venía de un largo viaje de negocios y, para que negar, también de placer. Estaba demasiado estresado no solo por el trabajo sino también por la cena de compromiso con Leonora, yo no era el hombre que ella se merecía ya que era un mujeriego en primera línea, pero aun así ella insistía en querer formalizar el asunto.
En el vuelo estuvo aburrido, aunque no tanto por el simple hecho de verle las nalgas y las tetas cremosas a las azafatas, morenas, blancas y todas estaban deliciosamente provocativas, hasta que vi a una que no llevaba uniforme, cabello n***o como el ébano, tez blanca con toque canela y por encima era una mezcla rara entre latina e italiana. ¿Cómo podía notarlo? Fácil, era demasiado promiscuo y me encantaba estudiar la anatomía de las mujeres con las que me acostaba.
En la casualidad, pude tomarla de la muñeca y ver que ella fácilmente se soltó de mi agarre, haciéndome estremecer de placer su altanería, si siquiera dudo en chistar, lanzarme una mirada e irse de la primera clase en la que estaba.
Esa noche sabía que volvería a verla, no lo sé, pero fue una turbulencia la que se atasco en mi ser. Llegamos temprano a Roma, y ahí mismo estaba esa diosa de cuerpo apoteósico, mirada amedrentadora, estaba con un anciano, pase cerca de ella, mientras choco con mi pecho, era un poco alta, no a comparación mía, pero sus piernas largas me dejaban a la imaginación tantas cosas, que mejor me enfurruñe, diciéndole que tuviera mas cuidado, el anciano respondió por ella en italiano, indicándome que lo tomaría en cuenta para una próxima ocasión.
Me monte en mi Alfa Romeo Stelvio, ya mis guardaespaldas estaban en el punto de partida, acataron la señal escoltándome hasta el viñedo, iría a saludar a mi abuela, estaba de visita en mi casa y más que todo, también regrese para verla, no quería que en mi conciencia estuviera que no la había vuelto a ver por andar viajando por trabajo y aventuras con modeles o scort que se ajustaban a mis fetiches y a la sumisión. Me encantaba tener el control en todo tipo de situación, ya fuera en los negocios y en la cama.
–mio bambino, te heche de menos– expreso mi abuela.
La abrace y fue como regresar a un lugar seguro, del que no había debido salir nunca desde aquella vez de ese estrepitoso accidente que había marcado mi vida.
–también te he extrañado nonna, pero ya estoy aquí solo para ti, ¿ya comiste?
–No, quería esperarte para almorzar juntos y tal vez hablar sobre, tu boda.
Mi abuela era la única que me apoyaba al respecto de no querer casarme con Leonora, decía que esta mujer tenia malas intenciones y yo la veía como una santa, mas bien; yo me sentía un bastardo por tratarla como lo hacia y como le hablaba.
–Claro abuela, vamos al comedor, extrañaba la comida de mi país.
Ella sonrió y pasamos al comedor, todos los colaboradores me tenían una sorpresa, llevándonos al jardín que dejaba ver los viñedos, una nueva y fructuosa cosecha y una de las mejores reservas, había estado de viaje durante dos meses y así me recibían, con una de las mejores noticias y que mejor, con mi abuela, el pilar más importante que tenía aún.
–Este logro es de ustedes, sin ustedes y su esfuerzo en esa cosecha de seis años y la espera que hemos tenido, ha rendido buenos frutos.
Todos aplaudieron y la reunión se había convertido en fiesta y la nonna estaba feliz con eso.
Yo soy Alessio Benedetto, 32 años, cabello marrón, 1.94cm de altura, complexión delgada y dueño de una vitivinícola, heredada por mi abuelo, Antoine Benedetto-Brunacci. Mis padres habían muerto en un accidente de avión, así que solo éramos mi abuela, Massimo y yo, aunque mi hermano, después de lo que paso, no me hablaba desde hace seis años y, aunque me doliera, no podía cambiar las cosas.
–Hijo, debemos hablar sobre esa mujer, Leonora, no puedes casarte, no con ella.
–Lo mismo pienso abuela, pero ya ves que no puedo dejar ir negocios con la familia de ella, y, aparte creo también es una deuda moral la que tengo con esa pobre tonta.
Mi abuela sonrió y me atrajo hacia ella, abrazándome.
–todo estará bien, veremos si cae en lo que tengo planeado, no quiero que el único de mis nietos que esta aun soltero, se quede con una mujer que no lo hará feliz.
Brindamos y seguimos en el festejo, realmente regresar a Roma había sido una buena opción, aunque no sabía todo lo que se avecinaba con el huracán que me había robado el pensamiento, al notar en la bolsa de mi saco, guardaba la pulsera que le había arrancado de su fina muñeca.
Esa noche me despedí de la nonna, los trabajadores se habían ido a seguir la fiesta a otra parte, tenían merecido el descanso ya que esta fue de las mejores cosechas, de las mejores reservas.
(***)
Llegue a la empresa muy temprano, tenía reuniones sobre distribución a Chile y a Francia, habíamos obtenido una buena reserva y Mirella había organizado una cata de vinos para que estos socios firmaran y se dieran cuenta de lo que nosotros estábamos hechos.
–jefe, un placer tenerlo ya por aquí, su agenda la empezare a leer cuando usted lo dicte.
asentí con la cabeza en señal que debía empezar a decir todo lo que teníamos programado para el día, incluso para el mes.
–Y eso es todo, jefe.
–Está bien, algo más que debas decirme…
–Estoy embarazada jefe, cuatro meses, así que, solicitare el post parto por seis meses.
Que me haya dicho que se iba, me había tomado por sorpresa realmente. Porque era una buena trabajadora.
–¿piensas dejarme solo?
–No, jefe, no piense eso, pondremos en el periódico que necesitamos auxiliar de recepción, así yo entreno a la persona para que sea eficiente en lo que yo regreso.
Eso me había calmado, aunque no del todo.
Leonora, la chillona mujer con la que me casaría, había venido de improvisto a la empresa, llenándome de besos melosos, Mirella salió de la oficina dejándonos solos y haciendo lo del aviso para reclutar a la nueva empleada.