PRÓLOGO PARTE 1 : Mujer
Viernes, 11 de mayo de 2019—9:30 PM
Corría.
Desnuda. Desesperada. Sin rumbo.
La noche lúgubre se la tragaba mientras sus pies descalzos golpeaban el pavimento mojado.
—¡Ayuda! —gritó con la garganta rota—. ¡Por favor! ¿Alguien? ¡Por favor!
La gente se detuvo.
No para ayudarla.
Para mirarla.
El miedo les deformaba la cara. El morbo les brillaba en los ojos. Una escena tan bizarra que ninguno podía procesarla.
¿Cómo mierda sigue viva? pensaron todos al mismo tiempo.
Ella no entendía. Se paró en medio de la calle, bajo el farol que la convertía en el centro del show.
—¡¿Por qué mierda me miran así?! —les escupió.
No se había dado cuenta.
Gota.
Otra gota.
La sangre marcaba su camino en el asfalto. Y de su vientre... colgaban tiras. Húmedas. Viscosas.
Sus tripas.
—Tiene las tripas al aire —susurró alguien.
El susurro corrió como pólvora.
Era médicamente imposible. Ningún humano resiste con las vísceras expuestas. Pero ahí estaba ella, de pie, temblando.
—¡Ya paren! ¡Por favor! —suplicó, sintiendo mil ojos clavándole alfileres.
Nadie se movió.
Nadie llamó al 123.
Para ellos solo era contenido. Entretenimiento gratis. Una víctima más del sistema llamado sociedad.
Las lágrimas le quemaron las mejillas. Entendió la verdad más cruel de todas.
A nadie le importa.
Nadie me extrañará cuando desaparezca.
Entonces lo vio.
Una luz. Blanca. Cegadora.
—¿Eh?
Y lo oyó.
Un aullido metálico acercándose.
¡CRACK!
El mundo se volvió dolor, asfalto y oscuridad.
Su cuerpo reventó contra la acera. Carne. Hueso. Sangre. Todo esparcido como una obra de arte grotesca para los curiosos.
Miró al cielo una última vez.
Y se apagó.
Silencio.
Un segundo.
Dos.
Entonces pasó.
Clic.
Clic.
Clic.
Decenas de celulares se alzaron. Una tormenta de flashes bautizó su cadáver.
Nadie llamó a emergencias.