Alessandro

2188 Words
Hemos llegado al aeropuerto, la gente, los guardias, las puertas, todo me resulta un caos, aunque se debe a mi estado emocional, veo caos en todos lados porque así está mi vida ahora mismo. Con el traje de bodas enlodado, llamando la atención de todo ser humano que me pasa por el lado, decido ir al baño. —¿Qué miran? ¿No tienen sus propios asuntos? —reprende Betty a algunas mujeres que al entrar al baño quedan en shock. —Déjalas, no es para menos, creerán que soy un fantasma y no las culpo, mírame bien, lo que ves es una moribunda. —¡Ay no! Por favor no, esas cosas no las digas ni de juego. Yo no tengo el antídoto o calmante para tu dolor, pero por favor no hables así. Tu mamá te encargó mucho y me ha dejado esta tarea tan difícil. —Entenderé si quieres irte a tu casa, yo puedo irme sola. —Nunca haría tal cosa, si tu mamá venía yo me compraba el boleto para estar contigo en estos momentos, eres como una hermana ¿Cómo crees? Lo que pasa es que para mí es muy difícil verte sufrir y no tengo cómo mejorar tu estado, no puedo borrar lo que ha pasado. —Ya no te preocupes tanto. Entro al baño, esa área que tras la pequeña puerta sólo tiene el inodoro y con todo y vestido me siento sin bajar la tapa. Con un pedazo de tela del vestido que alcanzo a tomar de lo poco que quedo sin lodo, lo uso de mordaza para morder y silenciar un poco mis gritos. Había llorado, pero no me había desplomado, me quiebro porque es todo lo que tengo dentro, muchos sueños rotos y un corazón que late para bombear sangre y nada más. Siento como si estuviera viva sin estar respirando, porque el dolor se empoza en mi pecho apretando el espacio de mi corazón y mis pulmones. Lloro amargamente, por segundos pienso que me ahogo y hasta creo que estoy a punto de morir. Nunca había sufrido tanto en la vida, he tenido una buena vida hasta el día de hoy. —Nydia ¿Estás bien? —¡Si! —retiro la mordaza y me dispongo a rasgar mi vestido. Me cuesta trabajo, pero estoy arrancando un poco de tela, como loca frenética siento la necesidad de romperlo hasta que no quede nada, pero me gana la costura y no lo logro del todo. Retiro el vestido de mi cuerpo. —Bet, pasa un jean y alguna blusa de la maleta, por favor. —En seguida. —Gracias —contesto al recibir la ropa. —También toma estos lentes oscuros —al parecer se ha enterado de mi quebrada dentro de este baño. —¿Tan mal me veo? —No creo, es sólo que tiene treinta minutos ahí y sé que no es sonriendo, sólo quiero ayudar. —Pásalas, gracias. Me visto, salgo disparada a zafacón a botar todo rastro de ese espantoso vestido que de amarlo ahora aborrezco en su totalidad. —¿Lista para irnos? Debemos movernos ya o perderemos el avión. —Vamos. —Pasajeros del vuelo setecientos seis con destino a Italia, lamentamos los inconvenientes, hemos tenido un retraso por lo que tan pronto puedan abordar el avión les estaremos avisando —escuchamos por los altoparlantes el anuncio. —¡Lo que m me faltaba hoy, no puedo siquiera salir del país sin que algo salga mal! —reprimo mi llanto para no derrumbarme otra vez, ahora en frente de todos. Una parte de mí siente que la vida se acabó, pero me aferro a seguir porque tengo que superar esto, no puedo permitir que Carlos me robe algo más aparte de todo el tiempo que he vivido para él. Mi mente me juega sucio, sólo pienso en el día de hoy, desde que me desperté hasta el más mínimo detalle de la preparación hasta llegar a esa funesta conversación telefónica. —Espero que tu Nydia, te busque un novio italiano. —¿Qué dices Betty? Lo menos en lo que pienso es en un hombre. —Es que no hablamos de cualquier hombre, necesitas un italiano extrovertido, pasional, romántico, un semental mandando del cielo a Italia para ti. —¿Crees que este es el mejor momento para hablar de esas cosas? ¿Crees que estoy bien o para bromas? —Puedes echarme frente a un tren y aun así no me callaré. Ese animal no merece que ahora te mueras de depresión y te cortes las venas, tienes que ver otros escenarios, tal vez te libras de algo. —¿Por qué la gente dice eso en la desgracia de uno? Especialmente cuando todo lo que pienso y veo es problema. —Es momento de que veas todo así, estás pasando por la desdicha de este momento tan feo e incómodo, pero yo sólo trato de verlo desde otro punto de vista. —Casi me haces reír con eso de semental, debo admitir. —Eso no es nada, un italiano ardiente, que te haga olvidar las penas, eso y unas copas de vino no te vendrán mal. Nuestra misión en Italia será buscarte un ardiente novio italiano. —¿Quién eres tú? —Una buena amiga que te quiere ayudar, eso soy y si aparecen dos italianos mucho mejor. —Ring, ring —el teléfono de Betty está timbrando. —Estamos bien, el vuelo se ha retrasado, pero estamos aquí charlando y estamos bien —al parecer ha llamado mi madre. —Toma, quiere hablar contigo. —Hola mamá. —Hija, no te pregunto cómo estás, el hecho de que respondas me dice que estás viva. Lamento todo, llega a Italia a salvo y llámame constantemente porque me he quedado muy preocupada, pero por más que yo quiera estoy segura de que Betty con sus ocurrencias te hará sentir mejor. —Si, no te preocupes que lo supero despacio —conteniendo las ganas de llorar respondo, sólo escuchar a mi mamá sabiendo nuestro sacrificio me remueve la herida fresca que tengo. —¿Has sabido algo de él? —pregunto con esperanza de que se haya arrepentido. —No, su madre y yo estamos terminando de recoger cosas y no hay señales de él, pero seguro se le pasará y ustedes podrán hablar. —No, creo que no quiero hablar, tal vez no regrese. —No me asustes, no me hagas salir para el aeropuerto ahora mismo. —No hablo de cosas malas, veré como me trata Italia ¿Sí? No regreso en tres días, no tengo el valor de enfrentar esto. —Quédate el tiempo que sea necesario, no te molestaré a menos que sea una emergencia —afirma mi madre. —Por fin llaman al avión Nydia, debemos irnos. —Madre, tengo que irme, te llamo luego —fin de la llamada. Subimos al avión ¡No puedo creer que un viaje tan largo y costoso termine en venir soltera! —Pues lo primero que haremos al llegar al hotel será poner la tina caliente. —¡Ay, Betty! —Hay que llamar para avisar que iré yo en lugar de Carlos. —Hazlo tú, no puedo hablar de eso, hazte pasar por mí. Ignoro la conversación de Betty con el hotel. —Disculpe señorita ¿Será que puede conseguirme algo de tomar? —pregunto a la azafata. —¿Agua, jugo…? —Algo más… fuerte, por favor. —Bueno, veré lo que consigo. Estamos en primera clase, quería el mejor viaje, así que por lo menos algo de alcohol deben tener. En segundos me pasa algunas botellas pequeñas, de un trago me tomo una. —¡Nydia, debes llegar sobria al hotel, al menos! —Si, sólo necesitaba algo para calmarme. —Tuve que explicarles que el novio ya no es novio porque no querían hacer el cambio a última hora. —¡Genial! Ahora todos en el hotel sabrán que soy la plantada en el altar. —¡No! ¡Ánimo! Ellos hasta nos darán una habitación superior y extienden la estadía por una semana más. —¡Oh! Mira eso… sólo por mi pena —Creo que será una suit como esas que veo en la tele donde tiene sala, cocina, varios dormitorios ¿Te imaginas las fiestas allí? —¿Fiestas? ¿Por qué sólo piensas en eso? —Lo siento, es que pienso que eso te animará muchísimo, ya estoy buscando a donde iremos primero. —Quizás salgamos el fin de semana, estos días necesito descansar. —Falta mucho para eso… ¡No seas aguafiestas! —Entiendo que me quieras animar, pero yo quiero estar en la cama y llorar hasta que no queden lágrimas. —El problema es que siempre habrá qué y por qué llorar, pero te dejaré en paz y mientras yo veo el ambiente. —¡Gracias! El resto del viaje en el avión es bastante tranquilo, llegamos y un taxista nos lleva al hotel, el “Continentale italiano”, una belleza que sólo en sueños podría costear, pero estaba tan ciega que por cumplir el sueño de venir a un lugar sofisticado y de mucha clase con el amor de mi vida, nos liamos hasta el cuello y conseguimos el dinero. Ahora aquí estamos en la puerta del hotel en circunstancias no planeadas. Levanto la cabeza, la postura de mi cuerpo erguida y me decido a caminar por un lugar de ensueño. Desde que entras se respira un aire de lujo y belleza, los pisos, las obras de arte, las paredes, el techo, todo es más italiano que la misma Italia, me siento hasta animada con ver tan hermoso lugar, parece una obra de arte. —Nydia, es hermoso. —Majestuoso amiga y pensar que nos extienden la estancia es mucha suerte ¿No crees? —Si, mi italiano no es bueno, pero el traductor no se equivoca. —Pues disfrutemos entonces porque después hay que pagar esto y no sé de dónde. —Asumo que los préstamos los pagaran los dos. —Después de este viaje donde él no viene, no estoy segura, a lo mejor me toque a mí pagar esto sola. —Yo te ayudaré, no gano mucho, pero te daré todo lo que consiga. —Eres una buena amiga, gracias por estar aquí —le brazo. —No me abraces mucho que me pongo sensible y dirán aquí que hay dos americanas locas llorando. —Ja, ja, me haces sentir mejor siempre. —Entonces no me debo despegar de ti para que estés bien, espero que tengan una tina inmensa para que descanses como bebé. —Yo espero lo mismo. Pasamos a la recepción, firmamos el papeleo y nos escoltan a nuestra habitación, Betty tenía razón, es una suit de esas que llaman presidencial, es hermosa. Tiene sala, cocina equipada, dos dormitorios, balcón con jacuzzi, un lugar sacado de una película. Paseamos por todo el lugar observando cada detalle, el piso de madera, el techo con esculturas, las pinturas en las paredes, la vista impresionante, me atrevo a apostar que desde aquí se ve toda Roma ¡Me encanta! Es justo como lo soñé, excepto porque no son las circunstancias en las que pensaba llegar aquí y tampoco la compañía, sin menospreciar a mi amiga. Una bomba de emociones me ataca, tristeza, dolor, des venturanza, desdicha, todo lo que hace que una persona de desplome, no sé si podré sobrevivir a esta experiencia tan dolorosa. Me quedo pasmada, no puedo dar un paso más, la risa y buena actitud no me duran ni dos minutos, actué lo mejor que pude en la recepción, pero ya no puedo contener. De inmediato Betty identifica que me voy a quebrar y comienza por llenar la tina de agua caliente y burbujas. —Estoy segura de que un baño relajante te hará sentir mejor —anuncia. Pasamos al jacuzzi, me desvisto y entro, sumerjo todo mi cuerpo en el agua caliente, luego tomo unos minutos para sumergirme por completo, desearía que cuando salga de aquí mi memoria fuera otra, todos los años vividos no me atormentaran y tener la capacidad de no sentirme triste pese a la situación. —¡Hey Nydia, ven! No estés tanto tiempo sumergido que me preocupo —exclama Betty algo desesperada. —Aquí estoy, no te preocupes, pienso disfrutar el hotel. —Mas vale que sí. —¿No me acompañas? —¡No! Ya habrá mucho tiempo para eso, tomate tu tiempo para consentirte un poco, mereces descansar. Estaré aquí en silencio y si quieres hablar escucharé, si no quieres sólo estaré acompañándote y cuando estés lista para acostarte a tu lado me veras hasta que duermas. —¿Cómo pagaré tanta bondad de tu parte? —Complaciéndome al salir. —Ni titubeas ¡Qué rápido me cobras! —No es eso, quiero verte feliz, eso es todo. Pasada una hora salgo de la tina, la hermosa vista me cautiva, decido ir a la cama, mi amiga Betty es un ángel, me da un calmante y vela por mi sueño.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD