Ruego en mis adentros que por favor se detenga, cierro los ojos, sus caricias me repugna, verdaderamente no tengo ojos ni emociones para alguien más que no sea Alexandro, mi corazón le pertenece sin lugar a duda. —¿Vas a decir que no te excito? Le regalo una bofetada. —¿Cómo te atreves? No me toques, no soy tu juguete, no sé como no vi antes lo bueno para nada que eres. —Me insultas, quiero golpearte, pero a la vez me provocas todas las ganas de desnudarte ahora mismo y enseñarte como gritas cuando eres mía. —¡Auxilio! —tapa mi boda. —Shhh ¡Cállate! Está bien, no me quieres más como hombre, perfecto, no pasa nada, no tienes que amarme, sólo tienes que regresa a casa, ve a nuestro apartamento, te juro que nunca iré, nunca más sabrás de mí, sólo tienes que alejarte de Italia y listo,

