Salimos del pequeño restaurante y el chico abre la puerta del auto para que suba.
Después de acomodar su cinturón, arranca el auto en un silencio cómodo y enciendo la radio.
- ¿Te gusta el Jass? - pregunto sorprendida cuando la música suena.
- ¿A ti no? - sí, me encanta.
- Me gusta, sí - eso nadie lo sabe - no le digas a nadie. Por favor, la gente pensará que soy rara.
- ¿Te importa mucho lo que la gente opine de ti? - niego.
- Mi hermana cree que es importante y mejor presto atención.
Termino de indicarle la dirección de mi casa, porque no quiero volver a ese estúpido garaje.
- ¿Puedo preguntar algo? - baja la velocidad del auto.
- Adelante.
- ¿Melody y tú, son hermanas? - asiento - ¿gemelas? - asiento - ¿ella tiene el cabello rubio y tu blanco? - me mira confundido.
- Ella pinta su cabello de rubio, pero a mí no me gusta, prefiero dejarlo al natural.
- ¿Cuántos años tienes, Vita?
- Estoy por cumplir veintiuno y ¿tú?
- ¿veintiuno? Eres demasiado joven - sonrió.
- ¿Acaso cuantos años tienes tú? - no me mira - porque pareces de mi misma edad y yo no te estoy diciendo que te ves más viejo - sonríe... es la primera vez que presto atención a su forma de sonreír.
- ¿Quieres que te diga la verdad o que te mienta?
- la verdad siempre es mejor - respondo tomando mi teléfono para ver el chat con mi hermana.
- Bueno... tengo alrededor de dos mil quinientos años, estoy en plena flor de la juventud - lo miro agachando mi mirada como si estuviera loco - en tu edad, serían veinticinco años.
- Estás demasiado viejo, ¡yo sí lo decía! - sonríe de nuevo, pero esta vez me mira.
- ¿Tu papá es el señor Johnson? - asiento.
- ¿es un interrogatorio? - se detiene y lo miro confundida.
- ¡No! Es solo que no te pareces nada a tu papá y a tu mamá menos ¿A quién te pareces Vita? - levanto los hombros.
- No lo sé, algunas veces también me hago esa pregunta - miro por la ventana y veo un condominio lleno de villas - ¿Dónde estamos? - pregunto confundida.
- Te mostraré algo antes de que te vayas a dormir - abre la puerta del auto y toma mi cadera para ayudarme a bajar.
Caminamos por unas calles de prado hasta encontrar un gran lago.
El chico mira su reloj y comienza un conteo.
- Cinco, cuatro, tres, dos - me señala el lago - uno - como si la vida comenzará, un rayo de sol aparece a través del agua y sonrió al ver los maravillosos colores que se comienzan a proyectar.
Nos quedamos apreciando lo maravilloso del amanecer
-¿Cómo encontraste este lugar? - creo que tengo mi boca abierta.
- ¡Te mostraré algo mejor! - lo veo quitarse el suéter y su camisa. Su pecho y brazos están llenos de una tinta negra que parecen figuras geométricas.
Toma mi mano y me hace entrar al agua.
- ¡No! - grito, pero no se detiene - no, no - me hace caminar hasta que el agua llega a mi cuello y mi cabello blanco se esparce por el agua.
- Mira - señala un lugar exacto donde la luz se ve reflejada entre la mitad de todos los árboles y señala justo mi pecho.
Paso mi mano por esa luz, encantada. Es una sensación de sanación, como si todo estuviera bien en el mundo y sonrió.
El sol termina de subir y salimos del agua... mi ropa escurre y tiemblo por el frío.
El chico me entrega su sudadera.
- Quítate el vestido y te quedas en la sudadera, creo que te cubrirá muy bien - la tomo.
En otro momento, no lo hubiera hecho... pero estoy empapada y tengo mucho frío.
Bajo las tiras de mi vestido y le doy la espalda mientras bajo la sudadera por mi cabeza.
El chico toma mi mano y yo la tomo devuelta. Tengo miedo a caerme, estoy muy empapada.
Me ayuda a subir a su auto y acomoda la calefacción.
Al llegar a mi casa, me siento extraña. Como si mi cuerpo se sintiera realmente relajado. Como si todo este tiempo no hubiera estado tan cansada.
- ¡Llegamos! - anuncia el chico mientras abre la puerta de su lado, para bajarse a abrir la mía.
De nuevo me toma de las caderas para ayudarme a bajar y no se siente extraño esta vez.
- Esta noche, paso por ti - niego.
- No es necesario, puedes practicar desde la comodidad de donde sea que te sientas cómodo y yo práctico haciendo otras cosas.
- Vita - susurra y acomoda un mechón de mi cabello - eso no lo puedo permitir - levanto la mirada hasta sus ojos, de nuevo parece que fueran blancos.
- ¡Ocho de la noche! No me hagas esperar... mucho.
Siento un vacío en mi cadera cuando me suelta y me doy cuenta de algo...
¡Me toco!... y me dejé.
Camino hasta la puerta de la casa y entro por las escaleras subiendo muy despacio cada escalón.
Qué hombre tan enigmático...
Llego hasta mi cama y me tiro sobre ella, mientras me permito sentir el aroma del chico en la sudadera que me envuelve.
Y cierro los ojos...