Capítulo 6

929 Words
Salimos del pequeño restaurante y el chico abre la puerta del auto para que suba. Después de acomodar su cinturón, arranca el auto en un silencio cómodo y enciendo la radio. - ¿Te gusta el Jass? - pregunto sorprendida cuando la música suena. - ¿A ti no? - sí, me encanta. - Me gusta, sí - eso nadie lo sabe - no le digas a nadie. Por favor, la gente pensará que soy rara. - ¿Te importa mucho lo que la gente opine de ti? - niego. - Mi hermana cree que es importante y mejor presto atención. Termino de indicarle la dirección de mi casa, porque no quiero volver a ese estúpido garaje. - ¿Puedo preguntar algo? - baja la velocidad del auto. - Adelante. - ¿Melody y tú, son hermanas? - asiento - ¿gemelas? - asiento - ¿ella tiene el cabello rubio y tu blanco? - me mira confundido. - Ella pinta su cabello de rubio, pero a mí no me gusta, prefiero dejarlo al natural. - ¿Cuántos años tienes, Vita? - Estoy por cumplir veintiuno y ¿tú? - ¿veintiuno? Eres demasiado joven - sonrió. - ¿Acaso cuantos años tienes tú? - no me mira - porque pareces de mi misma edad y yo no te estoy diciendo que te ves más viejo - sonríe... es la primera vez que presto atención a su forma de sonreír. - ¿Quieres que te diga la verdad o que te mienta? - la verdad siempre es mejor - respondo tomando mi teléfono para ver el chat con mi hermana. - Bueno... tengo alrededor de dos mil quinientos años, estoy en plena flor de la juventud - lo miro agachando mi mirada como si estuviera loco - en tu edad, serían veinticinco años. - Estás demasiado viejo, ¡yo sí lo decía! - sonríe de nuevo, pero esta vez me mira. - ¿Tu papá es el señor Johnson? - asiento. - ¿es un interrogatorio? - se detiene y lo miro confundida. - ¡No! Es solo que no te pareces nada a tu papá y a tu mamá menos ¿A quién te pareces Vita? - levanto los hombros. - No lo sé, algunas veces también me hago esa pregunta - miro por la ventana y veo un condominio lleno de villas - ¿Dónde estamos? - pregunto confundida. - Te mostraré algo antes de que te vayas a dormir - abre la puerta del auto y toma mi cadera para ayudarme a bajar. Caminamos por unas calles de prado hasta encontrar un gran lago. El chico mira su reloj y comienza un conteo. - Cinco, cuatro, tres, dos - me señala el lago - uno - como si la vida comenzará, un rayo de sol aparece a través del agua y sonrió al ver los maravillosos colores que se comienzan a proyectar. Nos quedamos apreciando lo maravilloso del amanecer -¿Cómo encontraste este lugar? - creo que tengo mi boca abierta. - ¡Te mostraré algo mejor! - lo veo quitarse el suéter y su camisa. Su pecho y brazos están llenos de una tinta negra que parecen figuras geométricas. Toma mi mano y me hace entrar al agua. - ¡No! - grito, pero no se detiene - no, no - me hace caminar hasta que el agua llega a mi cuello y mi cabello blanco se esparce por el agua. - Mira - señala un lugar exacto donde la luz se ve reflejada entre la mitad de todos los árboles y señala justo mi pecho. Paso mi mano por esa luz, encantada. Es una sensación de sanación, como si todo estuviera bien en el mundo y sonrió. El sol termina de subir y salimos del agua... mi ropa escurre y tiemblo por el frío. El chico me entrega su sudadera. - Quítate el vestido y te quedas en la sudadera, creo que te cubrirá muy bien - la tomo. En otro momento, no lo hubiera hecho... pero estoy empapada y tengo mucho frío. Bajo las tiras de mi vestido y le doy la espalda mientras bajo la sudadera por mi cabeza. El chico toma mi mano y yo la tomo devuelta. Tengo miedo a caerme, estoy muy empapada. Me ayuda a subir a su auto y acomoda la calefacción. Al llegar a mi casa, me siento extraña. Como si mi cuerpo se sintiera realmente relajado. Como si todo este tiempo no hubiera estado tan cansada. - ¡Llegamos! - anuncia el chico mientras abre la puerta de su lado, para bajarse a abrir la mía. De nuevo me toma de las caderas para ayudarme a bajar y no se siente extraño esta vez. - Esta noche, paso por ti - niego. - No es necesario, puedes practicar desde la comodidad de donde sea que te sientas cómodo y yo práctico haciendo otras cosas. - Vita - susurra y acomoda un mechón de mi cabello - eso no lo puedo permitir - levanto la mirada hasta sus ojos, de nuevo parece que fueran blancos. - ¡Ocho de la noche! No me hagas esperar... mucho. Siento un vacío en mi cadera cuando me suelta y me doy cuenta de algo... ¡Me toco!... y me dejé. Camino hasta la puerta de la casa y entro por las escaleras subiendo muy despacio cada escalón. Qué hombre tan enigmático... Llego hasta mi cama y me tiro sobre ella, mientras me permito sentir el aroma del chico en la sudadera que me envuelve. Y cierro los ojos...
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