seguro no has comido hoy, que las cosas no te lleven tan lejos, vamos a que veas el mundo de otro color, hermano. —No quiero hacerte caso, pero algo me dice que si no voy no me dejarás en paz. —Tú me conoces, no desisto fácilmente y no pienso irme sin ti, tendrías que matarme o que me secuestren. —Ves demasiadas películas. —Ve a cambiarte, no tenemos todo el día. —Son las cinco, es temprano. —Hermano, debes hacerte un corte de pelo, arregla un poco esa barba, busca una linda camisa, báñate, todo ese proceso tardará bastante, tienes mucho tiempo sin arreglarte para salir. —¿Dices que estoy descuidado? —Más que eso, así que mueve el trasero al baño, tienes mucho trabajo que hacer. —¿Por qué siempre termino siendo arrastrado por ti a tus locuras? —Porque somos hermanos y para eso estamos, para aventuras, locuras y ganar dinero ja, ja, ja. Voy a ver qué hay en tu closet mientras haces el trabajo duro. Si no te molesta me beberé una cerveza para calentar. —Ojalá lo que me deseas se cumpla en ti y esta noche finalmente quedes enamorado como un loco de alguna mujer. —Lo dudo, soy indomable, pero puedes desear lo que quieras ¡Ya vete! No me harás cambiar de opinión dando largas a todo. Desde el baño escucho a Alonso de seguro buscando qué vestiré. —¡Hey, trata de no romper nada! —vocifero. —¡Apresúrate! Déjame trabajar. Me veo al espejo, no había notado mi nivel de descuido hasta que me lo menciona este loco que definitivamente necesito cerca porque me veo falta. Es increíble que estuviera trabajando en estas fachas. Como puedo arreglo mi barba, me siento hasta raro, como si hubiera olvidado como hacer esto, supongo que en parte estoy triste, no sé. Como puedo termino con la barba, mi pelo con pasar un poco las tijeras está, es bastante fino mucho más que mi barba. Me tomo mi tiempo en estas cosas, lavo mis dientes, uso hilo dental y enjuague, ni siquiera sé por qué me esmero, pero ¡Qué más da! Termino la misión y me doy un baño. —¡Oye Ale, ya puedes salir! ¡Alexandro Bianchi! —exclama Alonso. —Querías que me arreglara, ahora no me presiones. Abro la puerta y salgo del baño, en mi cama veo una camisa azul de mangas largas, pantalones negros, zapatos negros y correa que hace juego. —¿Eso? ¿En serio? —Es el Continentale, al menos viste decente. Prefiero usar ropa más cómoda, lo formal ha salido poco a poco de mi elección, sin embargo, al vestirme y llevar las mangas a mis codos, dejar algunos botones del pecho sueltos y ponerme colonia, el hombre en el espejo es uno muy diferente al que entró al baño. —Ahora estás listo galán, te dije que necesitabas salir, es la excusa perfecta para que dejes de andar en malas fachas. Narra Nydia: Estos días de descanso me han venido muy bien, mientras Betty insiste e insiste en que salgamos, yo no pretendo hacer nada fuera de este hotel, conocer Roma no es atractivo en el estado en el que me encuentro. Todavía no comprendo por qué Carlos ni siquiera me llama, es como si no le importara mi dolor, como si yo nunca hubiera existido para él ¿Cómo amas a alguien y al día siguiente ya no? Parece que la que amaba era yo y él sólo pasaba el rato con la mejor opción del momento ¡Que tonta fui! No dejo de buscar en mi mente en qué fallé, qué no vi, cómo es que me sorprendió la noticia de que él no quería lo mismo que yo. Una experiencia así no se olvida de un día para otro, estoy tan quebrada que a penas respiro y como, siento como si hubiera muerto una parte de mí. Ahora ¿Cómo me devuelvo? ¿Cómo vuelvo a empezar? En retrospectiva veo que me enamoré de más, di demasiado, fui buena en exceso ¡Juro que jamás volveré a ser tan inocente! —Nydia, vamos a comer algo fuera ¿Quieres? —Aprecio tus ganas de sacarme de esta cama, ya sabes que yo no tengo ánimos de salir, pero ve tú, quizás tengas más suerte que yo estando sola, conmigo se te espantan los chicos. —Alguien tiene que decirte que Carlos es un idiota que no te merece, eres demasiado para él. —Si, soy una chica pobre, promedio, delgada, de piel blanca, tanto que no puedo ocultar si me sonrojo y me ruborizo de todo y de nada, con ojos claros, grandes y pestañas copiosas, cabello oscuro bastante largo, soy tan común y corriente que mis mezclas raciales no aportan nada, él me dejó así antes de casarse ¡Quién sabe si por mi aspecto! —Entiendo que tengas altos y bajos, momentos de tristeza más intensos que otros, has vivido algo triste, algo que no debe hacerse a nadie en este mundo, te han fregado en el amor, pero no fallaste tú, ha fallado él. Te diré algo, vayamos a cenar a un restaurante de aquí mismo del hotel ¡Ya basta de pedir comida a la habitación! Te bañas, te vistes, algo de maquillaje para tapar las penas y dos amigas salen a cenar, sin chicos a la vista, sólo dos amigas ¿Te parece? —Me parece más atractiva la idea de comida a la habitación. —¡Que graciosa! Nos vamos así tenga que arrastrarte. He sido muy paciente contigo, te he dejado más o menos hacer tu duelo, pero caray mujer, ya al menos debes tener una cena decente ¡Estamos en Italia! —Estar aquí no lo mejora, Bet. —Estás aquí, estás viva y yo te estoy acompañando, lo menos que puedes hacer es salir a cenar conmigo. —Bueno, pues me lanzo al baño, te complaceré esta noche, pero ni una más ¿Eh? —Con esta es suficiente. Veré que ropa sexy trajiste para esta ocasión, la dejaré en la cama para ti y me iré a cambiar. Necesito verte hermosa y maquillada, así que por lo que más quieras, depílate las piernas y todas las zonas necesarias, recibe la ayuda de un peine en esa cabellera y perfume, abundante perfume. —¿No es una cena entre dos amigas? —Nunca se sabe quién mira, así que hazme caso. Paso al baño y siguiendo las instrucciones de Betty recién noto que sí, me urgía un poco de atención en ciertas áreas, no recuerdo si ayer me bañé, pero creo que no. Menos mal que ella está aquí porque ando perdida hasta en las fechas, no tengo idea de que día es hoy o de si mi cuerpo ayer toco el agua, sólo sé que hemos visto algunas noches aquí porque veo la claridad y luego anochece, supongo que es normal tras un evento que parece ser hasta mentira. Sigo esperando que alguien diga que fue una broma, una prueba de amor y salgan con un BMW rojo para entregármelo ¡Lástima que eso sea un sueño y no esta pesadilla! Minutos más tarde salgo en toalla y lo primero que veo es la ropa en la cama, un vestido rojo, corto, sin mangas, con escote pronunciado que no deja nada a la imaginación, es un corte V que deja al descubierto un poco los senos, lo pensaba usar para tener a Carlos comiendo de mi mano, pero aquí estoy sin tenerlo y sin mano. ¡Ash! ¡Qué más da! Por más triste que me sienta es obvio que Carlos no tiene perdón del cielo ni mío, no puedo seguir alimentando la pena que dejó, él no merece tanto y yo debo hacer un esfuerzo. De ímpetu tomo el vestido y me lo coloco, peino mi cabello y lo dejo suelto, no está en sus mejores días, pero se ve bonito. Saco maquillaje y hago algo de magia, unas argollas de oro, un medallón fino y pequeño, bolso y zapatos altos, conforme me arreglo hasta se me va levantando un poco el ánimo. —¡Oye Betty, estoy lista! —vocifero fuerte para que escuche, el lugar es enorme y ella está en su dormitorio. —¡Estoy lista! ¿Escuchaste? —vuelvo a exclamar. —¡Ya estoy! —sale caminando disparada con un zapato puesto y el otro en su mano. —No dijiste que hoy toca usar un solo zapato. —¡Que graciosa! ¡Caray! ¡Estás hermosas, Nydia! —¿Vas a llorar o algo así? —Es que me emociono, disculpa. —Sus deseos son ordenes, he hecho lo que me has pedido. Betty se termina de arreglar el vestido y colocar el zapato mientras salimos, rumbo al restaurante me da por pensar devolverme, pero ya no hay vuelta atrás. — Buonasera, benvenuto al ristorante Continentale —nos reciben en la entrada. —Io ristorante … —intento contestar en italiano. —¿Habla español? —pregunta Betty. —Scusate solo italiano —responde el hombre. —No hablo italiano, pero creo que dice que no habla español. Minutos más tarde seguimos sin entendernos con quien recibe en el lugar. —Disculpen señoritas ¿Necesitan que traduzca algo por ustedes? Soy Alonso —un amable joven se acerca y ofrece ayuda. —Si, por favor, dígale que queremos una mesa para dos, mi amiga y yo vinimos a cenar. Alonso tiene la amabilidad de traducir. —Lo siento, dice que deben tener reservación y no ve a dos mujeres en la lista. —No sabíamos que era con reservación ¡Que mal! He hecho que mi amiga salga de la cama para nada —se lamenta Betty. —Esperemos a que mi amigo se acerque, él es amigo del dueño y puede quizás ayudarles.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD