Ya tenía estabilidad emocional o eso era lo que yo quería pensar, ya estaba free de todo lo que me ataba a PR y, ni loca volvía a revivir viejos tiempos, hasta que vi en el periódico local en los clasificados que estaban haciendo casting para modelaje y actuación, mi corazón se había emocionado porque todo me estaba saliendo re piola, y, aprovechando que ya estaba aquí y las oportunidades no se daban dos veces, pues me fui como cuando los chicos del barrio huían al escuchar el “AGUUUUUAAAA”, cada que la policía llegaba a hacer cateos a las casas, entonces al sentir esa adrenalina, pues consulte con el abuelo, pidiéndole que me orientara donde era el sitio y cogí calle, aunque tenía temor a que no llenara el perfil, pero habían sido claros con la vestimenta y, si algo tenía yo, era que me había traído casi todo el closet de la casa con mis mejores prendas, si algo me caracterizaba era la ropa, las marcas e incluso hacer mis propios diseños sastre, aunque con el tiempo fui mejorando mis puntadas y costuras.
–Bueno mia bambina, te esperare en una de las trattorias que está aquí cerca y me pones un wuatizat, así vengo a recogerte– dijo el nonno, mientras reía al escuchar como le llamaba a esa red social.
–Gracias abu, en cuanto salga te escribo, deséame suerte– le di un beso en la mejilla y me quede en el edificio en donde sería la audición, pero, al entrar al recinto, había muchas mujeres preciosas, de todos los colores y tallas, eso era una competencia reñida para mí, pero no me di por vencida, aquí había venido a triunfar, de eso no tenía la menor de las dudas.
Sonreí al verme aquí en la fila, nos extendieron a todas un dialogo, esto era algo un poco extraño, aunque en el clasificado si estuviera detallado que era casting de modelaje y actuación, así que empecé a repasar las líneas, mi italiano no era bueno, era como el rabo, pero así intente dar lo mejor de mí. De las modelos yo era la numero setenta y tres, así que tiempo de sobra tenía para repasar esto y, todo tomaba forma a lo que yo acostumbraba a hacer en Puerto Rico, que era jugar con el corazón del cabrón que le había montado cuernoflex a la mujer y luego dejarlo como menso, como un adefesio mal hecho que no merecía nada más.
–La número sesenta y ocho, pase por favor– expreso uno de los chicos del crew, mientras que ya se iba acercando el momento de mi debut como principiante.
Aunque el papel encajaba conmigo totalmente, el detalle era que mi italiano no era bueno, pero, una de las chicas que había llegado, y ya había participado. Se acerco a mí, nos saludamos y empezamos a hablar.
–¿No eres de aquí, ¿verdad?
–No, pero mi padre si y la familia de él, también.
–Se nota por tu tono de piel y tu belleza exótica, sin afán de ofender ni incomodarte, soy Luciana Benavente.
Empezamos a hablar y me conto como le había ido en el reparto, me dio muchos ánimos y así no darme por vencida en esto.
–Setenta y tres, te esperamos en el estudio– volvió a decir el mismo chico, así que Luciana me abrazo deseándome suerte y entre como la potra que era, con seguridad y altanería, este trabajo, sería mío.
Caminé hasta donde estaban los que supuse eran jueces, una hermosa mujer joven y dos hombres ya grandes, estaban llenando unas hojas, mientras que las del maquillaje y vestuario elogiaron la pinta que llevaba, muy guapa y destacando como siempre, me di cuenta de que la acicalada que me había dado durante dos horas había traído buenos resultados.
–Bueno… mhmmm, Policarpía Vega, ¿verdad?
–Así es…
–Cuéntanos a que te dedicas, de donde eres y desde que edad empezaste a actuar y modelar, nos interesa saber eso antes de empezar.
Me había puesto nerviosa, aunque en este caso no debía de estarlo, esto era una gran oportunidad y no podía pasearme en todo.
–Bueno, yo no he actuado a nivel artístico, solo a nivel medio en trabajo, siempre me gusto el modelaje y esta es una gran oportunidad para darme a conocer, y, el perfil de la perra que debo interpretar según el guion que me han dado, lo interpreto a la perfección– acote.
Todos se me quedaron viendo y empezaron a reír.
–Bueno, empieza antes de que me arrepienta– expreso la castaña bonita, dándole una larga calada al puro que se estaba fumando.
Me aclaré la garganta y empecé a imaginarme el escenario de estar en una empresa y estar enamorando al del trascenio, suponiendo que era mi jefe, claramente empecé a bambolear mis caderas cada que caminaba, poniendo mi mirada amedrentadora y seductora.
–Dime, jefe… ¿hasta cuándo estaremos en este vaivén de pasiones y deseos clandestinos? Te amo y ya no soporto estar entre las sombras viendo como la mustia de tu prometido se exhibe en esta empresa, donde tú y yo hacemos el amor…– me senté en el regazo del chico y empecé a darle pequeños besos en la barbilla y en la frente, mientras el hipnotizado se dejaba envolver por mis caricias y mi voz.
–Yo… yo te prometo dejar a Carmina y hacer una vida juntos, pero por favor, no me dejes así…
El hilo de voz del tipo era imperceptible, me olvidé de que era una actuación y en modo Rubí activado, empecé a reírme cual villana.
–Eres un ridículo miserable, solo mírate y mírame, ni porque tengas los millones que tienes, dejaras de ser patético, deja de ridiculizarte más, además; saluda a la cámara, tu mujercita te está viendo en directo, infeliz.
Me levante y el tipo empezó a rogarme, era tan real, hasta que la castaña empezó a ovacionarme y los otros dos hombres igual, mientras que el tarado que me rogaba estaba hasta llorando.
–¡contratada! – espeto la castaña, mientras los demás seguían aplaudiendo.
Esta había sido la mejor oportunidad de brillar en Italia, según mi cerebro de hormiga, todo esto era bueno, hasta que se salió de control.
La Pola Vega, había entrado ya en acción.