¿quién soy? ¿en dónde estoy?
Abrí los ojos. Mi primer vistazo fue el del amplio cuarto gris. Aquello parecía un galpón. La luz que entraba por la puerta me encandilaba, aún cuando no
reflejaba de frente.
Me tambalié por mareo. Mi reacción fue sostenerme automáticamente de del cojín de la silla. Mis piernas se tensaron contra el piso. La fría tela me hizo bajar la mirada, vi el blanco de la bata. Confundida ví entrar a un hombre alto, con el cabello gris, seguido por un séquito de personas con bata igual que yo.
Nadie dijo una palabra, tan sólo ví como ocupaban un asiento cada uno en las sillas ubicadas a mi alrededor. Estaba segura que mis ojos relucían con todo el verde esmeralda que los caracterizaba. los tenía de par en par. Mi respiración era casi imperceptible. Todos me miraban.
- Bueno, como ya les dije la sesión anterior, a partir de hoy estará con nosotros Isabel- dijo el hombre canoso al resto de los participantes, quienes automáticamente levantaron su mano derecha y saludaron al unisono -hola Isabel-.
Retornó el silencio.
- Isabel, soy el Dr. Ceballos. Hemos hablado antes, pero esta es tu primera vez en grupo. Posiblemente no lo recuerdes porque acabas de despertar del último coma inducido al que fuiste sometida. A partir de hoy, todas las sesiones serán en grupo, ya que, estás en la necesidad de comenzar a reintegrarte al grupo- sólo leía un montón de papeles entre sus manos.
Intenté hablar, pero al querer hacerlo, me lastimé la lengua con un artefacto extraño que tenía en la boca. Comencé a quejarme, aunque no podía moverme mucho, sentía mi cuerpo muy pesado.
- Sé que en este instante quieres hablar, pero te limitaras a escuchar durante un par de sesiones, ya que las preguntas que tienes serán respondidas de manera natural - me miró con cierta benevolencia...
Suspiré y sentí que las lágrimas mojaban mi cara. Bajé el rostro quitándole la mirada.
- Te recuerdo que no tienes nada de que avergonzarte y que cada uno aquí tiene una razón de ser y estar aquí, te pido paciencia y confianza en que poco a poco estarás mejor- el hombre tomó una campana que descansaba sobre una pequeña mesita, y casi al instante aparecieron un hombre y una mujer enfermeros, uno con una bandeja de vasos con agua, y el otro con medicamentos. Los repartieron a todos, al llegar a mi, el enfermero me retiró la máscara luego de hacerme una señal de silencio llevándose su mano a los labios.
Tomé los medicamentos, aún estaba confundida.
- Esto será todo por hoy, nos vemos la próxima semana.-
Todos se levantaron y siguieron a los enfermeros.
Cada quien siguió su camino hacia lo que parecía ser una habitación.
La enfermera abrió la puerta y con una gran sonrisa me dijo antes de entrar - Bienvenida Isabel, te estuvimos esperando por mucho tiempo-
Entré a una blanca habitación cuyas paredes estaban forradas de material acolchado, allí no había ventanas. Hacía frío.
Me senté en una esquina. No tenía que ser muy inteligente para darme cuenta de mi condición.