Boda sangrienta

1437 Words
Rafael estaba muy nervioso. Tenía su primera entrevista de trabajo en apenas unos minutos. Se detuvo antes de llegar al lugar en el que le habían citado. Respiró hondo para calmarse. Miró el reloj del móvil: aún faltaban cinco minutos para las once en punto, que era la hora acordada. Decidió dar un pequeño paseo para calmarse. Cuando regresó, atisbó de nuevo el lugar en el que tendría lugar la entrevista. Se aproximó y leyó un gran cartel que habían colocado en el techo con grandes letras pintadas a mano: "Grupo de teatro universitario La Toga" Sintió un cosquilleo por todo su cuerpo. No se creía aún que su primera entrevista laboral fuera para trabajar de secretario de un centro de teatro. Se sintió muy feliz porque ese puesto le permitiría estar cerca del teatro, su verdadera pasión. Llamó al timbre. Se oyeron unos pasos tras la puerta. Cuando abrieron, Rafael se encontró con un chico con el pelo engominado ligeramente echado hacía atrás, más o menos de su misma estatura, con una gran sonrisa pero con una mirada triste. Iba en mangas de camisa perfectamente planchada y unos tirantes negros. La camisa era de color blanco impoluto. - Buenos días, usted debe de ser Rafael. Se presentó estrechándole la mano y mirándole fijamente a los ojos. Yo soy Federico. - Encantado, pase usted por favor. Rafael contempló asombrado la estancia. Al fondo había colocado un escenario cubierto con una cortina de terciopelo de color granate, frente al cual había hileras de butacas a ambos lados de un largo pasillo que desembocaba en el escenario, al que se subía por una pequeña escalera de madera. - Supongo que habrá venido usted por la oferta de empleo que publiqué ayer en la prensa. Rafael asintió levemente con la cabeza. Estaba ensimismado. - Si, sí discúlpeme efectivamente vengo por la oferta de empleo. Federico cerró la puerta y se giró de nuevo hacía Rafael. - Resulta que el puesto de secretario ha quedado vacante y necesitamos contratar a alguien urgentemente para llevar todo el papeleo del local. Yo quiero dedicarme a escribir que es lo mío. Íbamos a comenzar en breve con la representaciones de mi última obra pero ha surgido un problema: el actor principal está convaleciente porque fue apuñalado anoche en extrañas circunstancias y debido a la abundante sangre que derramó, no va a poder actuar hasta dentro de unos tres meses por orden del médico. Una lástima, estamos todos consternados. - Cuánto lo siento de verdad... - Muchas gracias, son cosas qué pasan, estos tiempos que corren no son buenos... estamos buscando a otro actor que pueda sustituirle pero no es tan fácil encontrarle porque a la gente le gusta Juan y es difícil igualarle. - Imagino... Federico entró en una pequeña habitación que hacía la función de despacho. Había en el centro una pequeña mesa de madera con un portátil encima, un flexo apagado y paredes repletas de libros. Rafael miraba fijamente a Federico que comenzaba a sentirse algo incomodo. - Siéntese usted, por favor. Rafael tomó asiento y a continuación lo hizo Federico, uno frente al otro, a ambos lados de la mesa. Federico retiró apresuradamente unos documentos que había esparcidos sobre la mesa alrededor de un ordenador portátil. - Perdone por el desorden pero estaba terminando unos últimos detalles de la obra. Tengo tiempo suficiente hasta que se recupere Juan. Él es el actor principal y hace el papel de Leonardo: el antiguo amante con el que huye la novia el mismo día de su boda dejando plantado a su humillado novio. He tenido que hacer unas modificaciones del guion original porque no me terminaba de convencer. Rafael miró disimuladamente lo que eran esos documentos. Con letras escritas a rotulador n***o y en letra cursiva pudo leer en la portada: Guion de "Boda sangrienta" - No se preocupe usted, si yo vivo entre papeles. Federico sonrió y se encendió un cigarrillo. - Tiene usted razón, ya había olvidado el motivo por el que está usted aquí... Hábleme de su experiencia cómo secretario. Rafael comenzó a titubear. - Pues verá usted, ejem, yo, es que... Sinceramente no tengo ninguna experiencia, soy nuevo en esto. - No le entiendo ¿No tiene ninguna experiencia y se presenta usted a la oferta de empleo así cómo así? - Yo es que en realidad soy actor, sí actor. Soy un apasionado del teatro. Asistí al estreno de su obra anterior y me han llegado noticias que el actor principal estaba de baja y al leer la oferta de empleo que usted publicó ayer en prensa, me dije que era mi oportunidad para poder conocerle a usted y pedirle una prueba. Espero por dios que no se moleste usted, no era mi intención, se lo aseguro. Federico guardó silencio. Echó una bocanada de humo. Rafael le miraba expectante, esperaba impacientemente sus palabras. - ¿Qué sabe hacer usted en teatro? ¿Tiene alguna especialidad? Es muy difícil superar a Juan en su papel de Leonardo. Es un gran actor, sin menospreciarlo a usted, perdóneme. Estamos todos muy preocupados por su estado de salud, espero que se recupere pronto. No esperábamos esta triste noticia. Pero cuénteme ya que estamos aquí... Rafael dio un respingo en la silla. Había llegado su ansiada oportunidad, tenía que darlo todo en ese momento. - Desde niño he participado en obras de teatro que preparábamos en el colegio, hacía pequeños papeles ya me entiende usted...Nada serio. Desde joven, formo parte de un grupo de teatro llamado "Titerero". No sé si lo conocerá. - No tengo la suerte la verdad créame... pero entonces ¿Cuál es el motivo por el que quiere usted dejarles y entrar a formar parte de mi grupo? Federico le echó el humo en la cara con cierto aire de superioridad. - Los títeres sólo me permiten estar detrás, oculto, invisible. Quiero dar el gran salto al escenario, ser yo el protagonista, el que hable, el que emocione, el que transmita todo lo que llevo dentro de mi. Quiero darlo todo ante el gran público. Y siento que ha llegado el momento de hacerlo, de cerrar una etapa y comenzar otra. Por eso estoy aquí, aprovechando esta oportunidad que la vida me brinda. Federico carraspeó ante las osadas palabras de Rafael. -¿Le parece bien si hacemos una prueba? No hay mejor manera de saberlo que verle a usted. A Rafael le recorrió un cosquilleo por todo el cuerpo. Le imponía actuar ante el gran director de teatro Federico. Se armó de valor: - ¡Estoy preparado! Cuando usted quiera. Federico cogió uno de los guiones que había sobre la mesa, se lo pasó a Rafael y salió del despacho. Le pidió que le siguiera. Entraron en la sala de actuaciones. Recorrieron un largo pasillo que desembocaba en el escenario. Las butacas vacías eran el único público. Federico tomó asiento en la primera fila de butacas. - Ahí tiene para usted el escenario ¡Es todo suyo! le gritó. Rafael subió por una pequeña escalera de madera al escenario. Se situó en el centro. La sala estaba completamente a oscuras. La única luz que había procedía del cigarrillo que acababa de encenderse Federico, que observaba atentamente. - Cuando quiera, puede usted comenzar. Rafael abrió el guion. No sabía por donde empezar. Pasó varias páginas. Volvió a retroceder. Las manos le temblaban. Federico se percató e intentó ayudarle. - Si le parece, empiece usted por la escena en la que tiene lugar el asesinato del novio a manos de su primo Leonardo. Usted haga el papel de Leonardo. Rafael buscó entre las páginas la escena que le había pedido Federico. - Página diez, le ayudó Federico. Rafael comenzó a leer: - "La noche de después del estreno de la obra, representada por el grupo de teatro universitario La Toga y dirigida por Federico, Rafael que asistía entre el público, en su codicia de hacerse con el papel protagonista de Leonardo, representado por el actor Juan, le persiguió cuando éste se dirigía a su casa situada a las afueras de la ciudad, en la profundidad del bosque. Ambos se encontraron en medio de un camino con la luna cómo única testigo. Juan sorprendido por la presencia de Rafael, huyó atemorizado pero Rafael le alcanzó asestándole varias puñaladas traperas por la espalda. Rafael logró así su objetivo: asesinar a Juan para conseguir quitarle su papel protagonista en la obra Boda sangrienta". Voces de muerte sonaron cerca del bosque. En la lucha daban saltos jabonados de delfín. Bañó con sangre enemiga su corbata carmesí. Eran cuatro puñales y tuvo que sucumbir. Federico García Lorca
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